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Sexo con pareja casada

Escrito en Infidelidad por Relatos Eroticos el Viernes 4 Agosto 2006 a las 7:50 pm

Después de lo ocurrido en el garaje, mi mente no paraba de pensar en lo bien que me lo había pasado y no dejaba de pasarme imágenes de todos esos momentos de placer. Yo no quería volver a serle infiel a mi marido pero mi excitación por lo ocurrido y el deseo de saber que más me podía dar Luis me hizo llamarle para aceptar su invitación. Tras mucho pensármelo, marque su número de móvil y le llamé. Estuvimos hablando unos minutos, me preguntó por el coche, por mi estado después de aquel día y quedamos para el día siguiente en su casa.

Hacía frío ese día en la calle por lo que decidí vestirme bien abrigada. Llegué a su casa, un edificio con 6 alturas. El vivía en el 4º. Llamé a la puerta y para mi sorpresa, abrió una chica alta y morena con una amplia sonrisa. Pensé que me había equivocado y me disculpé, a lo cual ella se rió y me pidió que pasara.

Ya dentro de casa me invitó a sentarme en el sofá y me sirvió un café. Fue cuando me explico todo. Se llamaba María y era la mujer de Luis (yo desconocía que tenía mujer) y por lo visto, les gustaba practicar sexo con otras personas. Ella era, como ya os he dicho antes, alta y con pelo negro, el cual hacía resaltar sus ojos verdes y su tez blanca. Me llamó mucho la atención sus largas y carnosas piernas. Tiene caderas anchas, culo ancho pero plano y unos pechos preciosos, una talla 100 más o menos. Iba vestida con una bata de estar por casa que dejaba al descubierto, a cada paso que daba, sus largas y blancas piernas.

Después de conversar un rato, Luis abrió la puerta de la calle y entró en la habitación. Se acercó a su mujer la dio un beso y se dirigió hacia mi. Me agarró de la cintura y me beso en la boca. Se sirvió un vaso de coñac y se sentó en frente del sofá donde yo estaba sentada. María se acercó a él y dándome la espalda se soltó el cinturón de la bata y dejó que ésta cayera resbalando por su precioso cuerpo. Quedó totalmente desnuda y desde la posición mía, pude ver un cuerpo alto y muy blanco con un culo un poco caído y plano.

Luis se levantó y bajándose la cremallera le ofreció su gruesa polla. María la agarró con fuerza y comenzó a chupársela mientras Luis se desvestía. Después de un rato de sexo oral, María se dio la vuelta y se dirigió hacia mí con una sonrisa en su boca. Se arrodillo en frente mío y me hizo levantar. Una vez levantada me desabrochó el pantalón y me lo bajo, dejando al descubierto mis braguitas blancas. Siguió con éstas, luego con la chaqueta, para acabar con mi sujetador. Me dio un empujón y me tiró contra el sofá. Se inclino y comenzó a lamerme el coño. Nunca había estado con una mujer y al principio me resultó raro pero al cabo de un rato cerré los ojos y me dejé llevar.

Yo ya estaba muy caliente gracias a la juguetona lengua de María cuando abrí los ojos y pude ver que Luis estaba follándose a su mujer por detrás. Esta gemía de placer en cada embestida y el aliento que desprendía en sus gemidos llegaba a mi coñito ya húmedo haciéndome enloquecer cada vez más.

Luis se apartó de detrás de su mujer y haciéndole una señal, ésta se subió al sofá y puso su depilado pero jugoso coño en mi cara. ¡Chúpalo! Me dijo.

Me dio asco pero accedí. El sabor era extraño pero a la vez agradable. Oía gritar de placer a María cada vez que movía mi lengua y eso me excitaba mucho hasta que Luis, sin previo aviso, me agarró de las piernas, me las levantó y comenzó a follar mi húmedo coñito. Sus embestidas eran fuertes, las cuales me hacían recorrer todo el coño de María con mi lengua., ésta no tardó en correrse en mi cara soltando un pequeño líquido espeso que cayó en mi boca. Yo no tardé mucho más en correrme también soltando unos gritos que seguro oyeron todos los vecinos. Luis siguió un rato follándome hasta que sacó su polla de mi caliente coño y se la clavo a su mujer en la boca, eyaculando dentro de ella. Después de que María le limpio su semen con su lengua, se acercó a mí y me traspaso todo éste para que yo me lo tragase, cosa que hice no sin antes darle un beso con lengua a ella.

Desde este día suelo alternar mis citas con hombres y con mujeres, y la verdad, no sé cual me gustan más de los dos, eso si, hago caso a Luis en todo lo que me dice, ya que es éste el que me consigue todas las citas.

En mi siguiente relato les contaré como fue la siguiente experiencia con una tía de Luis de unos 50 años.

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Mis sueños realizados

Escrito en Infidelidad por Relatos Eroticos el Viernes 4 Agosto 2006 a las 8:52 am

Comenzaré diciéndote que siempre había soñado con hacer travesurillas en el cine pero a mi esposo nunca le ha gustado el cine (ni las travesurillas) y otra cosa que me pasaba es que no dejaba de pensar y a veces hasta soñar con una persona que conocí en el mismo gimnasio donde yo asistía hasta hace algunos meses.

Como ya te dije estoy casada, con un hombre bastante celoso y también mal amante, bueno, no nos hemos comprendido en esto del sexo, ya no discutimos sobre el tema, pero antes solíamos hacerlo, cuando yo le explicaba como me sentía después de haber hecho el amor (mal) y claro, según él, la culpa de que no disfrutara la tenía yo.

