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No era tan mayor

Escrito en Sexo Oral por Relatos Eroticos el Jueves 23 Marzo 2006 a las 2:48 pm

Mi nombre es Alberto, tengo 42 años y quiero contarles un relato sucedido hace solo seis meses y que ha cambiado mi vida. Estaba pasando una mala racha económica, leyendo el periódico local en busca de esa oportunidad de trabajo inexistente, repare por azar en la sección de contactos en un anuncio que decía algo así como “Abuela, necesito una urgente relación, pago bien, tfno…”. En un principio lo pase por alto, tenía necesidad de dinero, pero follar con una anciana no me seducía nada. Luego, pensé: “Que pierdo con llamar, siempre se puede salir corriendo”.

Llamé, me atendió una voz cálida que dijo ser la interesada, no me dijo nada por teléfono, requería una entrevista, allí hablaríamos de dinero y de los detalles. Me citó en su domicilio, la casa estaba en el centro de la población, en la zona de los ricos, había pasado por allí muchas veces y me había fijado en el portero del inmueble. “Vivir aquí debe costar lo suyo” había pensado. El portero tenía encargo de dejarme pasar, el interior del portal era impresionante, me había vestido con mi mejor traje y gracias a eso pase desapercibido. La casa tenía pocos vecinos y los apartamentos eran al parecer duplex. Llame y me abrió una señora de edad indetectable y de una gran belleza, melena rubia bien cuidada, piel morena, no había arrugas a la vista, una blusa semitransparente, seguramente para la ocasión, dejaba ver un sujetador negro y rojo que apretaban unas poderosas tetas, la falda corta asomaba unas piernas de mujer madura que nada tenían que envidiar.

“¿Albero, verdad?, Soy Raquel, la abuela del anuncio, con quien habló por teléfono”. “No entiendo”, dije. “No parece Ud. muy mayor”, sonrió “Tengo 72 años, aunque gracias al gimnasio y al bisturí, aparento muchos menos como Ud. ve y además dada mi posición no puedo andar por ahí buscando pollas que llevarme a la boca”. Me dejó clavado. “Mire Alberto, se trata de lo siguiente, solo pido un buen polvo con una peculiaridad, ha de ser en presencia de mi marido, que tiene la edad que yo, pero está peor conservado, además una vez que me folle, doy por sentado que mi marido se excitará y estará en disposición de follarme, si no es así tendría que ayudarme a que pudiera hacérmelo”.

No podía creer lo que estaba oyendo, “pero, que diablos” pensé. “Y el precio” pregunté. “La tarifa, por el primer polvo 600 euros, si mi marido me folla, 600 más”. No lo pensé más, la mujer estaba apetecible y por mal que fueran las cosas…”¿Cuando quiere que…?” No me dejo continuar, “¿Le parece bien ahora?”. Me llevó de la mano hacia el dormitorio en el piso superior, era más grande que mi casa, al fondo, junto a la cama un hombre mayor leía distraído, nos ignoró, vestía una bata y estaba inmerso en su lectura. Raquel se me acercó y comenzó a desnudarme, asintiendo a medida que descubría mi cuerpo, dejó caer mis pantalones y tiro de mis calzoncillos, “Vale, creo que servirá” dijo mirándome la polla que luchaba por levantarse en medio del pudor que me suponía el evento.

Se abrió la blusa, se soltó el sujetador, tenía dos tetas de impresión, la cicatriz de debajo que luego descubrí me hizo comprender que no eran naturales. Dejo caer la corta falda y dejo al aire un pubis totalmente depilado, no tenia barriga, las tetas no colgaban, no había arrugas, parecía una mujer de cuarenta años. Se acerco, pegó sus tetas a mi cuerpo y directamente me metió la lengua en la boca al tiempo que dirigía su mano a mis testículos y los levantaba como cociéndolos a peso. Se dejo caer en la cama y empujo mi cabeza hacia su inmaculado coño. Olía divinamente, Metí mi lengua entre sus labios vaginales y subí en busca del clítoris, era muy grande, el más grande que me había comido. Raquel estaba necesitada de hombre, comenzó a gemir casi de inmediato al tiempo que la piel de sus nalgas se volvía de gallina y todo su cuerpo se estremecía. “Alberto, amor, follame, por favor.”

No esperé, me desplacé sobre su cuerpo y coloque mi polla en su vagina, nos dimos la vuelta, ella me cabalgaba, saltando sobre mi polla con la ligereza de una niña de veinte años, profiriendo todo un repertorio de obscenidades, al tiempo que se corría, joder con la abuela, la di la vuelta y tras media docena de mete sacas me corrí centro de ella.

Ladeo la cabeza “Antonio, ¿puedes venir?”. El anciano se levantó dejó caer la bata y comprobé su pene flácido, No tenia buena pinta, yo me acababa de correr, la tenia dentro y aun la notaba dura, pero mi compañero de aventuras… Antonio subió a la cama, fui a sacarla y Raquel me dijo, “espera, déjala dentro y por favor masajea un poco a Antonio mientras yo se la chupo”. ¡Caramba! era eso, “Bueno, Alberto a ganarte el pan”. Haciendo equilibrio, comencé a realizar una paja a mi compañero de fatigas mientras su mujer le mamaba la punta. Fue un trabajo duro, a base de moverme, me volví a correr dentro de Raquel, pero con premio, Antonio se empalmó, con mucho cuidado le ayude a meterla en el coño encharcado de su mujer y a base de masajearles los testículos e introducirle un dedo en el ano, siguiendo las instrucciones de su espesa, conseguimos que se corriera.

Me estaba duchando cuando Raquel se coló en la ducha, te has ganado un regalo especial y dicho esto se sentó en un banquillo especial que había al fondo y me dio una entre mamada y cubana que me dejó para el desguace.

Cene con ellos, Antonio me pregunto a que me dedicaba, estoy en paro, soy ingeniero, pero ahora no tengo trabajo, se intereso por mi especialidad y me ofreció trabajo en una de sus empresas. No lo pensé, acepte de inmediato, el empleo incluía, lo supe después, el follarme a su mujer una vez a la semana, previa cita, que nos viniera bien a los dos y dejarle participar a él en alguna de ellas. La realidad es que Raquel ha salido una viciosa de espanto y me folla a veces cuatro veces a la semana, me deja seco, pero eso si me ha regalado un apartamento en su mismo edificio y ella no lo sabe aun, me va a regalar un BMW 530i que ya tengo reservado. Y es que no la cobro ya los servicios. Relatos Porno

Mi primito, su cola y yo

Escrito en Sexo Oral por Relatos Eroticos el Jueves 23 Marzo 2006 a las 2:44 pm

Yo soy Karen, no es mi nombre verdadero, pero lo que voy a contarles es real, sucedió cuando yo tenia 20 años, esa tarde salí temprano del trabajo, era Viernes y me sentía cachonda tal vez por la proximidad del fin de semana o porque mis padres habían salido esa misma mañana fuera de la ciudad con mis tíos para cerrar una operación de bienes raíces, aunque solo se ausentaban hasta el Sábado a la tarde, estar sola en casa me excitaba… pero de repente recordé que no estaría sola, mi primito de 18 años seguramente ya estaría en casa esperándome, se suponía que yo, la prima “mayor” lo cuidaría mientras mis tíos y mis padres estaban fuera.

Aprovechando que salí 2 horas antes del trabajo, entré sigilosa y silenciosamente a casa para asustar a mi primito, que seguramente todavía no estaba aclimatado a nuestra casa. Logré abrir la puerta de la calle sin hacer el menor ruido, y atravesé la sala agazapada, me dirigí a la sala donde esta la televisión, pero mi primo no estaba ahí, en silencio fui hacia la cocina pero tampoco lo encontré allí, entonces me imagine que estaría en la planta alta, recostado en algún cuarto, subí en el mayor de los silencios y vi luz en el baño que se encuentra justo frente a mi cuarto (ya estaba anocheciendo), entonces me acerqué lo más posible al baño, la puerta estaba abierta, me imaginé que estaría mirando si su rostro tenia agné, logré acercarme al baño casi a un metro, de ahí podría darle un buen susto. Cuando iba a tomar impulso, vaya sorpresa que me llevé!!!!! Ahí estaba mi primito mirándose al espejo, semidesnudo, solo llevaba puesto ¡Mi ropa interior!

