Raras costumbres

Escrito en Autosatisfaccion por Relatos Eroticos el Martes 1 Agosto 2006 a las 7:38 pm

Parece que cuando se habla de sexo esto es solo patrimonio de los hombres y no es verdad. Las mujeres también tenemos muchas fantasías y en cuanto podemos las llevamos a la practica.

Por ejemplo, este verano estaba en la piscina con mi novio Raúl dándonos un buen chapuzón y sin que este se diera cuenta me que quede un ratito mas en el agua. Mientras el se secaba y tomaba el sol. Yo no tenia otra cosa que hacer que meter mi mano por debajo del bikini y masturbarme como siempre lo hago, frotándome el clítoris. Claro, la gente no se da cuenta porque estoy metida en el agua aunque mis movimientos son muy enérgicos. Si se dieran cuenta no sé lo que pasaría puesto que soy muy atractiva, de buen cuerpo. ¿Y que es lo que hago?. O ¿en quien pienso?. Pues me dedico a ver y a imaginarme cosas. Leí en una revista una vez que esto es patrimonio de los hombres.

Había un chico, fuera de la piscina leyendo, sentado; bueno mas que un chico era un hombre de treinta y tantos pero que me daba mucho morbo porque apenas tenia barriga. Y era bastante atractivo. Me imaginaba que me descubría, se tiraba de pronto al agua, llegaba hasta a mí y disimuladamente me metía un dedo en la vagina. Así hasta llegar al orgasmo que es lo que me termino sucediendo. Luego me imaginaba que quedábamos en la intimidad de su casa y me hacia el amor. El no paraba de eyacular.

Cuando me canse de este, me fije en el socorrista, el típico tío escultural con espaldas de nadador. Este, sumergía su cabeza en el agua y me lamía todo el bajo vientre, empezando por las piernas y luego en un rincón me sentaba follándome implacablemente. Raúl no se enteraba de nada.

Pero me canse pronto y me fije en un gordo, viejo y baboso que llevaba un tanga y me puse muy cachonda. Me imagine que se metía en el agua y yo llegaba le cogía su picha y le hacia una paja. Costaba que se le pusiera dura lo cual a mí me encantaba. Hasta que terminaba eyaculando. Pero es entonces cuando me sorprendía sentándome sobre él, besándome en la boca y follándome aunque la tuviese doblada. Y volvía a eyacular. Tuve un segundo orgasmo. Me pase. Jadee. No sé si alguien se dio cuenta.

Pero una mujer siempre es una mujer y me imagine que mi novio Raúl se metía en el agua y yo le hacia una soberbia mamada acuática. Luego me follaba a cuatro patas. El agua se quedaba impregnada de su esperma.

Yo seguía fantaseando y masturbándome cuando sucedió algo imprevisto. Vi a una chica que se metía en el agua y volvía a salir. Era una rubia. Me di cuenta de que Raúl se le quedo mirando. Me fije que tenia un culo más grande que el mío, mejores pechos, rostro más hermoso, mas alta, de hombros anchos, más corpulenta. Sentí que me excitaba. Soñé con que de pronto se lanzaba al agua y se abalanzaba sobre mí. Apretujándose. Bajándome mi bañador y el suyo. Estrujando sus tetas contra las mías. Besándome en la boca. Metiendo su lengua. Sintiendo su aliento sucio. Oliendo en cambio su delicioso perfume. Apretando su vagina contra la mía. Clítoris contra clítoris. Violándome sin serlo. Ella era mas fuerte que yo. Me decía al oído que yo era una pusilánime. Se formaba un remolino de agua a nuestro alrededor por el ímpetu de sus movimientos y de los míos.

La piscina entera se había dado cuenta. Y algunos tíos se la meneaban. Mi Raúl no. Cogía la toalla, la bolsa y se marchaba. Y aquello me gustaba. Se marchaba porque la mujer que me tenia atrapada era una bestia.

Así llegue al tercer orgasmo. Suspirando. Creo que una vieja se dio cuenta, je, je, je…

Cuando salí del agua, Raúl me dijo que llevaba una media hora metida. ¡Que pesados son los hombres!. Siempre están pendientes de ti. Sé que luego cuando estemos en el coche me va a pedir que lo hagamos pero la verdad es que yo ahora no tengo ni pizca de ganas. Le diré que estoy cansada y además es que es verdad.

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Los pies de un negro desconocido

Escrito en Fetichismo por Relatos Eroticos el Martes 1 Agosto 2006 a las 10:42 am

Mi obsesión por los pies me llevó a tal grado de lamerles los pies a un hombre en un cine porno, sin importar las consecuencias. Ese día estaba aburrido y no sabía para donde ir, así que me puse a lujuriar a los manes que pasaban por enfrente de mí y así, por lo menos fantasear con ellos en mi imaginación. Imaginando como estaría a esa hora del día sus pies. Me imaginaba sentirle el olor rico a pies, unos pies sudados, un olor a macho. Pero como deseaba en ese momento descargar un poco de pasión me dispuse a ir a un cine donde se presenta películas porno. Cuando entré había una tanda de locas caminando de un lado a otro con ganas de tener una verga en la boca.