Bien, otros datos sobre mí es que tengo 35 años y trabajo en una empresa donde hace poco me enviaron a otra ciudad a tomar un curso de capacitación. Mi marido estaba muy ocupado en esas fechas por lo que no podía acompañarme, y después de darme mil recomendaciones, permitió que me fuera sola.

El primer día lo pasé en ese tedioso curso-taller, y ya por la noche bajé a cenar al mismo restaurante del hotel donde me hospedaba. Y cuál es mi sorpresa al ver que entraba también esa persona con la que tantas veces había platicado en el gym, de cosas triviales, sobre el trabajo, el clima, en fin; recordando también que cuando platicábamos yo lo notaba nervioso, sentía que le gustaba y pues él no me era indiferente; algunas veces nos cachamos viéndonos por el espejo mientras realizábamos los ejercicios de rutina.

Se acercó a mí sonriente y sorprendido de encontrarme ahí, al saber que yo iba sola me pidió autorización para compartir la mesa, a lo que encantada le dije que sí; bueno, además de que me agrada, ya no seguiría sola, ahora estaría muy bien acompañada.

Estuvimos platicando de varias cosas, del motivo de nuestros respectivos viajes, de que ya no me había vuelto a ver en el gym, y así hasta que llegamos al tema de nuestros gustos, coincidiendo ambos entre otras, en nuestro gusto por el cine. Entonces él me dijo que si que me parecía si íbamos al cine al día siguiente, antes de que me regresara a mi ciudad, ya que el curso había sido solo ese día y ya por la mañana solo pasaría a recoger unos papeles para llevar a mi trabajo. Me puse algo nerviosa y dudosa cuando me hizo la invitación, él lo notó pero me animó diciendo que si era por mi esposo, que no tuviera miedo, pues estábamos en un lugar donde nadie nos conocía y no podría llegarle el chisme. Además pensé que en realidad no pasaba nada, iría con un amigo. (amigo?).

El día de nuestra cita, ni para qué decirte, ya te imaginarás que estuve súper nerviosa, pensando qué ropa usaría, que me quedaba mejor, temblaba de emoción, qué iba a hacer? yo sola con alguien que no es mi esposo? mil cosas pasaban por mi mente. El caso es que finalmente escogí una falda muy bonita blanca con flores azules y rosas, una blusa con botones por enfrente y de ropa interior llevaba una tanguita azul con encaje, igual era el sostén; mis piernas lucían bastante bien desnuditas y con tacones altos. La verdad es que Iván me miró con admiración, por lo que consideré que había quedado guapa para la ocasión.

Quiero que sepas que en ningún momento dejé de temblar de emoción. Llegamos al cine y yo todavía no podía creerlo. Ocupamos unos lugares muy discretos y ya la oscuridad se hizo nuestra cómplice. Comenzó la película y al principio tuvimos roces con nuestros rostros, porque pasaba algo en la pantalla y nos acercábamos a comentarlo; mi respiración tenía que haberse escuchado en toda la sala, era agitada y llegó un momento en que nos quedamos muy serios; de pronto él recargó su mano en mi muslo al sentarme había quedado descubierto. Yo boquiabierta, precisamente no quise poner mi mano en el brazo del asiento, para que no tuviera el pretexto de tomarla y resulta que tomó mi muslo.

Ni hablar de lo nerviosísima que estaba y excitada además. Al ver que no dije nada, siguió acariciando mi muslo y con su otro brazo rodeó mi espalda, me acercó hacia él y me dio un profundo beso. Mi corazón no podía más, latía con fuerza, jugó con mi lengua, mordisqueó mis labios. Mientras su otra mano ocupada con mi pierna, que subía cada vez más atrevidamente, hasta tocar mi parte, notando que se excitó demasiado cuando se dio cuenta de que estaba húmeda y además que se sentía depilada, suave. Siguió con su caricia yo no podía resistirme, estaba más que excitada, fue bajando poco a poco la tanga, y me hizo levantar para bajarla hasta quedarme sin ella. Con esto ya pudo acariciar más y más, de pronto se inclinó y abriéndome las piernas lo más que pudo empezó a lamer… era sensacional, esa emoción, esa excitación, ese sentir. Sin importar nada, sin pensar en la posibilidad de alguien observando, me acomodó mis piernas una en cada brazo del asiento, pasando así a lamer con mas comodidad, admirando mi vagina, diciendo cuanto le gustaba, que se veía bien y que sabía deliciosa. Yo desesperada tomaba mis pechos estrujándolos y tomaba de vez en vez sus cabellos en señal de lo excitada que estaba y de lo que me encontraba disfrutando.

Dejó de lamer para chupar mi vagina, llegando a mi clítoris, sintiendo desfallecer cada vez, recorría con su lengua magistralmente todo, alrededor de los labios vaginales, el clítoris, bajaba y subía hacia mis pompis, quería abarcar todo. Yo me contraía, subía mis nalgas hacia él, quería que todo estuviera en su rostro. Era increíble lo que estaba pasando, sentía que tocaba el cielo, hubiera querido gritar de placer, más solo emitía unos débiles gemidos por la ocasión, por el lugar. Fueron los momentos de más excitación y gozo, una experiencia maravillosa.

Siguió en esa posición hasta que no aguantando más me vine en su boca, me miraba con ternura, con satisfacción. Decidimos salir de ahí, y nos fuimos al hotel donde ambos nos hospedábamos, teníamos que concluir con eso fenomenal que habíamos empezado. Al llegar a su habitación nos metimos a la regadera donde nos limpiábamos uno al otro y… bueno, lo que sigue es motivo de otro relato, el cual les platicaré muy pronto. Gracias.

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