Me quedé paralizada unos segundos, en un primer momento pensé en irme tan silenciosamente como habia llegado y hacer de cuenta que no había visto nada, pero me quede observándole un rato más. Paul, mi primo es hermoso, alto, delgado, fino, me quedé maravillada con su cola; redondita, paradita, mis pequeñas bragas se le metían profundamente en su divina cola, eso me excitó muchísimo. Repentinamente sentí que estaba frente a la oportunidad de realizar mi más intima fantasía sexual, pero dentro de mi se debatía toda la carga familiar y cultural… ¡es mi primito! ¡no corresponde! pensaba, pero todo mi cuerpo temblaba de deseo, no pude contenerme más y de un salto trabé con mi pie la puerta del baño para que siguiera abierta, mientras tomaba a mi primo del brazo…

-¡Con que esas tenemos!. Exclamé.

- Llego dos horas antes del trabajo y encuentro a mi primo probándose mi ropa interior.

Paul empalideció, trataba de taparse pero no tenía con que, quedo expuesto completamente a mis ojos vestido de mujercita.

- Asi que tenemos aquí una maricona, le dije con tono inquisidor.

- ”No!” exclamó, - ”Solo me puse tu ropa intima, porque quería imaginarme lo sensual que te verías tu con ella”.

- ”A mi no me engañas”, le dije.

- ”Tu te pones cachonda probándote ropa de mujer, te observé como te mirabas al espejo”.

- ”No por favor debes creerme, olvidemos esto, discúlpame por tomar tu ropa sin permiso” imploraba Paul.

- ”Nada de eso!!! grité, “si te gusta la ropa intima femenina te pondré lo mejor que tengo”.

- ”No, no!! terminemos con este tema”, suplicó Paul.

- ”Te pintaré y maquillaré como a una señorita” seguía hablando yo, haciendo de cuenta que no escuchaba lo que él decía.

- ”No basta! me voy” exclamó Paul intentando salir del baño.

Entonces lo tomé de las caderas ( como se toma a una mujer) y lo empujé hacia mi diciéndole al oído;

- “Calma jovencita, no querrás que toda la familia se entere de como te encontré vestida en el baño, verdad?. El bajó la cabeza y yo le di unos besitos en su hermoso y largo cuello.

- “Muy bien, dije, “Ahora sé una buena chica, que tu prima te vestirá y pintará como es debido”. Yo no podía creer lo que estaba haciendo, pero una fiebre de lujuria se apoderó de mi.

Entonces llevé a Paul a mi cuarto, el temblaba y yo también. Le quite todo lo que llevaba puesto, no podía creerlo, tenia a mi primito toda la noche para mi sola y él estaba ya entregado. Abrí mi guardarropas y le dije a Paul;

- “Ve eligiendo algo, yo bajaré a buscar una botella de champagne, eso nos pondrá más cachondas”.

Cuando volví con la botella y un par de copas, Paul no había elegido nada, todavía estaba avergonzado, le serví champagne y se tomo casi media copa de un sorbo.

- ”Bueno veremos que tenemos aquí para vestir a esta señorita tan bonita” dije.

Tomé las braguitas más pequeñas y sexys que tengo y comencé a vestirle, las bragas subían por sus largas piernas, hasta internarse profundamente en su cálida cola, era maravilloso ver su perfecto culito con unas braguitas tan pequeñas, coloqué su pene hacia abajo y hacia atrás, y volví a empujar nuevamente las bragas hacia arriba para lograr un calce muy profundo, su polla quedo escondida dentro de la ropa interior, parecía una nenita coñuda!!, después le puse un corpiño con suplemento de silicona, estoy segura que con el movimiento, le daría la sensación de tener un par de insolentes tetas. Paul respiraba agitado, yo estaba viviendo un sueño. Luego le puse pantymedias, portaligas, un collar y un par de aros en sus orejas. Seguíamos bebiendo, yo no permitía que la copa de Paul quedara vacía, lo quería todo desinhibido para mi esa noche.

- ”Que guapa estáis quedando” le susurré al oído.

Con mi mejor perfume (el más femenino) le humedecí todas las partes que una chica debe perfumar, incluso las mas intimas. Finalmente le puse una falda cortisima y una blusa muy escotada.

- ”Ahora solo falta el maquillaje” le dije.

- ”No Karen ya es suficiente! estáis yendo demasiado lejos”, protestó Paul.

- ”Aquí mando yo jovencita y harás lo yo os diga” le repliqué tomando el rostro de Paul firmemente con mi mano.

- “Bebe un poco más y estaréis más tranquila”.

Me encantaba tratarle de “ella” era una forma muy sutil de condicionarle. Comencé a pintar sus labios con un color rojo pasión, mis pezones se ponían tiesos al recorrer sus labios con el lápiz, su sexy boca entreabierta entregándose a mis deseos más lujuriosos, de repente noté que el pene de Paul se había escapado de las braguitas y ahora levantaba la pequeña falda, Paul tenia una hermosa erección.

- ”Veis que te gusta lo que hago, asi me gusta que seáis muy putita, hoy serás mi putita” le susurré mientras terminaba de maquillarle.

Le pinté las uñas y una vez transformada en una deliciosa chica, Paul se contempló al espejo durante un largo rato por sugerencia mía, le hice posar en las formas más sugerentes y sexys, le enseñé a caminar femeninamente con tacos altos, la llevé al baño y le hice orinar sentada como toda chica, le enseñe a limpiarse el coñito después de orinar. La llevé nuevamente al espejo para que se mire, yo me puse detrás de ella y le dije;

- ”Mírate eres toda una puta deliciosa e irresistible.

Me acerqué más le abracé cruzando los brazos por encima de su vientre, le di 3 besitos en su cuello y le susurré al oído;

- “Quiero hacerte el amor, quiero tenerte toda la noche para mi, quiero que hoy seáis mi puta”.

Le introduje la lengua en su oreja, la faldita de Paul parecía una carpa debido a su erección. Entonces comencé a besarle la boca con mucha pasión, Paul, como una chica que es besada, cruzó sus brazos por detrás de mi cuello, creo que él comenzaba a entender el juego, yo le tomé de la cintura con una mano y con la otra le cogí firmemente la nuca, empujando su cabeza hacia mi boca. Mis pezones explotaban y ya estaba toda húmeda. Le abrí la blusa, le retire el corpiño y comencé a chupar los pezones de Paul, mi putita, que se ponían turgentes como los de una adolescente virgen.

- “Asi, muy bien, abandónate Paul, verás como te hago gozar esta noche, sé una buena chica” murmuré.

Mientras seguía lamiendo sus pezones, comencé a acariciar su culito, primero por encima de la falda, luego introduje la mano debajo de ésta y lo acaricié hasta que la falda se desprendió y cayó, la cola de Paul ardía, metí mi mano por debajo de la braguita y acaricié su suave y virgen orificio anal. ¡Que delicia! Un culito de 18 años, inexplorado, calentito, aterciopelado, redondito, firme. Mi cuerpo estaba en llamas, no podía creer estar tocándole el culito a mi primito. El hermoso pene de Paul se salió nuevamente de las bragas y se mostraba en todo su esplendor. Yo también me fui desvistiendo.

Puse a Paul boca abajo en la cama, y fui besando su cuello, bajando hasta su espalda, mis besos cada vez eran mas abiertos y húmedos, mis pezones erectos tambien recorrían su espalda, fui besando hasta llegar a su maravilloso trasero… besé suavemente sus glúteos, luego di varios mordisquillos, Paul suspiraba, con mi lengua dibujé círculos en su cola. Le retiré la braguita suavemente, ésta quedo trabada por la profundidad y la firmeza de los glúteos de mi primo, lo que hizo aún más excitante la tarea. Separé sus glúteos, y comencé a lamer su espléndido culo, mi lengua se enamoró de su delicioso orificio, besándolo cada vez más húmeda y profundamente, Paul se estremecía, él, (o a esta altura “ella”) estaba cachonda y alegre por el alcohol. ”Este es el momento” me dije. Fui hasta el guardarropas y retiré mi consolador con correas (un strap-on dildo) amarré las correas a mi cintura y me vi en el espejo, fue maravilloso; Allí estaba yo ostentando un gran pene plástico amarrado a mi pubis, y detrás mío se observaba a Paul recostado boca abajo. Acercándome a él, le acaricié su cabello y le dije;

- ”Oye preciosa quiero que me la chupes”.

