Espiando a un hetero

Escrito en Gays por Relatos Eroticos el Viernes 23 Marzo 2007 a las 12:19 pm

Tenía 18 años cuando mis tíos me invitaron a pasar un fin de semana en su finca a las afueras de la ciudad. No era un plan que me agradara mucho puesto que mis dos primos (sus hijos) aunque tienen la misma edad mía y los quiero, no me agradan mucho y los conozco poco. Ante la insistencia de mis tíos acepte finalmente la invitación. La finca era pequeña y tenía una casa para mis tíos, sus hijos y los huéspedes, y una zona social aparte, compuesta por la piscina, un baño para quienes la usaran y, justo detrás de ese baño, una habitación y otro baño privado para el señor que cuidaba la casa.

Llegamos a la finca y nos instalamos en nuestras respectivas habitaciones. Posteriormente salí a la piscina y me cambie en el baño antes de entrar al agua con mis primos. Mientras estábamos jugando en la piscina, vi con extrañeza a un hombre joven, de unos 23 o 24 años, que estaba limpiando la zona verde alrededor de la casa. Me fijé también en su torso, ya que él estaba sin camisa. Los músculos de su pecho, sus brazos y su abdomen estaban bastante marcados. Era delgado, atlético y no tenía ningún bello en su torso. Se notaba que llevaba ya algunas horas trabajando pues estaba bastante sudado. Desde donde estaba, él levantó la mano saludando a mis primos y ellos le respondieron. Posteriormente me contaron que se trataba de Joaquín, el nuevo encargado de cuidar la finca. No le presté mucha atención al tema y seguí disfrutando del agua.

Pasamos toda la tarde en la piscina hasta que mi tía nos llamo a comer. Mis primos entraron corriendo a la casa y yo me quedé en la piscina para recoger algunos implementos que habíamos utilizado. Para no entrar con la pantaloneta mojada a la casa, decidí secarme y cambiarme primero en el baño de la piscina, el mismo que queda detrás de la habitación de Joaquín.

Estaba ya en el baño y me había quitado la pantaloneta cuando escuché que, del otro lado de la pared, se abría el agua de una ducha. Era Joaquín quien tomaba un baño. Llegó entonces a mi mente un pensamiento extraño. Me imaginé al trabajador del torso perfecto duchándose desnudo. Se me ocurrió que debería tener unas piernas acorde con su marcado torso, también pasó por mi mente una imagen de sus partes íntimas. No se por qué llegó a mi este pensamiento. No se por qué me interesó por un momento la imagen desnuda de un hombre. Tal vez sería la oscuridad y el ambiente de la finca. Tal vez sería el cansancio de una tarde en la piscina y sus efectos en mi ahora relajado cuerpo. No lo se.
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Universitarios Calientes

Escrito en Gays por Relatos Eroticos el Martes 20 Febrero 2007 a las 11:16 am

Ya era casi por la tarde. No había tenido la oportunidad de acercarme a él y decirle lo bello que estaba. Su pelo negro, su piel clara y sus ojos azules. Después de haberle hecho el amor por primera vez el día anterior, no habíamos podido decirnos nada. Nos besamos, nos abrazamos, nos quisimos… y después me fui corriendo hacia mi casa y él para la suya. Llegué esta mañana con nerviosismo, pero él ni siquiera reparó en mí.
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Mi primo del campo

Escrito en Gays por Relatos Eroticos el Sábado 27 Enero 2007 a las 7:45 pm

Era verano y como siempre en esas fechas recibíamos la visita de parte de nuestra familia del interior del país, que venía a pasar las navidades en la capital. Ese año las visitas fueron varias, pero mi atención se centró en mi primo Pedro, un paisano de 24 años que jamás había venido a la ciudad. A los pocos días de llegado ya estábamos muy amigos, solíamos tomar unas buenas cervezas a la noche, cuando yo llegaba de mi trabajo, por lo general en el jardín de mi casa o a veces en largas caminatas nocturnas que hacíamos por la costanera.

Cada noche que pasaba las conversaciones se hacían más interesantes, ya me había contado de sus historias con alguna pendeja de su pueblo (era muy fuerte escuchar los cuentos de sus cogidas en el monte o en el arroyo con lujo de detalles y hasta me habló de cómo se divertían con un amigo cogiéndose a una yegua cuando terminaban las tareas del campo. Mi calentura crecía exponencialmente a cada minuto y sólo pensaba de qué manera iba a arreglármelas para poder metérmelo a la cama.

