Sexo con pareja casada

Escrito en Infidelidad por Relatos Eroticos el Jueves 6 Abril 2006 a las 4:52 pm

Después de lo ocurrido en el garaje, mi mente no paraba de pensar en lo bien que me lo había pasado y no dejaba de pasarme imágenes de todos esos momentos de placer. Yo no quería volver a serle infiel a mi marido pero mi excitación por lo ocurrido y el deseo de saber que más me podía dar Luis me hizo llamarle para aceptar su invitación. Tras mucho pensármelo, marque su número de móvil y le llamé. Estuvimos hablando unos minutos, me preguntó por el coche, por mi estado después de aquel día y quedamos para el día siguiente en su casa.

Hacía frío ese día en la calle por lo que decidí vestirme bien abrigada. Llegué a su casa, un edificio con 6 alturas. El vivía en el 4º. Llamé a la puerta y para mi sorpresa, abrió una chica alta y morena con una amplia sonrisa. Pensé que me había equivocado y me disculpé, a lo cual ella se rió y me pidió que pasara.

Ya dentro de casa me invitó a sentarme en el sofá y me sirvió un café. Fue cuando me explico todo. Se llamaba María y era la mujer de Luis (yo desconocía que tenía mujer) y por lo visto, les gustaba practicar sexo con otras personas. Ella era, como ya os he dicho antes, alta y con pelo negro, el cual hacía resaltar sus ojos verdes y su tez blanca. Me llamó mucho la atención sus largas y carnosas piernas. Tiene caderas anchas, culo ancho pero plano y unos pechos preciosos, una talla 100 más o menos. Iba vestida con una bata de estar por casa que dejaba al descubierto, a cada paso que daba, sus largas y blancas piernas.

Después de conversar un rato, Luis abrió la puerta de la calle y entró en la habitación. Se acercó a su mujer la dio un beso y se dirigió hacia mi. Me agarró de la cintura y me beso en la boca. Se sirvió un vaso de coñac y se sentó en frente del sofá donde yo estaba sentada. María se acercó a él y dándome la espalda se soltó el cinturón de la bata y dejó que ésta cayera resbalando por su precioso cuerpo. Quedó totalmente desnuda y desde la posición mía, pude ver un cuerpo alto y muy blanco con un culo un poco caído y plano.

Luis se levantó y bajándose la cremallera le ofreció su gruesa polla. María la agarró con fuerza y comenzó a chupársela mientras Luis se desvestía. Después de un rato de sexo oral, María se dio la vuelta y se dirigió hacia mí con una sonrisa en su boca. Se arrodillo en frente mío y me hizo levantar. Una vez levantada me desabrochó el pantalón y me lo bajo, dejando al descubierto mis braguitas blancas. Siguió con éstas, luego con la chaqueta, para acabar con mi sujetador. Me dio un empujón y me tiró contra el sofá. Se inclino y comenzó a lamerme el coño. Nunca había estado con una mujer y al principio me resultó raro pero al cabo de un rato cerré los ojos y me dejé llevar.

Yo ya estaba muy caliente gracias a la juguetona lengua de María cuando abrí los ojos y pude ver que Luis estaba follándose a su mujer por detrás. Esta gemía de placer en cada embestida y el aliento que desprendía en sus gemidos llegaba a mi coñito ya húmedo haciéndome enloquecer cada vez más.

Luis se apartó de detrás de su mujer y haciéndole una señal, ésta se subió al sofá y puso su depilado pero jugoso coño en mi cara. ¡Chúpalo! Me dijo.

Me dio asco pero accedí. El sabor era extraño pero a la vez agradable. Oía gritar de placer a María cada vez que movía mi lengua y eso me excitaba mucho hasta que Luis, sin previo aviso, me agarró de las piernas, me las levantó y comenzó a follar mi húmedo coñito. Sus embestidas eran fuertes, las cuales me hacían recorrer todo el coño de María con mi lengua., ésta no tardó en correrse en mi cara soltando un pequeño líquido espeso que cayó en mi boca. Yo no tardé mucho más en correrme también soltando unos gritos que seguro oyeron todos los vecinos. Luis siguió un rato follándome hasta que sacó su polla de mi caliente coño y se la clavo a su mujer en la boca, eyaculando dentro de ella. Después de que María le limpio su semen con su lengua, se acercó a mí y me traspaso todo éste para que yo me lo tragase, cosa que hice no sin antes darle un beso con lengua a ella.

Desde este día suelo alternar mis citas con hombres y con mujeres, y la verdad, no sé cual me gustan más de los dos, eso si, hago caso a Luis en todo lo que me dice, ya que es éste el que me consigue todas las citas.

En mi siguiente relato les contaré como fue la siguiente experiencia con una tía de Luis de unos 50 años.

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El Entrenador

Escrito en Gays por Relatos Eroticos el Jueves 6 Abril 2006 a las 4:50 pm

La sesión de entrenamiento había sido larga y extenuante para José Luis aquel día. Se acercaban las competiciones de invierno y la meta era repetir los buenos resultados de la temporada anterior. Por eso habían practicado más de tres horas con el entrenador y los otros seis integrantes del equipo.

El equipo del Colegio San Ignacio tenía fama de exigente y para los muchachos era un verdadero honor integrarlo, considerando que había dado varios campeones nacionales.

El actual entrenador del equipo había sido miembro del equipo cuando estudiaba y participó en las Olimpiadas de Munich en representación del país. No obstante, aparte de su amor por la natación, a José Luis le gustaba la práctica por que podía satisfacer una insaciable necesidad de ver cuerpos como los de él: jóvenes y hermosos. En las duchas y vestuarios se excitaba viendo como se desnudaban y se ponían esos ajustados bañadores de competición. En su casa se masturbaba recién llegado recordando las figuras de sus compañeros y pensando que bueno sería que la polla de Miguel se metiese en su trasero o dar una chupada a la de Pedro.

