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Por fin comparti a mi mujer

Escrito en Intercambios por Relatos Eroticos el Miércoles 22 Noviembre 2006 a las 7:26 pm

Somos un matrimonio normal con 9 años de casados. Yo tengo 37 y Maria es chiquita, de 33 años y con muy buen cuerpo y unas lolas arregladitas por el cirujano luego de amamantar 3 hijos, por lo que le han quedado grandes pero muy naturales.

Desde novios hemos fantseado con un trio, generalmente con hombres pero tambien aparece alguna linda mujer en los juegos, pero Maria nunca se decidió ya que pensaba que podría perjudicar nuestra relación de pareja a posteriori.

Todo se dió de manera natural. El año pasado viajamos solos a una linda isla del caribe, hotel hermoso, playas de ensueño, calor, mar y unas noches increíbles daban el marco a las mas variadas formas de tener sexo, pero no se habia planteado la idea del trio hasta esa noche en que cenamos en la marina y me sorprendí de ver a Maria muy interesada en un cantinero italiano de unos 30 años. Morocho muy pintón y con muy buena onda . Nos ofreció, luego de charlar largo rato y algunas copas, hacernos de guia en la noche del lugar. Maria tenía un vestido de gasa blanco, sin nada abajo, de esos que solo usan las mujeres en los viajes de este tipo ya que se transparentan o dejan ver laterales muy insinuantes y ella gozaba de sentirse atractiva y mirada por otros hombres.

Sebastian, nos llevó a un lugar muy apartado donde funcionaba un boliche típico sobre la playa misma. Varios lugareños y algunas parejas de turistas bailaban por doquier. A poco de llegar Maria bailaba sensualmente con Sebastian sin que para mi existiera nada de raro, mas allá que la idea macabra ya rondaba mi morbosa cabeza. Sebastian debe haber notado tanto la predisposición de María ( amén de que estaba realmente deliciosa) como mi aprobación a sus acercamientos y disimuladas caricias sobre su sensual vestido, que apenas rozaban los costados de sus pechos. A todo esto Maria ya bailaba en una suerte de trance sexual, como borracha de placer por la situación de morbo que vivía y no evitaba sus acercamientos, al contrario, los provocaba y a la vez me miraba con algo de culpa, miedo y buscando aprobación.

En determinado momento, hacia mucho calor y buscamos refrescarnos con el aire de mar y salimos hacia la playa, al alejarnos un poco del tumulto abracé a Maria de manera de ponerla de frente a Sebastian y la acerqué disimuladamente primero, esperando su reacción y la de él mismo, Tomé sus pechos por debajo de su vestido y una exclamación de placer me indicó el camino esperado. El se sacó su camisa, se acercó y aceptó muy canchero el convite, tomando suavemente los pechos de Maria por debajo de su vestido besando su cuello, mientras yo acariciaba su pequeña tanguita buscando hacerla a un costado para llegar a su depilada vagina que ya se encontraba totalmente empapada en sus jugos.

Maria permanecía inmovil disfrutando, dejando que jugaramos con su cuerpo mientras Sebastian le ofrecía su miembro para que lo tomara con sus delicadas manos, cosa que hizo en forma decidida a pesar de su alteración del pulso, lo que le provocaba un temblequeo en todo su cuerpo. A los pocos minutos Maria yacía sin ropa en las arenas blancas y por primera vez hizo realidad su sueño de tener otro miembro entre sus piernas. Sebastian la penetraba suavemente al principio y luego todo fué pasión y desenfreno. Maria cambiaba de posición, haciendo que yo la penetre por detrás mientras le besaba largamente el miembro a Sebastian y al rato era él quien la penetraba nuevamente hasta que pidió que la penetraramos ambos a la vez por su vagina, cosa que no me extrañó ya era una de sus prácticas preferidas con un consolador simil piel en nuestra casa .