Una noche lo invité a combinar la cerveza con un porro, una experiencia que él jamás había vivido y que le daba un poco de miedo, pero que aceptó siempre y cuando yo no me apartara de él ni un segundo y lo contuviera todo el tiempo. Así fue que nos fuimos caminando hasta un hermoso parque lleno de árboles y matorrales que había por ahí y luego de encontrar un espacio acogedor y tranquilo nos tiramos en el pasto a mirar las estrellas, tomar unas cervezas y hacer un poco de humo. Yo fumaba con bastante frecuencia, por lo que los efectos no eran muy fuertes en mí. Me gustaba la sensación de flojera y tener la risa fácil, y más me gustaba disfrutar de mi cachondez al tenerlo tan entregadito y confiando en que lo iba a cuidar. Luego de unas pitadas quedamos prontos. Nos relajamos y nos acostamos boca arriba, a conversar y a mirar el cielo. La sensación era hermosa, él se sentía bien pese a los nervios, aunque en un momento la combinación con el alcohol le hizo marearse un poco y tuvo la necesidad de vomitar. De inmediato lo ayudé a incorporarse (lo que lo mareó más aún) y lo llevé a un lado para que hiciera lo suyo. Estaba realmente mareado y luego de vomitar la situación no mejoró. No podía desprenderse de mi cuello por que tenía la sensación de que no se podría mantener en pie. Entonces fue cuando se empezó a poder buena la cosa. Me empezó a decir que se sofocaba, que de golpe estaba transpirando mucho y que se moría de calor. Sin más demoras lo ayudé a sacarse la camisa que traía, dejando al descubierto su hermoso y musculoso torso, bien bronceado del trabajo en el campo. Ya comencé a aprovechar a meterle las manos y palparlo bastante, era una oportunidad única. Todo esto transcurría sin ninguna clase de nervios y entre carcajadas ya que el panorama era realmente gracioso, potenciado además por las hierbas fumadas.

Cuando se sintió mejor volvimos a tirarnos en el pasto, un poco más tranquilos. Como se seguía quejando del calor y que estaba sofocado le propuse que se sacara las bermudas y que quedara en slip, ya que a las tres de la mañana en ese lugar sería imposible que nadie nos molestara. Aceptó y trató de incorporarse para hacerlo, pero no pudo, los mareos volvieron y tuvo que volver a acostarse. Lógicamente me pidió que lo ayudara, lo cual me dispuse a hacer de inmediato, agradeciendo a los dioses por haber escuchado mis plegarias. Me arrodillé a su lado y suavemente le desprendí los botones y bajé el cierre. Era como estar en la antesala del cielo. Con una habilidad pocas veces vista en mí, cuando le tomé el short desde los costados para quitárselo agarré también su slip, o sea que cuando tiré hacia abajo me llevé ambas cosas, dejándolo totalmente en pelotas. Entre carcajadas comenzó a reclamar, pero la sensación de aire fresco en las pelotas hizo que le encantara estar así, en la más plena inocencia. Yo no paraba de mirar aquél cuerpo hermoso y aquella pija enorme que colgaba dormida sobre los grandes huevos llenos de leche y carentes de amor. Estaba al mango, tenía la pija dura como un palo y se me hacía agua la boca. Aquella situación no daba para más, tenía que pasar algo sí o sí. Fue entonces que entre jugueteos empecé a salpicarlo con cerveza, como manera de refrescarlo más.

Las risas y el escándalo era mayúsculo, trataba de evitar que lo mojara pero realmente no podía casi coordinar los movimientos, lo que más risa nos causaba. Tanto así que en un momento se entregó y definitivamente volqué directamente de la botella casi un litro del líquido sobre su cara, su pecho y tetillas, su abdomen musculoso, y sí, sobre su hermosa verga y huevos, lo que lo hizo gritar de placer al sentirse tan refrescado. En una mano tenía la botella y con la otra sobaba su cuerpo desparramando el líquido. Primero en el cuello y los hombros, en los brazos, en el pecho y el abdomen, todo a lo largo de sus hermosas piernas… y sí, finalmente volqué abundantemente la cerveza en sus huevos y pija y comencé a manosearlo descaradamente, sin el más mínimo pudor. Quedó en silencio pero definitivamente le gustó, de a ratos suspiraba un poco y se sonreía cuando yo jugueteaba un poco con su miembro. Claro que pasó poco rato para que lo que tenía en mis manos creciera de manera descomunal, transformándose en un hermoso falo, grueso y cabezón, palpitante, caliente. Era una hermosa pija y ya era mía. Lo comencé a pajear suavemente, acariciándole las bolas y tratando de hacerlo gozar lo más posible, ya que quería hacerle un gran regalo y mostrarle además todo el placer que le podía regalar.