Al terminar la práctica, como de costumbre, escucharon los comenatrios y recomendaciones que les hacía el entrenador y luego se fueron a los camarines a ducharse y vestirse. En eso estaba, dándose una exquisita ducha con agua caliente, cuando pudo percatarse que casi todos ya se habían ido y que Pedro se despedía con un hasta mañana. Prolongó la ducha, hasta que sintió que alguien entraba a la sala y se quedaba mirándolo. Era el entrenador que lo observaba cuidadosamente. José Luis se sobresaltó y cerró la ducha, pero el entrenador le dijo que continuara, que no había problema, a lo cual José Luis se quitó lo que le quedaba de jabón y se puso la toalla a la cintura, y se dirigió a los vestuarios, donde comenzó a secarse y buscar su ropa. Sólo se había puesto los calzoncillos cuando notó en su hombro la mano firme del entrenador, que le hizo estremecerse como si hubiera recibido una descarga eléctrica:

- Tienes un buen cuerpo, José Luis, le dijo el entrenador, a lo cual este respondió con un “gracias profesor”, nervioso y entrecortado.

Le quitó la mano del hombro, pero al hacerlo recorrío con sus dedos la espalda, lo cual provocó un nuevo estremecimiento en el muchacho de 17 años, que volteó para ver como el entrenador salia por la puerta y se despedía con un movimiento de manos. José Luis se quedó impresionado y angustiado por el suceso y durante los días siguientes tuvo una sensación de curiosidad y también de miedo por lo que había sucedido. Le preocupaba que sus amigos y compañeros se enteraran de aquello. El ya había participado en conversaciones donde esos mismos compañeros afirmaron que jamás saludarían ni se relacionarían con gente con esas inclinaciones.

La estricta disciplina del colegio era muy celosa de toda conducta que supusiera una violación al rígido código moral que buscaba formar “ciudadanos de bien” y “hombres de verdad”. Para nadie era un misterio la expulsión de un alumno que tenía una conducta impecable pero que fue sorprendido con fotos de desnudos masculinos. El era miembro de una conservadora familia y para él tenían dispuesto un futuro como Ingeniero y un paso fundamental era que aprobara con calificaciones excelentes el bachillerato y que tuviera un desempeño deportivo ejemplar.

Con el paso de los días sus inquitudes se disiparon porque el entrenador no se preocupaba mayormente de él y nadie hizo comentarios sobre el incidente. Todo parecía volver a la normalidad cuando un nuevo incidente vino a inquietar su espíritu. Un día, viernes, cuando estaba con Pedro y Miguel en los vestuarios, antes de iniciar la práctica, llegó el entrenador y tras saludarlos les dijo a los tres que mañana en la noche debían ir a su casa, que tenía una sorpresa. Pedro y Miguel respondieron que allí estarían, pero José Luis no dijo nada, pensando que eso era muy extraño y que sus padres tenían una visita familiar y se molestarían si él no estaba presente.

Al concluir el entrenamiento cuando estaba en las duchas con sus compañeros, llegó el entrenador y cruzó algunas palabras con Pedro y Miguel y otro muchacho llamado Iñigo, los cuales salieron del recinto dejando sólo al profesor y José Luis, quien se intranquilizó. Su nerviosismo aumentó cuando vió acercarse hacia él al entrenador, quien se puso junto a él, en la ducha y dirigió sus manos hacia el trasero y le dijo al oído “Te espero mañana” y se fué. José Miguel no dijo nada a sus padres, pero cuando se acercaba la hora decidió solamente salir con rumbo a la casa del profesor, con una mezcla de curiosidad y temor. Llegó a eso de las 21:15 horas a la discreta casa del profesor y notó que adentro ya estaban Pedro e Iñigo y un poco después de él lo hizo Miguel. El profesor les ofreció bebidas y se entretuvieron un rato conversando sobre competiciones futuras y viendo un video con imágenes de las últimas en las que participaron. Cuando ya iban a ser las 10:00 de la noche, la conversación estaba fluída y distendida y el profesor puso un nuevo video, pero esta vez no contenía imágenes de nadadores, sino de otros jóvenes practicando algo más completo que ese deporte. José Luis vió como sus compañeros, sin disimulo comenzaron a desabrocharse vaqueros y camisas. Pedro introdujo la mano en la entrepierna de Miguel y éste le retribuyó ayudandole a quitarse la camisa. Casi sin darse cuenta Iñigo estaba haciendo lo mismo con él, mientras el profesor ya estaba desnudo y atraía a los muchachos hacia el dormitorio de la casa. En un momento todos estuvieron en la cama o sobre el piso, acariciándose completamente desnudos:

Iñigo hacia lo suyo con José Luis, mientras el profesor acariciaba las rubias bolas de José Luis y de Miguel. La vorágine de caricias fue forzando la adopción de nuevas posturas, que calentaron más el ambiente. Pedro y Miguel hacian un 69 tirados en la cama, mientras en un borde de la misma José Luis acariciaba el cabello de Pedro en tanto Iñigo le chupaba las bolas.