Al principio no fue facil lograr que dos penes de gran tamaño entraran en su hermoso agujero pero una vez que lo logramos, ambos comenzamos a movernos en forma rítmica suave y armoniosamente haciendo las delicias de María que gemía de placer como pocas veces la había visto. La inundé con litros de semen en una excitación enorme y la dejé en manos de Sebastian que le brindó todo tipo caricias y distintas penetraciones posibles mientras jugaba astutamente con su ano preparando la gran final, apoyando la cabeza de su miembro suavemente y esperando los movimientos de ella que con algo de miedo y dolor hizo que la totalidad se perdiera en su interior para luego él mismo cabalgar hasta hacerla acabar de manera increíble.

Yo no daba mas y me coloqué por debajo de ella tratando de meterla en su vagina antes de que semejante embestida hiciera que Sebastian acabase por última vez, logrando una doble penetración de orgasmo y placer inolvidable.

Nos tiramos en la arena los tres exhaustos y muy astuto Sebastian nos dejó solos, nos habia regalado la mejor noche de nuestra vida de pareja y ahora nos besabamos con amor complice, abrazándonos para apaciguar nuestros sentimientos de culpa y confirmar nuestro amor y convencernos de haber logrado una extraordinaria experiencia de sexo en pareja.

A partir de ese dia nuestras relaciones fueron mucho mas sinceras y seguras. No volvimos a practicar un trio pero………..
no faltará mucho para una nueva ocasión.

Cornudo en el -pasillo francés-

Escrito en Gays por Relatos Eroticos el Miércoles 22 Noviembre 2006 a las 6:54 pm