Paul se sorprendió al ver el inquietante falo, pero le apoyé la punta en su boca entreabierta y él me siguió el juego, recorrió longitudinalmente con su lengua mi polla plástica sin quitarme la mirada de mis ojos, creo que me estaba provocando, luego cerro sus ojos y engulló deliciosamente todo mi pene en su sensual boca.

- “Así muy bien, eres una muy buena chupaverga, chúpatela toda, esta noche es toda para ti”.

Sorprendida de mis propias palabras, embriagada del poder que da tener un pene y un hombre donde usarlo. Ver a mi primito chupándome la polla me hizo perder la cabeza, todo mi instinto animal se apoderó de mi; tomé firmemente el rostro de Paul y le dije;

- “Muy bien jovencita sigue chupando, deja aflorar completamente tu lado femenino, goza, ponte cachonda porque ahora voy a penetrarte”. Paul saltó de la cama.

- ” Basta, hasta aquí he llegado yo, me voy” exclamó, entonces.

Le tomé del brazo bruscamente y le coloque con mucho rigor boca abajo sobre mis faldas y comencé a aporrear su firme culo mientras le decía;

- “Ya basta jovencita de tantos caprichos, estuvisteis provocándome toda la noche y ahora no me dejareis con las ganas”.

La cola de Paul quedó toda colorada, en mis piernas empecé a notar la erección incipiente que Paul estaba experimentando, observé la mano con que abofeteé su trasero, ésta descansaba sobre los redondeados glúteos, pero el dedo mayor estaba apoyado justo sobre su virgen ano, entonces suavemente pero sin detenerme fui haciendo presión hacia adentro, hasta que vencí la resistencia de su esfínter, mi dedo entró fácilmente, Paul gimió deliciosamente, su culito estaba húmedo y caliente como el coñito de una colegiala. La erección de mi primo aumentó.

- “Veis que te gusta?, veis lo putita que eres, Paul? ” dije dulcemente, sin dejar de meter y sacar el dedo de su cola.

Paul abrió más sus piernas, ofreciéndose al placer. Ahora sí! “Ella” estaba entregada, cuando consideré que su colita estaba lo suficientemente dilatada, llevé a Paul a la cama, le puse boca abajo con su cabeza apoyada en el cojín y su trasero levantado, todo expuesto, indefenso y abierto para mí, ajusté mi pene femenino para que me frotara el clítoris, posicioné la bulbosa cabeza de mi pene plástico justo frente de su orificio anal, coloqué lubricante, tomé a Paul de sus caderas y dije;

- ”Disfrútalo Paul”.

Empujé muy suavemente mi pene hasta que entró la cabecita, Paul lanzó una mezcla de gritito y gemido, sus piernas temblaban yo estaba en la gloria, le propiné una bofeteada en su húmeda cola y le ordené:

- ”Vamos Paul ábrete toda para mí”, su ano se aflojó y el resto del pene entró con mucha facilidad.

Me vi en el espejo, no podía creerlo tenía a mi primo tomado de sus caderas, con mi pene dentro de su culo y lo estaba desvirgando!. Me sentí muy poderosa, follándole, piloteando la situación, muy segura de mi misma. Apoyé mis excitados pezones en la espalda de Paul y le susurré al oído;

- “Veis Paul ya estoy toda dentro de ti, siente como mi pene te desvirga, gózalo, sé que te gustará”.

Y empecé a menear mi cadera haciendo entrar y salir el dildo del inocente culito de Paul. El gemía como una mujercita, yo me sentía súper poderosa. Cogí a mi putita suavemente del pelo, le levanté la cabeza para que mire el espejo que tenía frente a su rostro y le ordené;

- “Paul mírame a los ojos mientras te penetro, quiero que te sientas penetrada también por mi mirada, quiero que además de sentirte penetrada, te observes siendo penetrada, mírate perder la virginidad, será un maravilloso recuerdo para nosotras dos”.

Nunca olvidaré la expresión de placer en la boca de Paul. Seguí culeándome a mi primito cada vez con movimientos más rápidos, Paul ardía de placer e intentó tocar su pene para eyacular, yo le quité su mano bruscamente y le dije;

- “Quieta jovencita, te haré tener un orgasmo como lo tienen todas las chicas, ya veras será mucho más intenso de los que estáis acostumbrado como hombre”.

Los gemidos de Paul se convirtieron en suplica.

- ”Oh Karen, hazme venir, por favor”.

Entonces posicioné el dildo un poco mas abajo y más profundo en la cola de Paul, intentando encontrar el punto “G” masculino, según leí en los libros. Creo que lo hallé!!!. Ahora Paul se retorcía de placer, sus manos arañaban las sábanas, su boca entreabierta dejaba un charco de saliva en la cama, gemía y llorisqueaba y empujaba todo su desvirgado culo hacia mí.

- ”Ooohhh, no pares Karen!!! No te detengas por favor!!! sollozaba mi puta.

La fricción de la base del dildo contra mi turgente clítoris y el éxtasis de Paul me provocaron el orgasmo más intenso y maravilloso de mi vida. En ese mismo instante sentí las contracciones del ano de mi primo envolviendo mi pene femenino y vi tener a Paul un intenso orgasmo con todo su cuerpo, dejando un inmenso charco de semen sobre mi cama, ahora si, tomé su pene y lo empuje hacia adelante y atrás varias veces para que descargue toda su leche.

- ”Muy bien mi putita, asi, goza, goza, habéis visto, os hice tener un orgasmo con todo el cuerpo, un orgasmo femenino”.

Recogí con mi mano el semen y lo vertí sobre mi pene, que ahora entraba y salía lentamente del culo de Paul.

- ”Siente preciosa, te estoy llenando el culito de leche, estoy eyaculandome tu culo”, le murmuré a Paul.

Que suspiró, mientras le embadurnaba sus glúteos con el resto de semen y también le eché algunas gotas en su espalda simulando otra eyaculación. Retiré mi dildo del culito de Paul, le abracé, le besé, apoyé su cabeza en mi pecho y lo acaricié con todo mi amor.

- ”Este será nuestro maravilloso secreto, Paul, no debes preocuparte, todos los hombres tienen su costado femenino, quieran o no reprimirlo” le consolé.

Le pedí perdón si en algún momento me excedí, le ofrecí mi cola si él quería reivindicarse como hombre, pero me dijo que estaba exhausto y que me amaba. Esa noche dormimos juntitos y abrazaditos toda la noche, cada tanto yo acariciaba la cola de Paul, como cuidándola. Ese fue el día más feliz de mi vida sexual. Hoy Paul tiene una hermosa novia y yo estoy casada, pero nunca podré olvidar el día en que Paul descubrió su lado femenino y yo mi lado masculino. Ardo de deseos de volver a penetrar a Paul. Cuando hay una reunión familiar yo procuro acariciar el culito de Paul cuando nadie nos ve, enseguida me humedezco toda y mis pezones estallan, y me parece que Paul también se excita. Que me perdone mi marido, que me perdone la novia de Paul… pero yo no pierdo las esperanzas. Relatos Porno

Sombras del deseo

Escrito en Sexo Anal por Relatos Eroticos el Jueves 23 Marzo 2006 a las 2:40 pm

Yo estaba atónito, por unos momentos tenía una vista maravillosa. La mujer que yo siempre había deseado, por fin estaba frente a mí. Y por si esto fuera poco nada cubría su bello cuerpo, pues lentamente fue despojándose de la ropa que vestía, incluso la excitante ropa interior de color rojo que acostumbraba. Con una mirada intensa me dijo lo que yo quería oír, ante mi vacilante caminar, se abalanzó sobre mí y pasando suavemente su lengua por mi oído y me dijo:

- ¡Es hora!.

- ¿Es hora? - le pregunte.