Ya era casi media hora de caricias, sobadas y mamadas, cuando el profesor tomó suavemnete de las caderas a José Luis y lo puso a cuatro patas sobre la cama, le aplicó abundante lubricante en el trasero y comenzó suavemente a horadar el hoyo negro de José Luis, nunca tocado por nadie antes. A José Luis le pareció que introducían una bombona de butano en su culo y se cogió su polla y la frotó, lo cual fue interrumpido por Iñigo que se instaló bajo él y comenzó a hacerle una felación que le pareció increíble. Para que el gozo fuera mayor, Pedro, con su formidable cuerpo y su gran polla se puso frente a su rostro. Las manos del compañero ayudaron para que ese poderoso miembro llegará hasta las amígdalas de José Luis, que parecía que se iba a desmayar por las sensaciones que recibía y que estremecían toda su humanidad. El profesor continuaba con movimientos cadenciosos y esa gran pija iba conquistando más terreno en el cuerpo del muchacho, que sentía como su propia polla parecía estallar por las succiones que le daba Iñigo y él mismo se esforzaba en lograr de Pedro. Cuando llego el momento, todo fue un estallido de gritos, movimientos y semen esparcido por todo su cuerpo. Quedó bañado en el líquido masculino y siguío así mientras Pedro y Miguel lo acariciban y frotaban y él se estrechaba a su profesor con un gran beso.

La noche continuó y no faltó célula en el cuerpo que no sintiera el placer total. Exhausto, la noche concluyó cerca de las cuatro de la mañana. Los días siguientes la fiesta continuó y cada vez fué mejor. El equipo de natación logró los mejores resultados de la historia. Todos decían que tenía gran espíritu de compañerismo y un gran entrenador. Y José Luis estaba de acuerdo.

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Fresca, humeda, pura y olorosa

Escrito en Fetichismo por Relatos Eroticos el Jueves 6 Abril 2006 a las 4:47 pm

“As� es ella, fresca, humeda, pura y olorosa, Cecilia, cuya ropa interior despierta mis sentidos y…” David alz� la vista del folio donde hab�a garabateado estos 5 versos y decidi� que como poeta era un fracaso. Mir� por la ventana, como siempre hac�a desde 7 meses atr�s, cuando aquellas chicas alquilaron el piso de enfrente.

El fetichismo. El fetichismo sexual. Seg�n el diccionario de la RAE, en su tercera acepci�n, “desviaci�n sexual que consiste en fijar alguna parte el cuerpo humano o alguna prenda relacionada con �l como objeto de la excitaci�n y el deseo”.

Roz� ligeramente con la punta de los dedos las braguitas de licra de color salm�n que ten�a a la izquierda de los folios mancillados con sus pobres versos. Y un escalofr�o le recorri� la espalda.

Mientras, Cecilia, justo en el piso de enfrente, al otro lado del patio de vecinos, sent�a que ya estaba harta. Harta de no saber en qu� tienda de lencer�a meterse parra comprar ropa interior, porque en casi todas las del barrio ya la tildaban de loca. Harta de gastarse casi la cuarta parte de lo que le ingresaban sus padres todos los meses en el banco solo y exclusivamente en braguitas y sostenes. Harta de llevar as� m�s de 5 meses. Harta de husmear en los cajones de sus compa�eras de piso con tal de encontrar alguna evidencia que le demostrara qui�n era la ladrona. Harta.

La semana anterior se hab�a comprado 15 juegos de braguitas en unos grandes almacenes -estaban de oferta y hab�a que aprovechar- y hasta una dependienta le hab�a comentado en tono socarr�n: “Perdona, bonita, pero estas no son de usar y tirar, eh?”. Lo dicho, harta. Suspir�. Entrecerrando los ojos le dio una �ltima calada a su cigarrillo, lo aplast� con determinaci�n en el cenicero y se dirigi� a su habitaci�n. Al fin y al cabo, la televisi�n no ten�a nada bueno que ofrecer por las ma�anas… y ella ten�a que estudiar.

Su habitaci�n, al contrario que las de sus compa�eras de piso, daba a un patio interior, al igual que la cocina. Era un patio min�sculo, bastante inc�modo, puesto que sus cuerdas de tender la ropa distaban a menos de un metro de las cuerdas de sus vecinos de enfrente. Precisamente donde viv�a David con su familia. Cecilia jam�s les hab�a visto, pero sab�a que era un matrimonio con dos hijos: una chavala y un chico que Cecilia calculaba estar�a tambi�n en la Universidad, y cuya habitaci�n estaba justo enfrente de la suya. Todo esto lo sab�a porque, a pesar de que no les hab�a visto, pod�a o�rles.

Sin embargo, por quien sent�a m�s curiosidad era por el chico. Ten�a muchas ganas de verle. En ocasiones le hab�a vislumbrado por entre las cortinas de la ventana de su dormitorio, pero nunca le hab�a visto bien, ni tan siquiera lo suficiente como para poder reconocerle en caso de encontrarse con �l por la calle, en el portal, donde fuera.

Con todo, no pasaba de ser mera curiosidad. Ella estaba muy bien con su novio. En realidad, conocer a David no estaba entre sus planes m�s inmediatos. A fin de cuentas, si hab�a sido feliz desconociendo su existencia, tambi�n lo ser�a a�n conoci�ndola. Solo era un chico m�s, sin importancia. �Qu� pod�a interesarle de su vida? Adem�s, �acaso �l mismo se hab�a interesado por ella en aquellos 7 meses en los que llevaban siendo vecinos? No. Pues eso. Solo uno m�s. Solo era el vecino de enfrente. Lo que no sab�a Cecilia era lo equivocada que estaba.

Justo en esos momentos, David, desde su habitaci�n y al otro lado del patio, volvi� a mirar hacia la ventana y la vio. Estaba sentada a la mesa de su escritorio, a menos de 2,5 metros de �l, pensativa… absorta en solo Dios sabe qu� clase de ideas. Cecilia, tan lejos, tan cerca. Quiz�s pensando en el paradero de su ropa interior. Pobre chica. Y pensar que todo hab�a empezado como un juego, como algo prohibido, robarle las bragas a la vecina, solo hab�a sido una gracia, una broma. Una an�cdota graciosa que contarles a los amigos cualquier noche de borrachera, conservar el trofeo, unas bragas, solo unas… pero que pronto se fueron multiplicando hasta convertirse en una variada colecci�n, casi por ate de magia.