Mi novia es sumisa y yo soy cornudo. Y sumiso. Ambos hemos intercambiado papeles dominándonos mutuamente pero la verdad es que no tenía mucha gracia porque ambos sabíamos que era un juego, que no valíamos para dominantes. Tendríamos que encontrar a alguien que nos dominara a ambos; una pareja dominante que nos sometiera a los dos. Pusimos contactos en algunas revistas y tras seleccionar las respuestas elegimos a una pareja joven, más joven que nosotros, que eran muy atractivos y estaban físicamente muy bien. Ellos decidieron que nuestro dormitorio sería el lugar en el que lo situaríamos todo y que tendríamos que recibirlos en las adecuadas condiciones pues nos habían ordenado explícitamente que tendríamos que estar los dos desnudos al abrir la puerta y ella tendría que arrodillarse y lamer la polla de él para darle la bienvenida.
Así lo hizo mi chica que le dio una buena mamada a nuestro amo, mientras mi ama se ponía detrás de mí, me cogía de las pelotas y me decía que mirara bien cómo un macho de verdad se follaba la boca de mi chica, de mi novia, de mi mujer
- ¿Te gusta ver como la polla de un hombre de verdad entra en la boca de tu mujer?
- Sí, respondí, mientras gemía por la apretura de las pelotas que ella me hacía.
- Entonces vas a lamerme el culo para darme las gracias por semejante favor que te hago- me dijo dándose la vuelta, subiéndose la falda y ofreciéndome su hermoso culo para que metiera la lengua en él y lo lamiera y perfilara con la punta de mi lengua mientras ella gemía de placer y mi mujer seguía arrodillada a mi lado lamiéndole la polla a su amo, a nuestro amo.
Casi logré que ella se corriera porque la verdad es que quería comerme su culo y lo lamía y penetraba con afán; aunque ella de pronto se apartó, le hizo gestos a su marido para que dejara de meter la polla en la boca de mi mujer y nos dijeron que los lleváramos a nuestro dormitorio, a nuestra cama de matrimonio. Y allí los llevamos.
Esta será a partir de ahora nuestra cama -dijo ella.
Aquí os someteremos y cada vez que queramos vendremos a follaros y a hacer con vosotros lo que queramos -añadió él
Sí, por supuesto - dijimos los dos al unísono.
Y procedieron a servirse de nosotros follándose mi boca o follándose a mi mujer con mi anuencia y beneplácito, porque además tenía que limpiarlos después de cada servicio, después de follarse a mi novia o que ella los hubiera lamido, mientras me llamaban cornudo.
- Mira tu mujer como folla con un macho de verdad -me decía ella mientras me daba zotes en el culo con una correa.
- Mira tu mujer como lame el coño de su ama - me decía él mientras le lamía la polla y me explica lo que significaba ser cornudo de verdad y gozar con esa humillación.
Y así fue, porque siguieron viniendo a casa y se sirvieron de ella y de mí, pues incluso se trajeron unos cuernos de bronce que yo tenía que limpiar con tesón para sacarles brillo y permanecer con ellos puestos mientras se follaban a mi mujer. También tenía que recibirlos con ellos puestos, arrodillado en la entrada del piso y con mi boca abierta por si él quería meter en ella su polla y darle así la bienvenida.
- Gracias amo por dignarte a venir a casa a ponerme los cuernos - le decía yo mientras le lamía la polla y los huevos son tesón.
- Eres el más cornudo que hemos conocido - me decían los dos mientras se follaban a mi mujer.
Y era verdad, porque incluso me obligaron a acudir a un club de intercambio en el que había un “pasillo francés”; es decir, una pared con agujeros en el que los hombres metían la polla por el otro lado y aparecían por este, sin que tú pudieras ver de quién era la polla porque sólo aparecía la polla y los huevos pues ellos estaban al otro lado del panel en el que tú te arrodillabas y lamías las pollas de una en una, hasta que conseguías que se corrieran. Mi amo se metía entre aquellos tipos desconocidos y mi ama me obligaban a descubrir cuál era su polla, cuál de las que chupaba y lamía era la de mi amo, porque si no acertaba tenía que repetir la operación con otras tantas pollas hasta que acertara. Y así estuvimos algunos meses de mucha sumisión a los dos y a todos los que ellos querían, pues mi ama me explicó que aparte de follar con nosotros, éramos también esclavos de todos los que ellos quisieran. Que todo aquel ellos trajeran y se follara con mi mujer era también automáticamente su amo y mi amo; que pensaban entregarla a sus amigos y compañeros de trabajo y que todos los que se follaran a mi mujer serían también mis amos porque ella les daría un llavero que los identificaría y les habilitaba para ejercer su derecho de amo sobre nosotros. Sólo mostrarte el llavero tendrás que arrodillarte y lamerle la polla, me aclararon ellos. Y así fue porque en más de una ocasión alguno de ellos me paraba por la calle, me enseñaba el llavero, me llevaba a un hotel y allí le lamía la polla y los huevos hasta que se corría mientras yo le daba encarecidamente las gracias por haberme hecho cornudo. Luego llamaban a mis amos y le comunicaban si me había portado bien.
Y partir de entonces mi amo también venía más asiduamente a follarse a mi mujer y a que yo les diera las gracias por el favor de hacerme cornudo. Entraba con la llave que mi mujer le había dado, se la follaba sobre mi cama de matrimonio y cuando había terminado salía al salón, se sentaba en el sofá y me obligaba a arrodillarme ante él y a chuparle la polla para darle las gracias por hacerme cornudo.
- Gracias, amo, por hacerme cornudo -le farfullaba con su polla entre mis labios.
- De nada, pero lámeme también los huevos porque a lo mejor te preño a tu mujer
- Sí, amo, lo que usted quiera.
- Y reconocerás a mi hijo como tuyo.
- Sí amo, lo que usted quiera.
- Entonces suplícame que te preñe a tu mujer.
- Sí, amo, le suplico que me preñe a mi mujer.
Y así, un día tras otro, hasta que mi novia se fue con él porque decía que estaba enamorada y que no soportaba vivir tan alejada de su amo. Se fue a vivir con ellos que la tienen de criada y puta, pues he sabido que la prostituyen por pisos de la capital y que ella les lleva el dinero al final de la jornada. Yo no la he vuelto a ver. Ahora busco una pareja de ama y amo que me junten con alguna de sus esclavas y me hagan cornudo de nuevo, porque ser cornudo en mi vocación. Cornudo y sumiso a mis amos.
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