Antes que pudiera descargar todo mi deseo sobre ella, la persona de la cual habían salido esas palabras, era mi madre, que irrumpía en uno de los momentos más gloriosos de mi vida, pero al escucharla intente concentrarme nuevamente, hasta que un abrupto “¿Qué no me escuchas?.Vas a llegar tarde a la universidad”, acabó con lo que solo era un fugaz sueño. Solo me quedaba volver a la triste realidad, era solo un día más de escuela, aburrida y desesperante como siempre, pero había algo diferente aquel día. El sonido de un automóvil inició lo que sería mi más grande sueño al fin cerca de ser materializado.

Aquella mujer de la que hablaba inicialmente, bajó del automóvil con el típico caminar que exalta, tras unos ajustados pantalones un par de hermosos glúteos, que parecían hechos a mano por un escultor. Con alegría recibía la noticia de que diariamente nos visitaría, ¿la razón?, mi madre cuidaría de sus hijas por las mañanas, ¡Así es… era una mujer casada y con dos hijitas! Lo cual de ninguna manera alejaba mis más recónditos deseos de tenerla.

Al principio solo me conformaba con esperar su llegada y desde un sillón observarla cuando regresaba por sus hijas, era estremecedor verla entrar, su rostro casi desprendía luz, pues tenía unos ojos grandes y color miel, no podía tener una nariz más hermosa pues sería imposible, y esos labios que invitaban a morderlos como a una fresa.

Pero su cuerpo. ¡Que decir de su cuerpo! El delgado cuello terminaba en unos frágiles hombros que solo eran el principio de una obra maestra de mujer, pues un par de adorables pechos resaltaban de ese formidable torso. No eran ni grandes ni pequeños, eran simplemente perfectos, sobre todo cuando los resaltaba con un sostén adecuado. Su formada cintura culminaba en el trasero más proporcionado que haya visto, solo bastaba dirigir la mirada por un momento para perderse en ese sensual y vistoso par de gemelas. Sus delicados pies eran antecedidos por la belleza de sus piernas.

Observarla de pies a cabeza se volvió mi obsesión, más aún cuando en la universidad comenzó a atender el mostrador de la biblioteca, que se convirtió en hogar y recinto de todas mis fantasías. Acostumbraba charlar con ella cuando no tenía alguna clase o en cualquier momento disponible, al parecer todas las demás empleadas sentían la razonable envidia de trabajar con aquella mujer, todos los profesores y personal masculino la trataban con mucha amabilidad esperando el momento en que ella no los viera para comérsela con los ojos, cosa que a mí me disgustaba. Yo quería ser el único en deleitarme observando como trabajaba, y más aun cuando llegaba a mi casa después del trabajo.

En ese tiempo siempre estuve pendiente a casi cada movimiento que hacía, esperando que por algún descuido me dejara ver más allá, por ejemplo, un día en la biblioteca ella estaba como de costumbre atendiendo el mostrador con unos jeans muy ajustados, era difícil no desviar la mirada, pero yo estaba del otro lado del mostrador y veía muy poco, de pronto en un descuido de ella cayeron al piso algunas carpetas con hojas, después de la expresión de enojo se inclinó a recogerlas, ¡Vaya manera de hacerlo! Al principio volví el rostro a una ventana por el miedo a ser sorprendido mirándola, pero no resistí y en ese momento fui testigo de algo maravilloso, era como si sus nalgas fueran a romper ese pantalón, cuando creí que no podía ser mejor, por el borde del pantalón se asomó su divina pantaleta color rojo, como una invitación a desgarrarla, de no ser por el mostrador, no sé si me hubiera contenido de abarcar con mis manos el trasero que más anhelaba. Aquella impresión se quedó grabada en mi mente además de causarme una duradera erección, que oculté con mis libros.

Realmente mi deseo por ella era mucho, pero había demasiado en juego si me atrevía a insinuarle mis intenciones, por lo que siempre fui un observador pasivo. Para calmar esas tremendas ganas acostumbraba ver pornografía por televisión, pero solo lograba encender más mi vehemencia por aquella diosa. La pornografía me ocasionaba muchos sueños, pero todos con ella, disfrutaba hasta el límite aquellas ilusiones. Como una vez que me vi dentro de aquella biblioteca rodeado de estantes y libros, sabía que buscaba algo pero todo perdió sentido cuando la vi, sentada en su silla de trabajo y entre lágrimas y sollozos repetía la frase -¿Por qué a mí?-. Conmovido me acerqué e hincándome abracé con fuerza su cintura descansando mi cabeza sobre su vientre. Entonces tomándome del cabello me arrojó al piso y se tendió sobre mí con un deseo ardiente escapando por sus ojos, intenté besarla pero de alejó, enderezándose comenzó a desabotonar la blusa color verde que traía, extendí los brazos y apreté sus senos aún cubiertos con el sostén, apoyándose en sus rodillas levantó su trasero de mis piernas con lo que supuse que deseaba que la despojará de su falda, y así lo hice, con las manos extendidas recorrí su figura mientras bajaba aquella prenda, su sudor fragante me excitaba demasiado, por lo que sin más demora la tomé entre mis brazos para sellar aquel momento y de nuevo se acercó a mi oído diciendo -¡Este es el día!-. Pero en ese momento despertaba, estaba solo en mi cama abrazando mi sábana.

No puedo ni imaginar por que en los sueños no podía ir más allá, cosa que pasaba a menudo en la vida real. Pero un día tuve una maravillosa idea, surgió mientras contemplaba vídeos en una página web, eran cámaras ocultas en baños y lugares públicos, pero la idea se consolidó un día, pues yo me preparaba en mi cuarto para un examen, tan inmerso estaba en el estudio que olvidé tomar mi lugar para cuando ella llegara, solo la vi pasar su silueta por la puerta de mi cuarto dirigiéndose para el cuarto de baño, gracias a un espejo que esta fuera de mi cuarto podía ver todo lo que acontecía en ese lugar, ¡Claro! Cuando la puerta del baño estaba abierta. Pero al no verme en la sala, tal vez pensó que ese día no estaba en casa y que al estar solo mi madre no habría problema si no cerraba la puerta del cuarto de baño. No era muy excitante el pensar que solo entraba para orinar, pero el pensar en ver sus divinos glúteos y un poco más, me dejó inmóvil mirando al espejo, ella desabrochó su cinturón, abrió su pantalón y comenzó el descenso de aquella prenda, cuando observé maravillado el límite superior de sus nalgas, la entrada al paraíso, calló de mi cama un libro, y ella sin voltear (para fortuna mía) al sentir la advertencia de mi presencia cerró de un golpe la puerta, yo estaba al borde del shock, y solo un suspiro salió de mi llevándose toda aquella calentura que me causó la impresión.

El deseo tan intenso de verla desnuda me llevó a planear algo cuidadosamente. Por la confianza que tenía ella con mi madre, ciertos días después del trabajo se daba una ducha en nuestra casa, eran muy escasos pero se daban de vez en cuando. Así que busqué entre mis cosas aquella videocámara que me habían regalado hace tiempo, y esperé alerta cualquier indicio que me permitiera deducir cuando sería uno de esos días. Y ese día llegó, las manos me temblaban mientras trataba de colocar discretamente aquella cámara en la cómoda donde mi madre acostumbraba guardar las toallas, eran unos nervios desesperantes los que sentía, pues si era descubierto no me esperaba nada bueno. El corazón me latió con fuerza por cada segundo que duró en la ducha, pero sentí un gran alivio al verla salir sin preocupación alguna. Al parecer la operación tuvo éxito y solo tuve que esperar a quedarme solo para contemplar el resultado de mi valeroso plan.

Reproduje ansioso el vídeo, me di cuenta que la cámara no podía tener mejor ubicación pues cuando ella entró, el lente abarcó todo su cuerpo, recuerdo que vestía una playera amarilla, de la cual se despojó con facilidad, ¡waaaaaaaaaw! difícilmente podría describir la sensación que sentí al ver ese sostén rojo salvaguardando esos firmes pechos, esto me excitaba más que toda la pornografía que había visto en mi vida, jamás olvidaré como sujetó por el borde su pantalón y comenzó a bajarlo en un recorrido de armonía y gloria, pero vendría lo mejor, para sacarlo de entre sus pies se inclinó dando a la cámara la vista de ese resaltado trasero, el televisor mismo se llenó con esas nalgas, no cabía nada más ahí, casi podía ver como si derramaran néctar en ese paralizador momento, sentí incomparables ganas de abalanzarme sobre el televisor, pero me contuve pensando en lo estúpido que me vería. El espectáculo terminó por un momento pues atravesó la cortina de baño aún con la ropa íntima puesta. Decepcionado, solo me quedaba esperar a que saliera, pues probablemente sería testigo de lo que mis fantasías me hablaban, su cuerpo totalmente sin cobertura. Pero casi me doy contra la pared cuando la veo extender la mano desde atrás de la cortina de baño y alcanzar su cambio de ropa interior, lo demás ni merece contarse, ¡Qué decepción!.