Luego me acerqué y se la empecé a chupar, mmmm… qué rico sabor, el sudor mezclado con la cerveza hacían de aquella verga enorme un delicioso helado de hombre! Seguí chupándosela largo rato, jugaba con la lengua y sus huevos (eso parecía encantarle) y poco a poco bajé hasta rozarle el culo. Esto le encantó, levantó sus piernas para darme vía libre a su hermoso culo el cual chupé con muchas ganas, penetrándolo con la lengua hasta donde me dieron las fuerzas. Empezó a gemir como loco y a retorcer el cuerpo, lo que me hacía ponerme más a mil y darle con más ganas. Tanto le gustó que se incorporó y se sentó en cuclillas sobre mi cara, ofreciéndome más completamente aquél orificio goloso. Se lo chupé hasta el cansancio y se retorció de placer sobre mi lengua. Me dí cuenta que nunca le habían hecho eso y que había descubierto un mundo de sensaciones.

Mientras se lo chupaba aproveché para meterle suavemente un dedo, muy despacito en medio de lengüetazas desaforados. Quedó quieto unos segundos para acostumbrarse a la sensación y de a poco se lo metí todo, hasta el fondo. Con muchísimo cuidado lo empecé a mover y ví que se empezó a pajear y a moverse nuevamente. A los pocos minutos ya tenía dos dedos adentro y gemía de placer. Se pajeaba con ganas y cuando estaba a punto del orgasmo se soltaba la verga para empezar nuevamente unos segundos después. Salí de abajo de aquella cola hambrienta dispuesto a alimentarla con algo más que la lengua. Él quedó en cuatro patas, quizás pensando que seguiría chupándole el orto en esa posición, pero no fue así. Rápidamente busqué un frasquito con lubricante que tenía en mi mochila y embarduné mi verga, que estaba durísima. Le pasé un poco en la cola y se la acerqué, al principio sólo lo frotaba y jugaba con la cabeza en la puerta de su culo hermoso. A Pedro le gustó la idea y empezó a jugar él también. Lo empecé a puntear suavemente y de a poco le fui metiendo la cabeza. Le dolió pero aguantó como un campeón y empujó para que se la siguiera metiendo y así fue. En poco rato ya la tenía toda a dentro, hasta el fondo. Yo estaba como loco y sabía que no faltaría más que un par de movimientos para que se me saliera la leche, así que trataba de quedarme un poco quieto para disfrutar más. Pedro estaba sufriendo bastante pero tenía su pija al máximo y se seguía pajeando como loco o sea que también gozaba mucho. Me pidió que se la sacara y yo le dije que estaba por acabar, que me dejara darle un poquito más, y eso hice… un, dos, tres bombazos más y le llené el orto de leche de una manera impresionante. Mi verga se hinchó dentro de su culo y pegó un alarido mezcla de placer y dolor a la vez que se pajeaba al máximo para acabar él también largando chorros de leche que caían en el pasto bastante lejos. Se la saqué suavemente y nos tiramos al pasto rendidos y sorprendidos: “me clavé a mi primo!!!” pensaba yo y “me rompieron el orto!!!” pensaría mi primo. Al final nos confesamos que ninguno de los dos había pensado terminar de esa manera, aunque los dos sabíamos que íbamos a terminar cogiendo en algún momento.

Fiesta con seis

Escrito en Gays por Relatos Eroticos el Lunes 11 Diciembre 2006 a las 7:31 pm

Bueno, esto pasó en un verano cuando viaje a Miami. Yo había ido a participar en un campeonato de basketball con el equipo de mi universidad. Esa vez nos hospedamos en un hotel 5 estrellas de la ciudad. En el primer partido me lesioné el tobillo derecho. No me lo llegué a fracturar pero me molestaba al caminar. Una noche todo el equipo decidió ir a pasear por la ciudad. Debido a mi lesión decidí quedarme en el hotel.

