Mi primer foto
Me anime y les mando a pedido de mis visitantes mi primer foto que me saco… mi primer amateur!!

No dejen de visitar mi pagina y agregenme a sus favoritos…
Me anime y les mando a pedido de mis visitantes mi primer foto que me saco… mi primer amateur!!

No dejen de visitar mi pagina y agregenme a sus favoritos…
Llegué al edificio harto conocido. Toqué el timbre del departamento donde iba por los pies más dóciles, hábiles y profesionales que alguna vez me habÃan cogido. Los de mi amiga Gina.
Era mi cumpleaños, y pensaba regalarme con los pies, bonitos, tentadores, siempre dispuestos de mi propia profesional del sexo. Asà es le como gusta que la llamen. No soy puta, prostituta ni ramera, dice. Soy una profesional del sexo, mi tarea es darle placer a los hombres como me lo pidan, para eso estudio, practico y me perfecciono. Y vaya si es asÃ, sabe hacer de todo y como se lo pidan, con una muy selecta clientela, entre la que hay dos o tres mujeres además. Hasta un matrimonio de mediana edad, donde él coge y ella saca fotos. Le pagan muy bien. Se cotiza muy bien. Tiene 34 años y es muy elegante, en la calle no la diferencias de otra elegante mujer que ande de compras.
(más…)
Soy un hombre normal en cuanto a mi vida sexual y cotidiana pero desde muy temprana edad y no se por que, he desarrollado un fetichismo obsesivo por la ropa interior de mujer. He llegado a buscar la forma de robar a una mujer sus panties y lo he logrado, incluso aun con su olor y sabor al cuerpo de la propietaria. Esta es una de esas historias. (más…)
Soy un hombre de 41 años, simpático, profesional, con un buen trabajo y una buena situación económica, mi única debilidad siempre han sido las mujeres y por ende he conocido muchas. Por las condiciones de mi trabajo no he podido mantener una relación estable, pues viajo frecuentemente, lo único que me ha quedado de un matrimonio es mi hija que en la actualidad tiene 21 años de edad.
(más…)
TenÃa 18 años cuando mis tÃos me invitaron a pasar un fin de semana en su finca a las afueras de la ciudad. No era un plan que me agradara mucho puesto que mis dos primos (sus hijos) aunque tienen la misma edad mÃa y los quiero, no me agradan mucho y los conozco poco. Ante la insistencia de mis tÃos acepte finalmente la invitación. La finca era pequeña y tenÃa una casa para mis tÃos, sus hijos y los huéspedes, y una zona social aparte, compuesta por la piscina, un baño para quienes la usaran y, justo detrás de ese baño, una habitación y otro baño privado para el señor que cuidaba la casa.
Llegamos a la finca y nos instalamos en nuestras respectivas habitaciones. Posteriormente salà a la piscina y me cambie en el baño antes de entrar al agua con mis primos. Mientras estábamos jugando en la piscina, vi con extrañeza a un hombre joven, de unos 23 o 24 años, que estaba limpiando la zona verde alrededor de la casa. Me fijé también en su torso, ya que él estaba sin camisa. Los músculos de su pecho, sus brazos y su abdomen estaban bastante marcados. Era delgado, atlético y no tenÃa ningún bello en su torso. Se notaba que llevaba ya algunas horas trabajando pues estaba bastante sudado. Desde donde estaba, él levantó la mano saludando a mis primos y ellos le respondieron. Posteriormente me contaron que se trataba de JoaquÃn, el nuevo encargado de cuidar la finca. No le presté mucha atención al tema y seguà disfrutando del agua.
Pasamos toda la tarde en la piscina hasta que mi tÃa nos llamo a comer. Mis primos entraron corriendo a la casa y yo me quedé en la piscina para recoger algunos implementos que habÃamos utilizado. Para no entrar con la pantaloneta mojada a la casa, decidà secarme y cambiarme primero en el baño de la piscina, el mismo que queda detrás de la habitación de JoaquÃn.