Ese día recuerdo lo que vi al caer la noche sobre mi cama, era viernes, el día que coincidimos al salir de la universidad, me apresuré a alcanzarla y pedirle que me llevara con ella, pues sabía que se dirigía a mi casa por sus hijas. No cruzamos palabra en el camino, pero pronto nos encontramos en medio de todos esos automóviles comunes en un embotellamiento vehicular, con la mirada llena de tensión me volvió a mirar con aquellas palabras - ¿Por qué a mí? - Yo solo pude acercarme y darle un tierno beso en la mejilla, ella puso su mano derecha sobre mi rodilla, fue subiendo sobre mi costado, llegó a mi rostro, pasó por mi cuello y tomando mi mano izquierda la precipitó hacia uno de sus senos por encima de una blusa de encaje. Mi reacción fue inmediata dirigí frenético de pasión mi rostro contra el de ella en un salvaje beso que fue más allá de unir nuestros labios, pues el sensitivo roce de su lengua sobre la mía me sobresaltó, he hizo que apretará aún más el pecho que acariciaba con mi mano. De nuevo sentí aquel sudor aromático que salía de su cuello, y siguiendo el mismo camino que aquel introduje mi mano dentro de la blusa y el sujetador, en un desplante flexionó su espalda hacia adelante y dejó salir un instantáneo gemido.

Cuando cobré conciencia de las miradas que había alrededor intenté retirarme de ella, pero salvajemente se arrancó la blusa y se acomodó sobre mis piernas en aquel reducido espacio, descansó sus brazos sobre mis hombros. Yo solo podía mirar aquellos suculentos pechos, ignorando las miradas curiosas de la gente, me deleité en finas caricias, pues ella misma desabrochó su sostén y yo solo tuve que alejarlo lo más lejos posible, el calor era tan excitante, que únicamente podía pensar en besar sus senos desnudos, fue entonces cuando los recorrí con mis labios y pude probar ese sudor del que hablaba, repentinamente se dio la vuelta dándome una vista de su espalda descubierta, y dirigiendo su trasero hacia mi rostro comenzó a quitarse una bella falda rosa, sentí como mis manos se dirigieron contra sus prominentes nalgas de las que emanaban miel y fragancias de flores, justo cuando estaba a punto de descubrirlas de aquella pantaleta roja, me miró lujuriosamente y dijo -¡Es el momento!- ¡noooo! Todo se desvaneció. Volvía a ser presa de la desesperación.

Pensé que el no poder contemplarla totalmente desnuda, era la causa de aquellos sueños interrumpidos. Por esa razón me propuse consumar el plan hasta que tuviera lo que deseaba, pues para mí esos sueños eran cada vez más reales. La espera duró 5 meses, justo mi último día de clases y su último día de trabajo. Desesperado por llegar a casa aquel día me importó poco no realizar mi examen final del semestre, pero mis esperanzas se desmoronaron cuando al llegar a casa, contemplé que estaba el auto de su esposo, quien había ido a recoger a sus hijas. Totalmente exasperado me encerré en mi cuarto, oyendo a lo lejos el sonido de aquel auto que ahora se llevaba mi sueño.

Mi madre solo me preparó comida y se fue al supermercado, dejándome en la fría soledad. Pero antes de que me quedara dormido, resonó en mis oídos el sonido de otro auto.

¡Era ella!

No podía esconder la cara de idiota que tenía al saludarla. -Oye Lalo- me dijo-, sabes que tengo una reunión por el fin de cursos pero necesitaba darme un baño-. ¡Lotería! Solo debía entretenerla mientras colocaba la cámara en el baño, -¿No prefiere comer primero?- comenté suspicazmente -¡La comida de hoy estuvo de agasajo-. -¡No! -respondió-Tengo mucha prisa, mejor a lo que vengo-.

¡Demonios! Había fallado la artimaña, aún me quedaba confiar en entrar mientras estaba dentro de la ducha para dejar la cámara. Así que esperé el momento oportuno, pero me temblaban las piernas y sentí mucho temor, aun cuando escuché el sonido del agua dentro del cuarto de baño.

Entonces como voz del cielo me dijo desde la ducha- ¡Lalo! Necesito una toalla, ¿Podrías pasarme una?- ¡Era lo que necesitaba¡ Nervioso abrí la puerta y tomé la toalla, colocando rápidamente el aparato dentro de la cómoda, un chispazo de inteligencia me dijo que debía poner fuera de su alcance la ropa interior que se iba a poner, para que, al momento de salir por ella tuviera la toma del año. Pero sus prendas descansaban sobre el tubo que sostenía la cortina, el haberlas quitado, hubiera provocado su reclamo, sin embargo aproveché una única oportunidad, pues arrojé la toalla por encima del tubo sobre su ropa interior.-¡¡Gracias!!- se reservó a contestarme-.

En una hora, ella ya había salido y yo preparándome para ver ese vídeo, con cierto miedo a que las cosas no hubieran salido bien, todo había funcionado, pues al bajar la toalla, su pantaleta y sostén cayeron, al parecer atrapó en el aire la pantaleta, pero el sujetador calló en el agua. La salida de la ducha fue espectacular, por fin contemple sus tetas, tan delineadas como siempre las había imaginado, sus lindos pezones color café claro sobresalían de esas joyas que tenía por pechos, mientras ella los secaba con la toalla, yo estaba totalmente excitado viéndola rozar esos senos con la toalla, metiéndolos de un lado para el otro. Solo podía revolcarme de placer mientras me masturbaba al ver semejante espectáculo.

Pero… pronto esa dicha se convirtió en espanto, vi como después de vestirse se acercaba hacia la cámara y la tomaba, pues por ese momento se enfocó el suelo del cuarto de baño, aquellos azulejos verde oscuro señalaban, a mi aparente ruina. ¿Que pensaría?¿Por que no comento nada?¿Que consecuencias me traería haberme dejado llevar por aquel deseo vehemente? La respuesta estaba en mis sueños. Relatos Porno

Sexo anal con mi cuñado

Escrito en Sexo Anal por Relatos Eroticos el Jueves 23 Marzo 2006 a las 2:35 pm

La historia que estoy por contar es algo que me da verg�enza pero que a su vez es el momento que m�s goc� en mi vida. Me llamo Marcela, tengo 38 a�os y vivo en Buenos Aires, estoy casada desde hace 15 a�os y tengo 2 hijos.

Un d�a, alrededor de las 2 de la tarde, mis hijos estaban durmiendo y mi marido trabajando (�l trabaja hasta las 7 de la noche) yo estaba haciendo gimnasia en casa, ten�a puesto una remera celeste y un pantal�n de color blanco, de repente todo se apag�, se hab�a cortado la electricidad. Entonces lo llam� por tel�fono a mi cu�ado (el marido de la hermana de mi marido) que se llama Jorge y tiene 33 a�os, �l sab�a de electricidad, enseguida vino a casa y en 10 minutos ten�a energ�a nuevamente. Yo mido 1,58 y peso unos 49 Kilogramos y mi cu�ado (Jorge) es alto, mide 1,79 y pesa unos 80 Kilogramos, estas diferencias entre �l y yo son importantes por lo que hicimos juntos.

Luego que �l guardara sus herramientas, nos quedamos parados charlando, de repente se me qued� mirando directo a los ojos y luego se me acerc� hasta quedar a muy pocos cent�metros sus labios de los m�os, de repente sus manos comenzaron a rodearme la cintura hasta llegar a mi espalda y luego bajaron hasta mi cola acarici�ndola toda. Yo me qued� helada, quer�a detenerlo pero mi cuerpo no me respond�a, sab�a que si no lo deten�a me iba a coger, no s� como pero lo sab�a. Entonces cerr� los ojos y �l me bes�, de repente no sent� m�s sus manos ni sus besos pero no me atrev� a ver que pasaba, unos segundos despu�s lo volv� a sentir pero esta vez sus manos me acariciaban mis peque�as tetas, una de sus manos baj�, se meti� dentro de mi pantal�n, luego dentro de mi bombacha y no par� hasta que un dedo se hundi� en mi concha, entonces comprend� que �l estaba detr�s de m�.