Cuando se fueron todos empecé a caminar por el hotel ya que estaba muy aburrido en el cuarto. Es en este recorrido donde me encuentro con un jugador de un equipo que también estaba participando en el campeonato de basket. Coincidentemente, también estaba lesionado pero a diferencia de mi su lesión era en la muñeca. Estuvimos como una hora conversando hasta que propuso ir a su habitación con unas cervezas a ver la televisión. A mi me pareció una excelente idea. Una vez ahí, prendimos el televisor y nos pusimos a tomar las cervezas. Como no había nada en la tele, mi amigo puso el canal porno. Yo me sorprendí que pusiera ese canal ya que justo estaba pensando, mientras platicaba con él, que me encantaría que me cogiera ahí mismo.

Ambos estábamos echados viendo la tele cuando de pronto veo que se le comienza a parar la verga. Como estaba con buzo se le formó una especie de carpita. Yo me excité mucho y a mi también se me paró. El empezó a comentar que es una gran molestia tener la verga tan grande ya que cuando sufría una erección no había manera de mantener guardado tremendo falo. Entonces se bajó un poco el buzo y dejó al descubierto ese enorme pene. Mi corazón empezó a latir como loco. Él como si nada continuó hablando de sus entrenamientos y de no sé qué más, ya que en ese momento yo estaba muy caliente como para prestarle atención. Lo que sí noté es que consciente o inconscientemente empezó a masturbarse muy lentamente. Esto rebalsó el vaso de mi excitación. Con dos dedos le tapé la boca para que se callara mientras que con la otra mano le agarré el miembro. Para mi alivio y felicidad él no reaccionó mal y me dejó continuar. Al ver que tenía el camino libre para desbordar mis instintos, le quité la camisa que tenía mientras le daba un beso muy sensual.

Primero fue delicado y hasta tímido pero después fue un beso muy apasionado y salvaje. Luego le empecé a besar el pecho muy suavemente. De ahí fui recorriendo con mis labios todo su vientre. Al llegar a la verga descubierta no dudé en lamérsela muy despacio. Su verga estaba roja y muy dura. Empecé por la cabeza con delicados movimientos de lengua. De ahí me la tragué hasta donde pude y empecé a mamársela con mucha fuerza. En ese momento sentía como gotitas de semen se escapaban de su pene como señal de su gran excitación. Entonces me detuve para desvestirme. El me pidió que continuara mamándosela pero también que le mostrara mi rico culito. Así formamos un 69 donde el me lamía el culo y me metía sus dedos. No me acuerdo cuántos fueron pero cuando me lo toqué sentí una amplia dilatación. Entonces, lubriqué bien su verga y me senté encima de ella. A pesar de la gran dilatación su verga no entró con facilidad. Una vez su verga en mi culo empecé a saltar encima de él mientras me tenía agarrado de la cintura.

Estábamos ya un buen rato en esa posición cuando de repente escucho abrirse la puerta del cuarto. Mi amigo, asustado trató de levantarse conmigo encima, lo cual hizo que nos cayéramos al suelo con su verga aún en mi culo. En eso entraron cinco compañeros de equipo de él. Nos quedamos helados. No sabíamos que decir. Yo tenía aún su verga en mi culo cuando uno de ellos dijo: “Uy!, que rica visita tenemos. Creo que nos vamos a divertir esta noche.” Esas palabras me sorprendieron a la vez que me excitaron al máximo. En el suelo me puse en cuatro patas mientras que mi amigo me seguía metiendo su verga y otro se me acercaba para que le chupara la verga. No pasó ni dos minutos y mi amigo se vino en mi culo sin previo aviso. A pesar que me encantó la sensación de la fuerza de su eyaculación contra las paredes de mi ano, me saqué la verga que tenía en la boca y le dije: “Mi amor, lo quiero en mi boca.” Y mirando a los otros cinco agregué: “Quiero que todos se vengan en mi boca, me oyeron!”. Entonces, como por arte de magia las cuatro vergas restantes se pararon en un instante. Entonces uno se echó en el suelo y me pidió que me sentará en su verga. Lo cual hice sin vacilar. En esa posición, dándole la espalda, me vinieron dos vergas más a la boca, una a cada lado. Yo las mamaba desesperadamente pues nunca me había pasado eso. Le dije a los otros dos que se acercaran y mientras me rompían el culo y mamaba dos vergas inmensas, agarré ambos penes con mis manos y empecé a correrles la paja.