Estaba ya en el baño y me habÃa quitado la pantaloneta cuando escuché que, del otro lado de la pared, se abrÃa el agua de una ducha. Era JoaquÃn quien tomaba un baño. Llegó entonces a mi mente un pensamiento extraño. Me imaginé al trabajador del torso perfecto duchándose desnudo. Se me ocurrió que deberÃa tener unas piernas acorde con su marcado torso, también pasó por mi mente una imagen de sus partes Ãntimas. No se por qué llegó a mi este pensamiento. No se por qué me interesó por un momento la imagen desnuda de un hombre. Tal vez serÃa la oscuridad y el ambiente de la finca. Tal vez serÃa el cansancio de una tarde en la piscina y sus efectos en mi ahora relajado cuerpo. No lo se.
(más…)
TenÃa 18 años cuando mis tÃos me invitaron a pasar un fin de semana en su finca a las afueras de la ciudad. No era un plan que me agradara mucho puesto que mis dos primos (sus hijos) aunque tienen la misma edad mÃa y los quiero, no me agradan mucho y los conozco poco. Ante la insistencia de mis tÃos acepte finalmente la invitación. La finca era pequeña y tenÃa una casa para mis tÃos, sus hijos y los huéspedes, y una zona social aparte, compuesta por la piscina, un baño para quienes la usaran y, justo detrás de ese baño, una habitación y otro baño privado para el señor que cuidaba la casa.
Llegamos a la finca y nos instalamos en nuestras respectivas habitaciones. Posteriormente salà a la piscina y me cambie en el baño antes de entrar al agua con mis primos. Mientras estábamos jugando en la piscina, vi con extrañeza a un hombre joven, de unos 23 o 24 años, que estaba limpiando la zona verde alrededor de la casa. Me fijé también en su torso, ya que él estaba sin camisa. Los músculos de su pecho, sus brazos y su abdomen estaban bastante marcados. Era delgado, atlético y no tenÃa ningún bello en su torso. Se notaba que llevaba ya algunas horas trabajando pues estaba bastante sudado. Desde donde estaba, él levantó la mano saludando a mis primos y ellos le respondieron. Posteriormente me contaron que se trataba de JoaquÃn, el nuevo encargado de cuidar la finca. No le presté mucha atención al tema y seguà disfrutando del agua.
Pasamos toda la tarde en la piscina hasta que mi tÃa nos llamo a comer. Mis primos entraron corriendo a la casa y yo me quedé en la piscina para recoger algunos implementos que habÃamos utilizado. Para no entrar con la pantaloneta mojada a la casa, decidà secarme y cambiarme primero en el baño de la piscina, el mismo que queda detrás de la habitación de JoaquÃn.
Estaba ya en el baño y me habÃa quitado la pantaloneta cuando escuché que, del otro lado de la pared, se abrÃa el agua de una ducha. Era JoaquÃn quien tomaba un baño. Llegó entonces a mi mente un pensamiento extraño. Me imaginé al trabajador del torso perfecto duchándose desnudo. Se me ocurrió que deberÃa tener unas piernas acorde con su marcado torso, también pasó por mi mente una imagen de sus partes Ãntimas. No se por qué llegó a mi este pensamiento. No se por qué me interesó por un momento la imagen desnuda de un hombre. Tal vez serÃa la oscuridad y el ambiente de la finca. Tal vez serÃa el cansancio de una tarde en la piscina y sus efectos en mi ahora relajado cuerpo. No lo se.
Terminé de secarme y me vestà de nuevo. Estaba ya dispuesto a salir, cuando mi mente volvió a comandar mi cuerpo y lanzó otro pensamiento: El orificio de ventilación en la pared que separaba a mi baño de la ducha de JoaquÃn. Era una pequeña ventana ubicada en la parte superior de la pared. Estaba muy alta, a dos metros del suelo para cumplir su función de ventilar y no interferir con la privacidad de ambos baños. Esas ideas que me llegaban, parecÃan producto de mi subconsciente, como si estuviera tratando de discurrir la forma de ver desnudo a JoaquÃn. En ese momento me quedé pensativo, un temor recorrió mi cuerpo por lo que estaba pensando. No sabia que debÃa hacer: salir del baño y olvidarme de todo eso o… con algo de debilidad en las piernas por el temor que sentÃa, y con una confusión que nunca habÃa experimentado, me subà al sanitario con cuidado de no hacer ningún ruido.