Después de ver ese panorama me decepcioné, así que pensé que sería mejor haberme ido a mi casa. Pero para no perder lo que había pagado, me dispuse a que me quedaría un rato hasta que me cansara. Busque una banca y me senté en una parte bastante oscura. Observaba la película para que me entrara la arrecherra y así hacerme una paja en el nombre de algún man.

Mientras me pajeaba sentí que se sentó al lado una persona, así que guarde mi verga porque pensé que era una loca de esas que estaban sedientas de placer igual que yo. Luego, cuando miro con el rabo del ojo noto que era un negro, pero no era un negro cualquiera. Era un negro grande y fuerte, bien macho. Después de un rato noto que él se quita el sweter, por que hacía calor. En ese instante mi corazón comenzó a latir cada vez más. El no miraba hacia donde estaba sentado, su mirada estaba concentrada en la película, al menos pensé eso. Después de un rato siento que el se baja el ziper del pantalón y se saca poco a poco la pinga, era una pinga descomunal, era sumamente grandota. Noto como se masturbaba sin importarle que estuviera yo allí. No sabía como sentarme, por que eso me ponía a millón.

Para tantearlo le hice señas para ver si me podía sentar a su lado y sin dudarlo me movió la cabeza con afirmación. Así que me senté al alado de él. No me día cuanta cuando ya tenía en mis manos ese pesazo de verga. Él me hace señas de que se la mame y sin pensarlo mucho me lo metí delicadamente a la boca. Tenía un olor a sudor, un olor muy singular al de las mayorías de los hombres. Mis labios jugueteaban con ese pedazo de verga. Le mamé toda la verga, incluso le lamí las chacaras (testículos) el sabor de ese macho era espectacular. Luego guía mi cabeza con sus manos y me hace que le huelas los pelos de la verga, me susurra y me pregunta: ”¿Te gusta como huele?”, le respondí que si que era fenomenal.

Después de un rato de tener allí ocupado con su verga me dice: “bésame los pechos”, ni un instante dudé y obedecí. Como hacía calor podía sentir el sudor bajarle desde su cabeza y seguir por el abdomen. No solo le bese los pechos sino que mis labios recorrieron cada parte de su cuerpo marcado por cada unos de sus músculos, sintiendo ese sabor masculino. Estaba rico tan rico, que mi labios, como dirigido por un imán llegaron a las axilas de él. Era un olor indescriptible que me volvía loco. Lo único que hacía era cerrar los ojos del placer que le producía todo lo que yo le hacía.

Posteriormente, vuelvo a la verga de él. Sentí de pronto unos chorros leche en mi boca. Él pensó que iba a sacar la verga, así que me agarró la cabeza para que no sacara la verga de la boca. Estaría loco si desperdiciaba esa leche paterna. Fueron varios pulsaciones de leche hasta que pude retirar esa verga de mi boca. Fue sensacional lo que me acaba de ocurrir. Claro está para él también, porque me dijo que esa mamada esta deliciosa.

Después de eso él se recuesta en la banca y saca sus pies de sus botas de construcción. Le pregunto si le dolían los pies y me contestó que sí. Me dijo que estaba trabajando y fue allí para distraer su mente. Que acaba de salir de trabajar. Como yo quería saborear unos pies, no sabía como decirle que quería lamerlo. Así que le dije que si quería que le hiciera un masaje y me dijo que estaba bien. De manera que él subió unos de sus pies en mi muslo y le comencé a masajearlo con las medias puestas. El olor de las medias era tan masculinas que quería sentir el mismo olor de sus pies. Por lo que le quité las medias y poco a poco mis labios comenzaron a recorrer dedo por dedo de ese rico pies. Calzaba como un once de zapatos, porque estaban grande. Emanaban un olor que no puedo describir, ya que solo el que vive esa sensación lo puede decir. Sus pies eran ásperos como los de un verdadero macho.

Así que nuevamente comenzó la arrecherra. Lo único que hacia era cerrar los ojos del placer que le producía esa sensación que para el era algo novedoso. Bueno, al menos eso fue lo que me dijo, que nadie antes había hecho eso. Mi nariz se introducía entre sus dedos para sentir ese olor peculiar de un verdadero hombre. Mis labios pudieron recorrer cada parte de ese exquisito pie masculino. Fueron como una hora de masaje, besos y caricias en esos pies negros. Pies que pudieron complacer lo que estaba buscando con ese día tan caluroso. Mientras disfrutaba de esos pies, él se masturbaba con gran fuerza hasta que pudo venirse nuevamente. Solo me pidió que me quería echar la leche en la boca para que no se desperdiciara.

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