El asunto se le hab�a ido de las manos. Sinti� un atisbo de culpabilidad. Estaba seguro de que le estaba haciendo gastar una fortuna en bragas, pero… aquello era mucho m�s fuerte que �l. Y es que, desde hac�a ya varios meses (tal vez 5, no recordaba bien), se las hab�a ingeniado para robarle a Cecilia la ropa interior que tend�a en las cuerdas el patio interior. Si se encaramaba lo suficiente desde la ventana del cuarto de su hermana, pod�a alcanzar las cuerdas de tender sin ning�n problema, quitar las pinzas y llevarse su premio. Aunque lo que David lamentaba era que fueran bragas y sostenes reci�n lavados, ya que hubiera dado lo que no estaba a�n escrito por conseguir la ropa sucia y sin lavar de su vecina. Percibir sus olores m�s �ntimos, poder llegar a sentir, con la yema de los dedos, una posible humedad en la zona de las braguitas que hab�a estado en contacto con su sexo.

El sexo de Cecilia. No. Eso no le atra�a tanto. Pero su ropa interior… poseer la vieja ropa interior de Cecilia la m�s usada, ser�a el culmen. Una suciedad pura, un sabor fresco y h�medo, un oloroso placer. Fresca, h�meda, pura y olorosa Cecilia. Entonces David se atrevi�. Descorri� las cortinas y abri� de par en par su ventana, permitiendo que Cecilia, al otro lado el patio, percibiera el movimiento. Ella alcanz� a verle bien antes de que �l se tumbara e espaldas y cuan largo era sobre la cama, desnudo de cintura para abajo y con unas de sus viejas bragas (las primeras que le rob�), sobre su cara. David se comenz� a masturbar pausadamente, sintiendo entre sus dientes el tejido de las braguitas, dejando que sus gemidos escaparan de su garganta, esperando, deseando que ella alcanzara a o�rle, a verle.

Y Cecilia, a escasos metros, desde su ventana, pudo observar maravillada aquel espect�culo, casi sin atreverse a parpadear, temiendo que solo se tratara de un espejismo, y sin llegar a reconocer como suyas aquellas bragas color salm�n que su vecino mord�a mientras se masturbaba.

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Escapemonos lejos

Escrito en Confesiones por Relatos Eroticos el Jueves 6 Abril 2006 a las 4:44 pm

Me llamo Daniel, tengo 19 a�os y soy un chico t�mido e introvertido; pero s�lo eso, no soy un tonto. Incluso entre mis amigos y gente de confianza, salvo por lo de introvertido, tengo una actitud m�s relajada. La cosa es que nunca tuve las agallas de salir con una chica, lo que me llev� a ser virgen hasta hace poco. Es m�s, no sab�a besar y nunca lo hab�a hecho.

Soy bien parecido y varias chicas me han dado miradas como d�ndome luz verde para que las enamore o las invite a salir, pero yo nunca me he atrevido; hasta comentarios me han hecho y yo nunca encuentro como llevar una conversaci�n con ellas sin aburrirlas; lo que me ha llevado a huir de salidas con mis amigos en las que ellos van en busca de chicas, porque me da verg�enza no saber actuar en frente de una situaci�n de este tipo. Es un c�rculo vicioso, es causa y consecuencia, y me tiene bien hundido, pero algo me pas� hace algunas semanas y veo luz al final del t�nel gracias a ello.

Me visit� “mi hada madrina”. Disculpen lo tonto que suena pero les confieso que me parece que esta mujer merece esa denominaci�n. La realidad de todo es que a qui�n visita es a mi mam�, ya que se trata de una nueva vecina que se la ha llevado bien con ella y r�pidamente se han hecho amigas. Esta mujer es un poco bonita, s�lo un poco aunque no es fea; yo m�s bien la encuentro linda y simp�tica m�s que bonita. Pensando en tener una relaci�n con ella s�lo le encuentro un contra: su edad, 31 a�os. Les puedo describir que es blanca, alta, delgada y con rasgos elegantes.

Cuando mi mam� me la present� la encontr� atractiva, y discretamente le di una miradita de arriba a abajo. Ella por su parte desde un principio demostr� que me encuentra atractivo. No es que me haya hecho esa idea, sino que en sus posteriores visitas, su mirada y su sonrisa me dieron esa primera impresi�n. Adem�s mi mam� me fastidi� un poco en esos d�as porque ella le coment� que soy simp�tico y se sorprendi� cuando supo que no tengo novia.

Un fin de semana lleg� a mi casa y yo estaba solo. No me sent�a capaz de encontrar un tema agradable de conversaci�n, lo que me atemorizaba y me impulsaba a despacharla r�pidamente, a pesar de lo antip�tico que esto representa. Esto �ltimo, entre otras cosas, y el hecho de que ella es muy amigable, me dio algo de valor; valor que nunca antes tuve porque jam�s, ni siquiera me hab�a unido a una conversaci�n de mi mam� con ella.

Por otro lado, admito que me sirvi� de ayuda la idea de que mi mam� ya estaba por llegar, as� que le ofrec� una bebida y me sent� con ella en la sala. Cuando ya no encontraba qu� decir, ella me coment� que la intenci�n de su visita era entregarle una revista a mi mam�, y entonces se la iba a dejar conmigo porque ten�a que irse a hacer unas compras. Cuando se puso a buscarla en su bolso, yo impulsivamente trat� de darle un vistazo disimulado a sus pies.

En vista de haber llegado a este punto, har� un par�ntesis para contarles lo siguiente, aunque no s� si me comprender�n: encuentro fascinante el que una mujer tenga los pies bonitos, o al menos bien cuidados de no ser as�. Digo esto considerando que de tenerlos feos no es culpa suya. Lo cierto es que es un af�n que toda mi vida he tenido, y cuyo origen y explicaci�n desconozco por completo.