Lentamente me incorporé hasta que mis ojos quedaron en el borde inferior de aquella ventana de ventilación. Lo pensé nuevamente y me decidÃ: en un siguiente impulso terminé de erguir mi cuerpo y de esa forma me asomé lentamente a la ducha de JoaquÃn. Lo primero que vi fue su cabeza. La llave de la ducha estaba justo en la pared en la que yo me apoyaba y JoaquÃn estaba parado bajo el chorro de agua, mirando hacia el piso mientras pasaba sus manos por su torso. Eso ayudó a que él no pudiera verme. Mi adrenalina subÃa poco a poco ante el temor de ser descubierto. Hubiera podido irme ya. Ya habÃa cumplido mi objetivo de verlo mientras se duchaba. Pero algo me detenÃa, no entendÃa por qué, pero querÃa ver todo su cuerpo, no solo su cabeza desde arriba.
JoaquÃn cerró la llave del agua y sacudió su cabello. Estuve atento a esconderme si él llegara a elevar su mirada. Retrocedió un poco y tomó la toalla. Secó primero su cabeza. En ese momento, JoaquÃn me dio una vista privilegiada de la parte frontal de todo su cuerpo. Tal como lo imaginaba, sus piernas eran fuertes y marcadas como su torso. Sus caderas y su cintura eran pequeñas y… me fijé en su verga, mis ojos pasaron por las partes Ãntimas de JoaquÃn y llamaron mi atención.
No era la primera vez que veÃa a un hombre desnudo: habÃa visto a mis amigos de la liga y a los de mi equipo de fútbol cuando estábamos en los lockers. Pero era la primera vez que yo le imprimÃa un poco de malicia y morbo a la desnudez de un hombre. Además, nunca habÃa visto un pene como el de JoaquÃn: era grande, sin ser de un tamaño exagerado. Estaba rodeado por pelos un poco escasos y colgaba sobre dos guevas redondas y no muy grandes. Nunca me habÃa fijado en el pene de un hombre. Nunca habÃa sentido deseos de observar a un hombre desnudo. Pero en ese momento, sintiendo los intensos latidos de mi corazón repicar en todo mi cuerpo, con los ojos abiertos a mas no poder y con un poco de temblor en mi cuerpo, estaba allÃ, viendo desnudo a un hombre mayor que yo. Un hombre fuerte, viril. Un hombre que, de haberse enterado de mi imprudencia, seguramente me hubiera atacado con sus fuertes puños. Allà estaba yo sin saber por qué y, sin darme cuenta, habÃa retirado una de mis manos que me servÃa de apoyo en la pared, y estaba acariciando con ella mi pene… que estaba en erección.
(más…)
Este relato es continuación de los que oportunamente enviara a nombre de "..Virginia".. y responden a la misma situación, absolutamente real.
Con Horacio nos seguimos viendo permanentemente. El placer, el goce, la plenitud sexual y emocional, continuaron siendo los reyes de esta relación.
Pero hubo algiunas circunstancias que nos cambiaron de eje, porque yo tuve una enfermedad que me obligó a una intervención quirúrgica ginecológica.
Luego de pasar por todo lo que normalmente ocurre en una circunstancia asÃ, llegó el alta y el volver a casa. Reposo, tiempo y más tiempo para reponerme fÃsica y emocionalmente.
Por suerte, y esto es muy importante, el resultado de la operación fue totalmente exitoso, pero deberé guardar cuidados por algún tiempo. Por ahora no habrá nada más que controles frecuentes.
Horacio, que aunque no les conté, a esta altura estaba solo porque su mujer estaba en un establecimiento de salud para adelgazamiento dado que tÃene complicaciones cardÃacas severas a causa de su obesidad incipiente, estuvo todo el tiempo conmigo, aún convaleciente.
Obviamente, si algo yo no podÃa hacer era eso que tanto disfrutaba y tanta necesidad tenÃa de volver a experimentar. El sexo, una de mis lujurias más apreciadas, estaba vedado por algunas semanas.
Pero yo no podÃa dejar que Horacio, quien más me amó en el mundo y a quien más amaba yo, no pudiera tener algho del placer que siempre nos prodigábamos mútuamente.
Fue anoche, precisamente, que yo estuve con él en el departamento que solÃamos compartir. Aún dolorida, aunque muy recuperada a pesar del poco tiempo que habÃa sido operada por una técnica de última generación, afortunadamente, nos encontramos a la tardecita. Yo estaba desde temprano, él llegaba en ese instante.