Yo sab�a que ten�a que parar con esto, que yo estaba casada y �l tambi�n y sobre todo que �ramos cu�ados pero el placer que sent�a me lo impidi�, no lo pude resistir m�s, no pude ocultar lo que sent�a y comenc� a gemir, me inclin� hacia delante y sent� algo enorme que choc� contra mi cola, era su pene, un enorme bulto, tir� una mano hacia atr�s, la puse entre �l y yo y tom� ese enorme bulto en mi mano. Mientras me apoyaba por atr�s Jorge comenz� a decirme cosas al o�do, me dec�a que me quer�a coger, que hac�a tiempo que me miraba y le gustaba mi cuerpo por ser chiquita y delgada, que le encantaba mi peque�a cola, dec�a que ten�a el culito paradito y redondito como a �l le gustaba y que siempre se preguntaba como ser�a penetrarme.

Sus manos comenzaron a bajarme el pantal�n, yo me di la vuelta y tambi�n comenc� a bajarle el pantal�n, y luego, al bajarle el calzoncillo, algo duro largo y grueso apareci� entre mis manos, �que pija m�s enorme� pensaba yo. Si hab�a llegado hasta ah� ya no pod�a detenerme, ahora estaba dispuesta a todo, sin pensarlo mucho me agach� delante de �l, tome su pija con mi mano y me la hund� en la boca, casi no me entraba, Jorge me tomaba de la cabeza y me la empujaba hacia �l. Luego los dos nos miramos y fuimos hasta una mesa, me sent� sobre ella, abr� las piernas y Jorge se coloc� delante, tom� su pija con la mano y me la puse entre las piernas, inmediatamente �l empuj� y comenz� a met�rmela lentamente, al principio me doli� pero luego el placer me ceg� y s�lo ve�a placer y placer. Enseguida todo su pedazo entr� dentro de m�. Jorge me besaba la boca y las tetas mientras toda su pija entraba y sal�a una y otra vez rozando mi cl�toris y poni�ndome cada vez m�s loca. Poco tiempo despu�s tuve un orgasmo con unos gemidos tan fuertes que casi grito de placer.

Fue entonces que de la boca de Jorge salieron las palabras que toda la vida recordar� �Date vuelta� me dijo cuando termin� de acabar, yo sab�a lo que eso significaba y sus consecuencias, entonces le expliqu� que de atr�s era virgen y que ni siquiera a mi marido le hab�a dado la cola por miedo a que me lastimara y eso que mi marido no tiene la pija tan grande como �l, en ese momento fue cuando pens� en sus 80 kilos y en su enorme pija dentro de la peque�a cola de una mujer de 48 kilos, solo pensaba en si resistir�a esa penetraci�n, adem�s siempre pens� que el sexo anal era algo sucio y doloroso.

Pero luego, quise ser penetrada, en ese momento no pens� en lo sucio ni en el dolor, s�lo quer�a gozar m�s y m�s y por primera vez en la vida quer�a que una enorme pija entrara hasta el fondo de mi cola sin importar lo que yo sufriera si me part�a en dos, entonces s�lo le dije �Soy toda tuya Jorge… incluyendo la cola� �l me tomo de la mano y me llev� al sill�n donde me pidi� que me acostara boca abajo, luego me coloc� un almohad�n debajo de la cintura y qued� con la cola levantada, �l se puso crema en la pija y se coloc� detr�s de m�, me pasaba la pija por la cola, sobre los cachetes, por la vulva, sobre el ano, lentamente introdujo un dedo en mi ano y luego dos, mientras me dec�a que abriera las piernas, que me relajara, y… de repente vi las estrellas, sent� un dolor tan fuerte que se me escap� un peque�o grito, algo duro y grande me estaba desvirgando el ano.

Los segundos de penetraci�n parec�an minutos, al rato pens� que ya me la hab�a metido toda, pero cuando me dijo que solo hab�a entrado la punta, pens� �Por Dios… me va a desgarrar el culo… y bueno de algo hay que morir�, estaba tan caliente que no me importaba desmayarme de dolor, s�lo quer�a que �l, mi cu�ado, me partiera el culo y para demostr�rselo le dije �Dale Jorge… deja a tu cu�adita bien� y empuj� la cola hacia arriba, el continu� empujando muy lentamente, a veces me la sacaba toda y me la volv�a a meter pero cada vez un poco m�s adentro, me penetraba con mucho cuidado, sent�a como mi cola se abr�a y su pija entraba cent�metro a cent�metro mientras un par de l�grimas brotaron de mis ojos, Jorge me pregunt� si me dol�a mucho, le ment�, le dije que estaba bien y que me la metiera toda, porqu� eso era lo que quer�a.

Luego de un rato de culiarme me dijo que ya la ten�a toda adentro, me hab�a penetrado completamente, yo no pod�a creer lo que estaba haciendo, mi cu�ado me estaba penetrando por el culo, tampoco pod�a creer que toda su enorme pija haya entrado en mi cola, sent�a la punta de su pija en mi est�mago y mi cola desgarrada y partida en dos. Una vez penetrada por completo gem�amos los dos, nos mov�amos los dos juntos, culiando y culiando, gozamos del sexo anal un largo rato hasta que tuve mi segundo orgasmo, tampoco sab�a que el sexo anal pod�a provocar un orgasmo, seguro que lo est�bamos disfrutando, luego Jorge comenz� a temblar y gritaba mientras yo sent�a como su pija se sacud�a cada vez que eyaculaba dentro de mi culo. Nunca lo hab�a imaginado a mi cu�ado gozando de esa forma y menos cogi�ndome como lo hizo. Cuando Jorge me sac� la pija me dijo que un hilo de sangre chorreaba de mi ano, eso no me sorprendi�, me hab�a imaginado que me desgarrar�a el ano con semejante pene.

Hoy, un tiempo despu�s de esa movida tarde, me sigo preguntando como fui capaz de hacer lo que hice, y de c�mo pude resistir esa penetraci�n anal con un dolor que nunca olvidar� pero tambi�n una experiencia y un placer que tampoco nunca olvidar�, tampoco olvidar� a mi cu�adito que hasta ahora fue el �nico due�o de mi trasero. Relatos Porno

Mi primera vez fue con un maduro

Escrito en Primera vez por Relatos Eroticos el Jueves 23 Marzo 2006 a las 2:31 pm

Resulta que hace como un año yo llegue de Europa y un día con una tía decidí ir a un restaurante-bar con ella, yo no lo conocía pero me parecía un sitio súper agradable por que siempre que pasaba por allá se veía como bueno. El caso es que cuando llegamos estaba un tipo de 1.75 cm. de estatura mas o menos, unos 70 Kg. Era muy guapo, tenia puesto un jean y una chaqueta de jean y debajo una camiseta blanca que resaltaba ya que su piel era bronceada. Ese día quede enamorada de ese tipo, pero no sabia quien era, yo me imaginaba que era algún cliente de allá.

Pasaron los días y yo volví antes de irme otra vez para Europa, y allá lo volví a ver.

Después de un año, yo volví y quería ir a ese sitio, sentía como las ganas de ir, entonces le dije a una prima que si íbamos y ella ahí mismo acepto encantada. Cuando estuvimos allá ahí mismo uno de los camareros me saludó como si me conociera, yo le pregunte que si era que me conocía y me dijo que se acordaba de mí, en fin… todo salió súper bien hasta que llego él. El se llama Julián y tiene 46 años, era un tipo que me agradaba muchísimo solo su físico porque no conocía nada más de él, ni siquiera su voz, hasta que le dijo al camarero que si no presentaba a las amiguitas, en ese momento le escuche hablar y fue como si lo conociera hace mucho, las cosas quedaron así y yo volvía cada vez mas seguido.

Un día el camarero me llamo y me pidió el teléfono para dárselo a Julián y yo ahí mismo se lo di.

Al día siguiente me llamó Julián y me dijo que si quería salir a comer algo por ahí. Yo encantada acepte, no lo dude.