De todos modos desde un punto de vista est�tico, salvo por ser en exceso superficial, esta actitud no es tan retorcida; como s� lo es el hecho de que al gustarme una mujer, instintivamente, tal como suceder�a si quisieran saber si alguien tiene los ojos del color que les gusta, yo busco saber… bueno, ya deben imaginarse. Disc�lpenme pero no fui capaz de terminar de escribir la explicaci�n de mi comportamiento porque s� que no es propio de alguien con la mente sana. El consuelo que me queda es que yo no soy superficial en otros aspectos, y en incontables ocasiones me siento seducido por el carisma, la personalidad, la nobleza y otras cosas m�s all� de lo f�sico, que pueden hacer que me guste una mujer haciendo caso omiso a mi inmunda naturaleza.

(Retomando la historia)

De repente, m�s r�pido de lo que yo esperaba, ella levant� la mirada hacia m� al tiempo que sacaba la revista y me dec�a que le diera a mi mam� las gracias de su parte. Yo sent� que me hab�a sorprendido en el morboso acto, ya que su movimiento para sacar la revista de su bolso fue tan r�pido que no tuve siquiera la oportunidad de cumplir con mi intenci�n y m�s bien termin� sobresalt�ndome. Yo que nunca he sabido disimular, me puse nervioso. Ella sonri� y me pregunt� que porqu� soy tan t�mido y no supe contestarle, y luego de mostrarme una sonrisa, para mayor sorpresa en un tono simp�tico pero a�n as� vergonzoso para m�, me dijo:

- Qu� l�stima que hoy llevo zapatos cerrados y no me vas a poder ver los pies

Yo me qued� pasmado. Al haber sido tan discreto, entre comillas, no sab�a cuando descubri� mi prop�sito y sent� mucha verg�enza, pero ella me dijo varias cosas que si bien no me disiparon esa emoci�n, al menos en aquel momento devolvieron el color natural a mi rostro. A continuaci�n se las voy a citar:

Los zapatos abiertos aparte de que combinan mejor con ciertas vestimentas y me permiten descansar los pies, no me gustan mucho porque se me llenan de polvo casi siempre, y eso es desagradable. Otra de las razones, y quiz� la mayor, por la que los uso es que s� que tengo los pies bonitos. No me molestar�a que les des un vistazo

En vista de esto me di la tarea de admitirle mi peculiar gusto. De todos modos le ped� discreci�n, pero ella me impuso que para conced�rmela deb�a ense�arle mis pies. Argumentaba que con semejante exigencia, yo deber�a tenerlos sanos y presentables, como m�nimo.

Como yo no tengo problemas con eso, me pareci� un precio muy bajo a cambio de mantener mi secreto. Me dispuse a descalzarme y ella se sent� junto a m� para observarme. Despu�s de pasar la prueba, le ped� que me disculpara.

- No encuentro ofensiva tu manera de pensar. Aunque me parece anormal que sientas cierta decepci�n al darte cuenta de que la mujer que te gusta no tiene los pies como a ti te parece que deber�a tenerlos. No s� si est�s mal de la cabeza, pero eso da mucho que pensar de ti - dijo.

Nunca me hab�a sentido tan apenado. Exterioric� mis sentimientos con respecto a lo que me dijo, tal como les cont� en el par�ntesis que hice hace unos p�rrafos, e incluso m�s profundamente, y ella me comprendi�.

- No te vayas a frustrar por lo que pas�.

- No, est� bien

- T� eres simp�tico y buena gente. �Por qu� no tienes novia?

- No s� c�mo hablarle a las mujeres. Por ejemplo contigo… estaba bien nervioso de tener que conversar cuando lo normal es que aprovechara la oportunidad

- Pero ya lo est�s haciendo, y creo que vas muy bien.

- Bueno, es verdad pero a�n as� lamento que haya sido por esa bober�a m�a

- �Ves! Ah� est� un ejemplo de porqu� no tienes �xito con las mujeres. Te encierras en la misma pol�mica, ya aclaramos lo sucedido y me siento satisfecha con ello. El que a�n siga aqu� es prueba de ello, quiero que comprendas eso y dejes de sentirte mal, �Ok?

- S�, gracias por entenderme. Tienes raz�n. Dejemos el asusto de los pies entonces

- �Me alegra!, voy a tratar de transformarte. Ya por lo menos me perdiste el miedo

- �Qu� piensas hacer?

- Para empezar te aseguro que no tienes porque sentirte inc�modo conmigo porque a mi me gusta tu compa��a tal como eres, y es m�s, me gustas

- Gracias, tu a mi tambi�n

- No me des las gracias, y ya s� que te gusto. Con esa miradita cualquiera se da cuenta. Esos diecinueve no se te notan. A otro de tu edad y con la manera en que me estoy insinuando, a estas alturas me lo tendr�a que quitar de encima

- �Crees que tengo salvaci�n?

- �Que preguntas haces! D�jame averiguarlo

Se me acerc� y luego me acarici� el ment�n y me bes� en los labios suavemente.

- �Te gust�?

- �C�mo podr�a no gustarme?

- �Si no me hubiera lavado los dientes hoy!.

- ��Qui�n sabe?!.

- �Qu� muchachito!. Cierra la puerta para que podamos besarnos un poco m�s

- Siento demostrarte m�s ingenuidad pero no s� hacerlo bien.

- No te preocupes que me lo imagin�. Te voy a dar una clasecita.

Segu� sus consejos y me pas� un buen rato practicando. Ella parec�a disfrutarlo y mi coraz�n estaba s�per acelerado y casi me pellizco por no saber si era realidad o no. �Ah! y adem�s de esto se me par� “ustedes saben qu�” pero no le prest� la mayor atenci�n porque la vi bien concentrada en lo suyo y creo que me sent� en confianza como para no avergonzarme si ella lo notaba. Me ped�a que no le apretara tanto los labios.

