La mujer ajena siempre es mejor
No recuerdo bien la edad, pero fue a temprana edad en que comencé a tener relaciones con lindas chicas, yo no me considero atractivo, pero, hay amigas que opinan lo contrario, y la verdad, he tenido bastante pegue con las chicas. Bueno, comienzo mi relato.
Todo comenzó el día que entré a laborar a una fabrica de textiles, aquí en México, la verdad, he tenido muchísima suerte en el aspecto sexual y no quería ni pensaba sentar cabeza, hasta que conocí a una linda chica, le llamare Azucena, ella es casada, y tiene tres lindos hijos. Que impresión me dio, la verdad: una mujer físicamente muy atractiva, muy buenos y ricos pechos, linda cara, cejas pobladas, ojos cafés claros, alta, pelo negro lacio, hasta el hombro, unas piernas muy atractivas, es súper amable, pero sobre todo, ¡esas caderas!!! Unas ricas y muy hermosas nalgas, imagínense, caminando frente a ustedes, con sus zapatillas, y sus pantorrillas resaltadas, la verdad, ¡que mas podía pedir! por el hecho de estar ella casada, nunca pensé que algún día se daría algo entre nosotros. Y nadie me la quería presentar pero una de mis virtudes, es ser muy sociable, así que me la ingenie para presentarme yo solito. Conforme pasaban, los días, se me fue convirtiendo en obsesión, y cada día que pasaba era una tortura, la veía y la deseaba y empecé a darle detalles, como dulces, una flor, le llamaba desde donde estuviera para desearle feliz día, sabia que se había generado mucha empatía entre nosotros. En una ocasión, a tres semanas de haber entrado a esta empresa, se generó el convivio de fin de año, no dejaba de observarla y aproveché un momento en que estaba sola para acercarme y le dije:
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