Ese mismo día fuimos a comer a uno de los mejores restaurantes de la cuidad, todo muy bonito, tomamos cóctel y me pregunto que si quería ir a otro sitio o me llevaba a mi casa, yo le dije que todavía no quería irme a mi casa, que nos quedaba mucho por hacer, él me dijo que si íbamos donde el quisiera y yo le dije que si, que no me importaba. Del restaurante salimos derecho a una autopista y no tardamos en llegar al sitio donde el tenia planeado llevarme, llegamos a un motel con nombre chino, era precioso, todo muy bonito. Entramos y nos sentamos en un sofá muy cómodo y empezamos a charlar hasta que terminamos en la cama, él me preguntaba que si estaba segura de lo que iba a hacer, yo le respondí con un si, que no fuera a parar.

Empezó por quitarme la blusa y quedé en brasier y en pantalón, ya los zapatos me los había quitado en el sofá, yo estaba debajo de él… él se sentó encima de mí y empezó a besarme por todas partes, yo cada vez me sentía más caliente, no sabia que hacer, hasta que le quite la camisa y quedamos a pares, de un momento a otro el me sentó y me desabrochó el brasier y me volvió a acostar, cuando de repente empezó a besarme por todo el cuello hasta ir bajando, cuando llego al ombligo me bajo el pantalón y vio que tenia una tanguita, me quede así y tomé el control lo acosté y me subí encima de él, y le empecé a bajar el pantalón, quedo en bóxer, ahí ya volvió el a tomar el mando y yo quede otra vez debajo, estaba nerviosa pero con ganas de que me hiciera algo.

Ahí me quito la tanguita y empezó a acariciarme y a besar mi sexo, me sentía genial, era algo inexplicable, yo sentía que no podía estar mucho tiempo así, entonces el se quito el bóxer y empezó a coger su miembro y rozarlo por toda mi piel, quería sentirlo adentro yaaaa!!! El me lamía todo mi sexo y yo el suyo, no me cabía en la boca, entonces después de un rato me dijo: “Creo que es hora de que llegue lo mejor”. Yo le respondí con un si, cuando lo iba a meter le dije que tenia un secreto… me pregunto que cual era y yo le dije que era virgen y el se alegro mucho, entonces empezó por introducir su miembro suavemente pero eso duele mucho! Grité!!!.

Poco a poco el dolor pasaba y cada vez quería que me lo metiera mas adentro, sentía como si lo hubiera hecho muchas veces. Empezó a metérmelo cada vez más fuerte. Me sentía realizada, después de terminar nos quedamos dormidos y nos fuimos.

Yo me fui para la casa de mi tía porque supuestamente estaba allá, me acosté y dormí un poco pero no dejaba de pensar en lo que había sucedido, al día siguiente la escena se repitió, no aguantaba más!. Pero me dijo que él quería que estuviéramos con alguien mas y yo acepte sin problema alguno, él llevo a una mujer, era excitante ver como se la metía a ella y como ella me lamía a mí y viceversa, eso es lo bueno de una mujer que sabe que es lo que uno quiere, me hacia sentir que iba a reventar. Paso un rato y la mujer esa se fue, pero yo seguí haciéndolo con Julián en el baño, estar mojados es muy rico, nos acariciábamos y terminamos rápido, en fin.

Así pasaron las cosas durante 4 meses, después decidí terminar con esa relación que no me conducía a nada, solo al placer y yo no buscaba solo eso.

Pasaron 2 meses y lo volví a ver, al vernos sentimos la necesidad de estar juntos otra vez, sin casi hablar nos fuimos de aquel lugar para el mismo lugar en el que me hizo mujer.

Este es el momento que yo no me he olvidado de el, pero por lo menos sé que con él en cuestión de sexo estoy completamente satisfecha. Relatos Porno

Baño de la virginidad

Escrito en Primera vez por Relatos Eroticos el Jueves 23 Marzo 2006 a las 2:30 pm

Es dif�cil comenzar a hablar sobre la primera vez y m�s cuando eres hombre. Pero si esta es inolvidable y placentera ya es m�s que un cuento es una vivencia para toda la vida. Estar internado en una escuela para muchachos talentos es algo dif�cil y aqu� es donde comienza mi relato. En estas becas las relaciones sexuales eran premiadas con la expulsi�n lo cual le daba un matiz m�s candente a las relaciones.

Trascurr�a el mes de octubre y ya comenzado el segundo curso en la escuela me toca la primera guardia que se hacia para preservar que nadie robe. Mi grupo siempre fue muy liberal en cuanto a las parejas y como solo �ramos 8 varones ya hab�an pasado por cada uno hasta 4 chicas. En realidad por mi solo pasaron 3 y de todas la que m�s me gusto fue Liz era achinada con la piel blanca, el pelo muy negro unos senos muy lindos y a pesar de no tener muy buen trasero en completo lucia bien debido a su rostro que era muy guapo, yo mido 168 cm. tengo el pelo muy bonito me mantengo en forma y a decir de las muchachas soy muy guapo.

Cayendo en el tema de la guardia esa la primera del segundo curso seria para mi inolvidable, seria mi estreno y comienzo como un hombre. Liz por ese tiempo ten�a un novio y yo ya no pensaba en ella pero su novio no pudo quedarse para la guardia lo que yo aprovech� para utilizar. A eso de las 5 p.m. ella pasa por mi albergue y me pide que la acompa�e al hospital que siente mal, algo que tome como s�ntoma para comenzar pues el hospital esta apartado de la escuela. En el camino al hospital me dice:

- Mi novio no se quedo.

- Y eso que no se quedo.

- Tenia que irse.

Yo tome la iniciativa y sin pre�mbulos la pegue a la pared y la bese en la boca ella me contesto el beso.

- Por que hiciste eso.

- No s� tu no lo quer�as.

- No te pasaste.

No hable con ella en todo el trayecto all� pens� que se me hab�a pasado y que toda la idea de la guardia se venia abajo.

Mas tarde a las 8 p.m. me voy a ba�ar al albergue de las chicas y cuando entro no hay nadie paso por los cub�culos y todo esta vaci� aprovecho para ba�arme, pero cuando voy a los ba�os siento una ducha y era Liz que estaba fuera de las duchas aprovechando la soledad para disfrutarse completamente. Yo no la advert� de mi presencia y disfrute de su cuerpo con un co�ito depilado y con un par de tetas de salto me tenia el pene a todo meter en la toalla (solo tenia la toalla). Solo reaccione a ir a las duchas pero para mi asombro ella me dijo que solo funcionaba esa en la que estaba as� que tenia que ba�arme con ella (toda esta conversaci�n fue en pelotas y era muy dif�cil dejar escapar mi erecci�n) cuando voy a entrar en la ducha ella se me pone en el medio.

- Para entrar hay que pagar un precio y es que hay que hacerme todo lo que yo pida.

En ese momento yo cre� caerme al piso.

- Y bien.

- Acepto que quieres.

- Quiero que me beses como lo hiciste antes por todo el cuerpo.

Al decir esas palabras me meti� en la ducha y me beso al hacer esto bajo hasta mi pene que parec�a explotarse (mide 20 cm. pero es muy grueso) me besa el pene y comienza a masturbarlo cuando termino me beso la cabeza del pene como un chupa-chupa y no termino hasta que le llene la boca de semen el cual se trago luego se paro y yo tome la iniciativa, le tome los pezones y los tocaba mientras le tocaba el cl�toris comenc� a besarle los pezones para luego lograr su primer orgasmo, luego baje hacia su ombligo algo que me gustaba mucho porque tiene unos bellos muy bien cuidados que me encantan all� me detuve y disfrute bes�ndole y haci�ndole masaje con la boca mientras penetraba con mis dedos su vagina que ya estaba mas que mojada.

Ya mi pene cobra potencia y le digo que se prepare y me dice que es virgen yo ya sabia que ella era de himen el�stico y eso me pon�a a mil pero no cre�a que era virgen, yo le confes� que yo tambi�n lo era y as� los dos nos desvirginariamos, a lo cual ella respondi� con un beso en el cual nuestras lenguas jugaron.