- �Eso lastima!.

Acaricia y succiona un poquito cada labio a la ves, el inferior o el superior, cualquiera de ellos uno por vez.

- Arr�palo entre los tuyos suavemente. Trata de entrar en mi ritmo

Terminamos de besarnos y ella comenz� a limpiar el l�piz labial de mi rostro y me dio un beso bien sonoro en la boca, como con cari�o. Con este beso creo que disfrut� m�s que con los otros, y con el silencio y su mirada directo a mis ojos sent� deseos de abrazarla y hasta la erecci�n se me baj� y termin� dici�ndole que creo que me he enamorado de ella. Me dijo que le caigo muy bien pero que disfrutara el momento sin hacerme ilusiones bobas.

- D�jate de eso. Debe ser la emoci�n del momento. Yo tambi�n me siento as�. Admito que de verdad me gustas mucho, sino no llego a este extremo. Yo no soy as�

- Lo s�… Bueno, pareces buena persona. Por eso me gustas

- Para serte sincera, me gustar�a ir a�n m�s lejos… �Te gustar�a estar conmigo?

- �No crees que es muy arriesgado?

- Claro que s�, pero podemos ser cuidadosos y no habr� problemas

- Creo que estoy un poco fuera de m�

- Yo tambi�n, pero no importa

Not� que ella ya no estaba tan firme como antes y estaba un poco temblorosa, pero eso hizo que me sintiera m�s enamorado y atra�do por ella. Despu�s de todo era d�bil como yo. Me comenz� a quitar la ropa. Me quit� la camisa y luego me baj� el pantal�n junto con el interior. De manera casi desesperada me dej� en pelotas y se qued� ah� sentada mir�ndome el pene, y menos mal que ya a esas alturas lo ten�a m�s fl�cido que erecto. Quiero aclarar que si debo estar desnudo frente a alguien, prefiero no tenerlo parado. Sent� un poco de verg�enza que me mirara desnudo, pero ella no tard� mucho en demostrarme su agrado con una cara de grata sorpresa acompa�ada de un comentario: �Qu� monada de pene!. Y despu�s me rode� con sus brazos alrededor de la cintura y en un tono m�s bajo dijo algo as� como: �Menudo desperdicio!

Luego se levant� y me bes� un poco m�s, antes de hacerse a un lado y comenzar a quitarse la ropa. Me qued� parado frente a ella y cuando ya estaba casi desnuda, s�lo le faltaba quitarse las bragas, se me comenz� a parar el pene, y no se me ocurri� m�s que decirle:

- Es la primera vez, desde que no soy un ni�o, que estoy desnudo frente a una mujer, y siempre cre� que me dar�a m�s verg�enza tenerlo as� tieso

�Y es verdad! es que cuando se me para, el prepucio se me echa para atr�s �l solo, y aunque lo devuelva a su lugar, no se mantiene all� y entonces el glande me queda expuesto. Y pues, a pesar de que me demostr� recibir una buena impresi�n al v�rmelo fl�cido, imagin� que le parecer�a feo o gracioso con esta nueva apariencia. Puede deberse a que el pudor me domin� finalmente, a pesar de la emotividad del momento. Entonces sonri� y se me acerc�, y luego de agacharse, me bes� los test�culos, que ya se me hab�an contra�do.

- No seas tonto, es algo natural que tarde o temprano te iba a pasar

- Al mirarte no pude evitar que me pasara. Te ves bien. Mis primeras tetas y mi primera “tu sabes” que veo

- �Co�o! es que de verdad que est�s bien achantado. �Quieres ba�arte conmigo? As� te acostumbras a tu desnudez y a la m�a, y se relaja tu cosita (Sonri�)

- �Es que �l no me hace caso!.

- Por poco me saco un ojo con esa cosa. Vamos a llevarnos la ropa y la dejamos en tu cuarto por si acaso.

Subimos al ba�o y nos comenzamos a duchar. Entre besos y caricias, ella pr�cticamente me ba��, y por supuesto me lav� “ustedes saben qu�” y la verdad es que comenc� a sentirme c�modo con mi desnudes, aunque mi pene sigui� erecto un rato m�s. Cuando ella comenz� a ba�arse, me dio la espalda y yo la abras�. Tom� el jab�n de su mano y la ayud�. Le enjabon� el pubis y los senos, y con la mano que ten�a libre la mantuve rodeada y aferrada a m� con desespero. Al final le lav� los pies y satisfice mi capricho despu�s de todo. Le frot� con jab�n cada dedito y al terminar le bes� uno de sus pies, ella me sonri� y apenas le solt� el pie, lo us� para toquetear juguetonamente mis test�culos y mi pene, que ya estaba fl�cido y colgaba graciosamente mientras yo estaba agachado. Le dije que se me iba a parar de nuevo si segu�a haci�ndolo, le sonre� y me levant�.

- Eso es lo que quiero. ��Ya sabes qu� vamos a hacer verdad?! Tonto.

- Creo que s�.

- �M�s te vale! vamos al cuarto.

Yo cerr� la puerta y al voltear la vi ah� como un hada; �pero mejor!… acostada desnuda en mi cama; se ve�a hermosa, tierna y complaciente, esperando por mi. Una vez acostado a su lado comenc� a besarla apasionadamente, aunque delicada y amorosamente; una mezcla sin sentido de muchos de mis sentimientos reprimidos. Ella me correspondi� a la perfecci�n y me abrazaba, y nos abraz�bamos hasta m�s no poder, le acarici� el rostro, el cabello y los senos; bese sus mejillas, sus labios, su frente, sus senos, su cuello y sus manos. En medio de toda la euforia me dej� llevar, y guiado por el tacto y quiz� por el mismo instinto, mi pene encontr� el camino a su vagina y comenc� a penetrarla. Lo hice suavemente; mientras segu�a acostado sobre ella.