Su capacidad de dar amor y ternura estaba intacta y la mÃa también.
Nos besamos y nos abrazamos. Por primera vez desde la intervención, nos encontramos allÃ.
Comenzaron las caricias tÃmidas como si recién nos conociéramos. Él tenÃa miedo de lastimarme y yo tenÃa temor de excitarme demasiado.
Pero tenÃa que hacer algo pro él, y el amor fue más fuerte que cualquier prevención.
Con calma, sin apuro, le desprendà el pantalón y fuà metiendo mi mano tibia en su slip. Como siempre, noté que rápidamente se excitaba su pene, endureciéndose totalmente y tomando las dimensiones habituales. Horacio me acariciaba las piernas suavemente, con mucha precaución de no excederse.
Yo, entonces, le saqué el pene hacia afuera y pude ver nuevamente su tamaño impresionante y su potencia casi brutal. Me fuà acomodando recostándome a su lado en el diván amplio del living, cálido y semioscuro.
Mi mano se veÃa pequeña pretendiendo tomar a ese miembro impresionante.
No tardé en llevarlo a mi boca, para que él sintiera el calor húmedo, suave, sensual de mi lengua y mi boca toda alrededor de ese glande potente y a punto de explotar…
Entonces, asà estaba decidido de mi parte, siguió un largo rato de permanecer asÃ. Yo le chupaba su pene que ingresaba y salÃa de mi boca con una vehemencia inusitada.
Y él comenzó a rtorcerse de placer. ël me contó qué sentÃa: como desde el infinito, desde elinterior profundo de su cuerpo, una sensación inagotable de placer crecÃa y crecÃa. Yo noté su agitada respiración entrecortada. Él jadeaba y emitÃa sonidos casi guturales, su respiración parecÃa desaparecer en ahogos impresionantes, el placer crecÃa y crecÃa y ya estaba allÃ…
Él me lo relató, luego, paso a paso, como si tuviera necesidad de exteriorizar su goce como modo de compartirlo conmigo que, convaleciente aún nada podÃa hacer en ese terreno, como no fuera prodigarle más y más placer al hobre más amado.
Llegaba lentamente,inexhorablemnte, desde el infinito un placer que se hacÃa anunciar con sus gritos y su jadeo implacable. Ya llegaba, y la explosión se produjo acompañada de un borbotón increible de su tibio y denso smen en mi boca.
Me ahogaba, otra vez, como cuando por primera vez lo hicimos y yo era una inexperta muchachita recién casada pero infiel, hace ya más de 20 años.
Y luego un segundo, y un tercer borbotón intenso fuerte, voluminoso que me llenó la boca obligándome a tragar su semen sin pensarlo. Y siguió emitiendo ese lÃquido impresionante, viscoso, tibio y agridulce que me encantó, como si se tratara del más exquicito de los elixires.
Hacerlo una vez fu fantástico para Horacio y también para mÃ. Intentarlo pro una segunda vez en ese momento fue trabnajoso pero llegamos a lograrlo, con tanto o más placer para él y también para mÃ.
Al terminar, él me dijo ¿y vos? ¿no estás excitada? ¿Cómo podré calmarte esa excitación?
Debimos guardar compostura. Yo estaba, efectivamente excitadÃsima. Tanto quemibombacha estaba totalmente mojada. Pero hasta ahà fu donde nos animamos anoche. Hubo que hacer algún apronte higiénico, porque no estaba recomendado que m quedara con la vagina húmeda y sin una higiene adecuada. Horacio, con profundo amor y algo de lujuria, se ocupó de hacerlo. Una gran jarra de agua hervida, tibia, con algunas cucharadas de un producto quÃmico antiséptico. Él me colocó una "..chata".. y fue arrojando el lÃquido en un chorrito desde cierat altura, sobre mi vagina, inflamada mucho más de excitación que como consecuencia d mi estado. Con un paño secó mi vulva, abrió los labios y secó Ãntegramente mi vagina. Luego l dió un beso suave y pronto me cubrió para que ambos recuperáramos la calma.
Los dos disfrutamos, él sobretodo. Luego planeamos algunas cosas para dentro de pocos dÃas.
Les contaré esa expèriencia, tan pronto ocurran.
Ojalá este rlato sea leido y apreciado como yo quiero.
|
|