Bajo el agua de la ducha, la pegue a la pared y le puse mi pene en su entrada de la vagina cuando comenc� a penetrarla me dijo que le dol�a a lo que le dije que aguantara que luego le gustar�a algo que unido a mi inexperiencia fue doloroso pero placentero cambiamos de posici�n hasta ponerse de frente y la penetre con todas mis fuerzas y le mord�a los pezones ella saltaba sobre m� como cabalgando tuvimos un orgasmo espl�ndido, el orgasmo con olor a virginidad. Luego nos secamos juntos y vestimos para as� dormir en un cubicuelo inhabitado.

Ahora curso el tercer curso y ya he estado mas veces con ella y con otras muchachas pues mi vida sexual despu�s de esto ha sido mas movida pero nunca olvidare ese ba�o que ha sido el mejor que he tomado en toda mi vida. Relatos Porno

Los strippers

Escrito en Orgias por Relatos Eroticos el Jueves 23 Marzo 2006 a las 2:27 pm

Hacían muchos días que mi marido me andaba amenazando con una agradable sorpresa para mi cumpleaños. Yo andaba intrigadísima, y la verdad es que no sospechaba lo que me esperaba. Finalmente llegó el ansiado día, mi marido me dijo que tendríamos que mandar a los chicos donde mi hermana pues quería que en la casa quedáramos solo los dos. Hicimos todos los arreglos de manera que permaneciéramos los dos en nuestra intimidad, yo avizoraba una noche llena de pasión y sexo. Y eso era lo que más deseaba.

Mi marido había preparado la sala de la casa muy bien, había una cubeta de hielo con champaña y cuatro copas. Cuando le pregunté por que tantas copas, me dijo que tuviera paciencia. Empecé a sospechar algo raro, pero no dije nada. Empezamos a beber y a bailar con una música muy romántica que él había elegido. Nos empezamos a excitar, pero él se mantenía calmado. Al poco tiempo, sonó el timbre, mi marido fue a abrir la puerta y entraron a la casa dos jóvenes que llevaban unos maletines consigo.

Mi marido me los presentó y me dijo que eran strippers y que habían venido para que yo disfrutara de un espectáculo sensual. Me fijé en ellos, eran muy simpáticos, especialmente uno que dijo llamarse Jorge, alto, morocho y de buena complexión; el otro, Gabriel, también era lindo, mas clarito y más bajito que su compañero, pero también tenía un lindo cuerpo como el que los muchachos jóvenes deberían tener. Sus edades oscilarían entre los 25 y 28 años. Se sentaron a platicar y compartir el champaña con nosotros, notaba que ambos me miraban pero se portaban muy educados conmigo. Yo estaba un poco incómoda pero emocionada por lo que sabía se venía. Pronto estaría viendo a estos muchachos bailar y desnudarse para mí. Me intrigaba saber como serían sus vergas.

Llegado un momento, cuando mi marido ya había abierto la segunda botella de champaña, que los muchachos pidieron dirigirse al baño para asearse y cambiarse. Al poco rato, salieron de allí, vestidos ambos de vaqueros. Camisas de franela a cuadros, jeans, botas y el típico sombrero. Pusieron su propio cassete en el equipo de música y empezaron a bailar al ritmo de una música muy movida. Mi marido y yo, nos sentamos juntos a observarlos. Yo llevaba una falda larga y una blusa que hacia juego. A medida que el baile avanzaba, mi marido empezaba a manosearme. Yo le retiraba la mano, al principio, pero poco a poco le dejé hacer lo que quería, a medida que veía como los muchachos se sacaban la ropa y me sentía mas excitada.

Después de unos diez o quince minutos de baile, los muchachos quedaron sin ropa, excepto por las botas y una minúscula tanga que cubría sus intimidades. Entonces Gabriel empezó a bailar él solo mientras Jorge lo observaba y se servía más champaña. Mientras se contoneaba Gabriel se acercaba hacia mí y de repente, de espaldas a nosotros, se quitó la tanguita. Lentamente fue girando para que pudiera observar su semiflácida verga. Yo estaba mojada y mi marido me estaba pasando la mano por mis piernas, por debajo la falda, y pese a la semi penumbra de la habitación, ellos podían observar lo que pasaba. Mientras Gabriel seguía bailando, Jorge empezó con lo suyo, después de variados minutos de contoneo se acercó a mí y me pidió que la bajara la tanga. Yo le dije que no, pero mi marido me animó y finalmente lo hice. Su pene saltó como un resorte, pero no estaba parado.

Durante varios minutos estuvieron deleitándome con su baile desnudos. Veía sus vergas oscilar como péndulos, y observaba sus hermosos cuerpos bronceados. Por momentos se acercaban a nosotros, y yo podía sentir sus vergas casi en mi cara. Así estuvieron durante varios minutos…eso parecía no tener fin y yo no quería que termine. Le comenté a mi marido que había tenido una excelente idea y que ese era el mejor regalo de cumpleaños que hubiera deseado. Lo que me apena, le dije, es que sus vergas no estuvieran paradas. Entonces el acercó su boca a mi oído y me susurró… tócaselas, mastúrbaselas y te darás el gusto de verlas como quieres. Ese comentario me encendió, pero no me atreví a hacerlo. Entonces él les hizo una seña a los muchachos y ambos se acercaron a mí, levantando sus miembros hacia mí para que se los tocara. Ante la insistencia de mi marido que ya tenía sus dedos en mi cuca, y la calentura que llevaba, se las agarré y empecé a manosearlas lentamente, una con cada mano. Ese momento, el baile había terminado.

El resultado no se hizo esperar, al poco tiempo ambos estaban con sus herramientas al máximo. Las veía hermosas, grandes, gruesas, llenas de venas, y estaba excitadísima pues mi marido me estaba masturbando a mí, y él también se había sacado su verga. Era un espectáculo impresionante. Fue entonces cuando mi marido me volvió a susurrar al oído diciéndome, “cómetelas”. Yo reaccioné, quité su mano de mi concha y le dije que no haría eso. Ellos volvieron a bailar para mí, esta vez con sus vergas tiesas y las acercaban a mi cara de tiempo en tiempo. Yo estaba calentísima y solo quería que todo terminara para poder follar con mi marido toda la noche. Pero él volvió a insistir. “Quiero verte chupando esas vergas” me dijo en un tono que si bien no era autoritario era muy estimulante. Yo pensé que si no lo hacía, tal vez se me jodería la noche y bueno pensé, si él insiste y ahí están listas para mí, ¿por qué no probar el sabor de otras vergas?.

Entonces agarré la verga de Jorge, le di unos besitos en la punta, la lamí un poco y después de titubear un poco y volver a ver a mi marido, me la metí en la boca, mientras con la otra mano agarraba la de Gabriel o la de mi marido alternativamente. Mientras esto sucedía sentía cuatro o más manos recorriéndome el cuerpo. Yo seguía vestida, la falda levantada y la tanga mojada, los pezones erectos y de repente me sentí con las tetas al aire, pues alguien me había abierto la blusa y sacado el brasiere. Después le tocó el turno a Gabriel, su verga era un poco más gruesa, pero menos larga que la de Jorge, y se acomodó en mi boca a la perfección. No recuerdo cuanto tiempo estuve mamando las vergas, alternando una y después la otra, pero estaba cachondísima y solo quería que eso termine para poder follar.

En un momento me encontré tirada sobre la alfombra boca arriba, con la verga de Jorge en la boca, la falda levantaba hasta mi cintura, sin nada arriba, la lengua de mi marido recorriendo mi concha, mientras Gabriel me besaba las tetas. Una auténtica puta. En ese momento tuve un orgasmo espectacular. Me dio tanta vergüenza que me levanté y corrí al baño y no quise salir más de él hasta que los muchachos se hubieran ido, lo que efectivamente sucedió.

Cuando fui a la recamara, mi marido ya estaba allí, esperándome con su mástil parado, pero yo estaba avergonzada. Él me tranquilizó y me dijo que no echara a perder el festejo, que todo había estado bien, que mi comportamiento había sido lo que él siempre había deseado ver, por lo que jamás tendría nada que reprocharme.

Demás está decir que esa noche follamos como desposeídos hasta ver las luces del amanecer. No se ha repetido la pequeña orgía, pero mi marido me anda diciendo que tiene otra sorpresa para mí, en mi próximo cumpleaños. Relatos Porno

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