Cuando comenc� a sentir el placer del coito, me di vuelta y ella se arrodill� en la cama, sentada sobre mi ingle y sin dejar de abrazarme y besarme, y entonces comenz� a mover sus caderas de un lado al otro y de atr�s hacia delante, as� que llegu� al tope y no pude contenerme. Entonces toqu� el cielo. Los minutos que pas� con ella se fueron volando, pero en mi memoria ser�n eternos por siempre.

�Disculpen!, les debe sonar rebuscada y exagerada mi descripci�n, pero comprendan que es dif�cil de explicar; de encontrar palabras que le hagan honor a las emociones que se sienten al amar, y mucho menos de la manera en que yo fui recibido y salvado de la miseria por esta linda mujer. �Bueno!, ahora s� ya m�s sobrio, les terminar� de contar lo sucedido despu�s.

Luego que terminamos nos dimos un par de besos y un te quiero se me escapo, pero fue una bober�a; aunque fue bello y puro lo que hicimos debemos ser realistas y aceptarlo tal como debe ser: no es ser esclavo de lo que puedan pensar los dem�s, pero una relaci�n amorosa entre nosotros no es posible. Y bueno, nos desatamos, sobre todo yo, y creo que ella hac�a tiempo que no ten�a pareja aunque no quise preguntarle para no involucrarme m�s. No s� si de aqu� a m�s tarde me d� otra calentura y quiera estar con ella, pero en lo m�s profundo de mi coraz�n prefiero que quede el momento que vivimos y que no lo arruinemos con encuentros clandestinos.

Bueno, luego del pr�fugo te quiero nos quedamos abrazados en silencio, me dio mucho sue�o y lentamente me qued� dormido mientras pensaba en todo aquello. Cuando despert� ella estaba en una esquina de la habitaci�n medio escondida y ya con la ropa puesta.

- No hagas ruido que lleg� tu mama.

- �Y se nos olvid� secar el ba�o!.

- �Tu siempre lo secas cuando te ba�as?.

- �Bueno!, no.

- �Entonces… tonto?

- V�stete y sales. En lo que haya un chance me avisas para salir escondida.

- Est� bien… no te preocupes

Me vest�, sal�, salud� a mi mam� y la atend� un rato y en cuanto se descuid� y sali� al patio, abr� la puerta de la calle y al ver todo despejado, fui y le avis� que pod�a salir. Antes de que se fuera le di un abrazo, le agradec� y me bes� en la mejilla y me dijo que pensara que hab�a sido un sue�o. Se fue sin problemas y hasta ahora ha venido de visita un par de veces y he tratado de incluirme gradualmente en las conversaciones con ella, y que no se me salga frente a mi mam�, la confianza que ahora siento con ella.

��Qu� m�s les puedo decir?!.

�Ah! lamento que haya sido as� y que no pasara algo m�s entre nosotros, pero queda el consuelo de que lo que pas�, fue grandioso.

Les ser� sincero, nos seguimos demostrando afecto cada vez que podemos, con miradas profundas y todo lo dem�s que se puede mostrar con distancia y disimulo. Un d�a de estos estoy seguro que le dir� Escap�monos lejos

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Me hizo masturbarme ante sus amigas

Escrito en Autosatisfaccion por Relatos Eroticos el Jueves 6 Abril 2006 a las 4:41 pm

La historia comenzó un día de verano del año pasado. Me encontraba en una librería cuando sonó mi teléfono móvil. Era Noemí, una amiga que estaba ofreciendo una despedida de soltera a una de sus amigas. Me pidió que la visitara para pedirme un favor. Llegué como a los 20 minutos, pues me encontraba relativamente cerca y no había mucho tráfico esa tarde. En cuanto entré, las miradas de todas se posaron en mi cuerpo. Eso me extrañó, pues no soy un modelo profesional o un actor de cine. Soy un tipo completamente normal, delgado y en buen estado físico, pero completamente dentro del promedio. Eran unas 15 chicas. Todas ex compañeras de Noemí, de la universidad. Después de un “Hola” general, se hizo un silencio total.

“Que pasa aquí”, pensé.

Y así de la nada, Noemí soltó:

- Queremos ver como te masturbas frente a nosotras.

- ¿Qué? ¿De que demonios hablas?

Mi sorpresa fue tanta que todas comenzaron a reír.

- Eso, que queremos ver como te masturbas.

- ¿Pero como me pides eso? ¿Porqué? ¿No entiendo?…

Mi confusión era mayor cada vez.

- Mira, el stripper que contraté no llegó. Ya se nos acabaron los juegos y también se nos acabó el alcohol, así que ya te darás cuenta que queremos divertirnos. -Dijo. - Además, Tu eres muy abierto, y me debes varios favores. Me dijiste que si te presentaba Verónica mi compañera del trabajo harías lo que yo quisiera, así que me estoy cobrando el favor.

Después de varios minutos de pensarlo, me dije “¿porqué no? Creo que me la voy a pasar fenomenal”.

- Está bien, pero necesito algo de alcohol yo también. Esto que me pides no es muy normal.

Me tomé un vaso de ron de un solo trago (necesitaba algo del valor que solo el licor puede dar en un momento como ese).

- ¿Y sabes que? - Dije, algo más decidido ya. - Necesito algo de motivación extra. Alguna de ustedes tiene que quitarse la blusa y la falda o el pantalón.

Tú Sonia. Siempre he tenido fascinación por tus senos. Y tú, Susana, tienes las mejores caderas y nalgas de todas.

- Estás loco!!! - Dijo Susana.

- Vaya, si voy a hacer mi espectáculo frente a todas, por lo menos ayuden en algo!.

- Vamos Susana! Las animaban las demás.

- Está bien, pero comienza tú a hacer lo tuyo y nosotras te seguimos.

Me desabroché el pantalón y me bajé los boxers solo unos centímetros. Me sentía realmente extraño y apenado, pero esto ya había llegado al punto de no retorno. Me senté en una de las sillas libres, saqué mi pene y comencé a masturbarme lentamente, frente a todas, pero seguía flácido. Realmente estaba muy nervioso, pero sentir las miradas de todas sobre mi pene hizo que comenzara a excitarme. Todas comenzaron a corear que continuara y a aplaudir divertidas. La estaban pasando muy bien y yo estaba cada vez menos nervioso. Por fin, Sonia se quitó lentamente la blusa, dejando un tremendo par de senos enmarcados en un sostén de media copa que los hacía verse más deseables de lo que hubiera podido imaginar. Para entonces mi pene ya era una roca y yo ya estaba disfrutando del momento.

Me puse de pie para mirar más de cerca ese par de montes, símbolos de perfección, obras de arte y para no perderme detalle de los movimientos de Sonia al dirigir sus manos a su espalda y quitarse el sostén. Al quitarse la prenda, estaba yo tan cerca de ella que percibí un leve temblor en sus senos al estar libres. Eso hizo que me elevara la temperatura aún más!. Me encontraba completamente embobado con sus senos cuando las voces de las demás me hicieron voltear. Susana se estaba bajando los pantalones. Traía unas panties blancas increíbles y sus nalgas eran realmente muy, muy ricas. Con los pantalones hasta los tobillos, se dio media vuelta dándome un espectáculo que jamás olvidaré. Ese par de nalgas que siempre me había imaginado como algo perfecto era mejor todavía.

Yo escuchaba los gritos de todas las chicas como algo muy lejano. Estaba completamente hipnotizado. Para entonces ya mi mano iba de arriba a abajo cada vez más rápido. Mis huevos querían explotar por la excitación. Las miradas de todas en mi pene hacía que me excitara más y más. Para entonces mis pantalones ya estaban en mis tobillos y yo me encontraba hincado en el suelo, turnando la mirada de los senos de Sonia y sus pezones totalmente erectos, a las miradas de todas y a las nalgas de Susana. Sazonaba mi excitación el saber que me estaba masturbando frente a tanta chica y mirar a cada una a los ojos, que los abrían cada vez más por su propia excitación era una experiencia tremenda. Una de las chicas (no recuerdo cual), comenzó a quitarme la ropa y en un momento quedé completamente desnudo.

- Siii!! Adelante!! La animaban las demás.

Susana ya se había quitado las panties para entonces, pero seguía de espaldas. Por ningún motivo me iba a perder de la oportunidad de mirar a Susana semi desnuda de frente! Así que comencé a moverme en su dirección, pero la chica que había comenzado a quitarme la ropa minutos antes me detuvo. Las manos de todas me tenían atrapado. Una me tenia agarrado del pecho, otra me sobaba las nalgas y otra más me apretaba los huevos. Todas se estaban divirtiendo de lo lindo y yo más. Sonia comenzó a apretar sus senos uno contra otro y Susana se agachó (siempre de espaldas a mi), aumentando el espectáculo visual. La visión de su raja la tengo grabada en granito dentro de mi mente. Eso fue demasiado. Una explosión de semen salió disparada, cayendo sobre la chica que tenia frente a mi. Los gritos aumentaron. Era un desorden total el lugar. Caí rendido en el suelo con mi pene apuntando aun al cielo. Aunque yo había terminado (y rendido, por cierto), la diversión para ellas no iba a terminar aún.

- Quién quiere masturbarlo de nuevo! - Gritó Noemí.

- Eh! Esperen! Estoy totalmente agotado!

Inmediatamente, el grupillo de cinco o seis de las chicas que eran de las más entusiastas se abalanzaron sobre mi pene para reiniciar la tarea. No estaba seguro que mi equipo me fuera a funcionar con solo un par de minutos de descanso, pero la vista de Sonia, que seguía con los senos al aire, y de Susana, que se estaba bajando los pantalones de nuevo, me prendió, sorprendiéndome a mi mismo. “Esta noche me voy a morir” - Pensé. Cinco pares de manos se turnaban a masturbarme, a veces varias al mismo tiempo. Estaban como locas. Los apretones a mis huevos, nalgas, abdomen y pecho me estaban volviendo loco. Sin pensarlo dos veces, metí mis manos bajo la blusa de una de las chicas y me aferré a sus senos como si fuera una tabla de salvación. Con una sonrisa pícara, entrecerrando los ojos, volteando hacia arriba después y pasando su lengua por sus labios me dio a entender que fue la decisión correcta. Sus pezones competían en dureza con mi pene, ahora revitalizado por muchas manos expertas. Llegó Noemí por detrás de ella y de un tirón le quitó la blusa. Yo no solté sus senos ni un segundo.

- Gracias! - Le dije a Noemí, que me devolvió el agradecimiento guiñando un ojo.

Otra explosión llegó en ese momento. Volví a disparar una carga que cayo sobre alguna de ellas. Hasta ahí llegué. Ya no podía más, pero había tenido los dos mejores orgasmos que pudiera recordar. Tenía que agradecerle a los dioses toda la vida por ello.

Todas lo pasaron muy bien esa noche, yo me llevé una experiencia irrepetible y Noemí se quedó satisfecha por haber dado una despedida de soltera que no iban a olvidar. Solo volví a ver a Susana y a Noemí y reímos recordando aquellos tiempos que nos divertíamos sin importarnos nada.

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Escrito en Varios, Anuncios por Pornografo el Jueves 6 Abril 2006 a las 4:27 pm

Aprovecho esta oportunidad para recomendarles un sitio que acabo de encontrar que esta muy bueno,

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