No lo podía creer, a mis cortos 20 años estaba cumpliendo con mi más anhelada fantasía sexual: hacerlo con 5 tipos a la vez. Era una escena muy excitante. Yo ya no sentía el culo de tanta culeada. De tanto mamar las vergas pude meterme a la vez las dos a la boca. Todo esto volvió a excitar a mi amigo que estaba exhausto viendo como sus compañeros me trataban como a una perra. Entonces, con la verga nuevamente erecta, se acercó, se puso delante de mí, me echó un poco para atrás sin molestar mi labor succionadora y me empezó a meter su pene por mi culo donde aún tenía una verga fornicándome. Eso me asustó un poco pero el estaba decidido a metérmela. Yo, interrumpiendo la majestuosa mamada que le hacia a sus compañeros, le dije que lo deseaba y que no se detuviera hasta que toda su verga entré en mí, sin importar cuánto grite de dolor. Entonces, con un gesto de fricción en el rostro agarró su verga con la mano y la encajó en el poco espacio que aún quedaba entre el perímetro de mi ano y la verga de su otro compañero. Eso me dolió en el alma pero no grité ya que tenía la boca llena de vergas.

Estaba en un éxtasis total, estaba siendo cogido por 6 extraños a la vez! Mi gran excitación me hacía desear con cada vez mayor locura el semen de todos. Por ello empecé a moverme arriba y abajo con mayor rapidez, mis manos hacían movimientos cada vez más rápidos y violentos a las vergas que sujetaban y mi boca era ayudada con vibraciones de mi lengua a saciar mi apetito por semen. En eso, de improviso, siento en mi oreja un chorro caliente de lechada proveniente de uno de las vergas que tenían mis manos. Entonces, para no desperdiciar esa codiciada eyaculación, interrumpí la mamada a sendos penes y me acerqué a la boca aquel miembro que estaba expulsado mi esperado manjar. Mis labios reemplazaron la labor de mi mano aplicándole a esa verga fuertes movimientos hacia adelante y hacia atrás lo cual provocaba chorros más violentos y más cargados de leche. Yo no me los tragué de inmediato pues quería sentir y saborear todo su delicioso sabor. No terminaba de venirse el primero cuando el que me la metía por el culo me hizo a un lado para poder pararse y me ofreció también su rica lechada. Y como si los seis estuvieran conectados físicamente, todos se pararon al frente de mi esperando su turno. Ni bien acabé de tragarme el semen del segundo, un tercero me agarró la cabeza por la nuca y como si mi boca fuera una vagina empezó a eyacular directamente en mi garganta.

Luego, los otros dos se acercaron, me pusieron sus miembros en la cara y me ofrecieron toda su caliente y rica lechada. Yo mantenía mi boca bien abierta para evitar que ninguna gota se escapara de mí. Finalmente, mi amigo me llamó y yo obediente fui gateando a su encuentro donde empecé a saborear toda su rica lechada. Y no sé por qué la suya me gustó más, no sé si será porque combinada con las demás sabía mucho mejor o porque sentía una fuerte atracción por él. De lo que sí estoy seguro es que esa noche de enero quedará gravada en mi memoria como la experiencia que terminó con mis dudas sobre mi tendencia sexual. Ahora sé que mi destino es satisfacer a todo hombre, para lo cual mi culo, mi boca y todo mi cuerpo estarán prestos a cumplir con esa misión.

Tomados por sorpresa en el baño

Escrito en Gays por Relatos Eroticos el Miércoles 29 Noviembre 2006 a las 11:31 am

Ya era casi por la tarde. No había tenido la oportunidad de acercarme a él y decirle lo bello que estaba. Su pelo negro, su piel clara y sus ojos azules. Después de haberle hecho el amor por primera vez el día anterior, no habíamos podido decirnos nada. Nos besamos, nos abrazamos, nos quisimos… y después me fui corriendo hacia mi casa y él para la suya. Llegué esta mañana con nerviosismo, pero él ni siquiera reparó en mí.
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Cornudo en el -pasillo francés-

Escrito en Gays por Relatos Eroticos el Miércoles 22 Noviembre 2006 a las 6:54 pm

Mi novia es sumisa y yo soy cornudo. Y sumiso. Ambos hemos intercambiado papeles dominándonos mutuamente pero la verdad es que no tenía mucha gracia porque ambos sabíamos que era un juego, que no valíamos para dominantes. Tendríamos que encontrar a alguien que nos dominara a ambos; una pareja dominante que nos sometiera a los dos. Pusimos contactos en algunas revistas y tras seleccionar las respuestas elegimos a una pareja joven, más joven que nosotros, que eran muy atractivos y estaban físicamente muy bien. Ellos decidieron que nuestro dormitorio sería el lugar en el que lo situaríamos todo y que tendríamos que recibirlos en las adecuadas condiciones pues nos habían ordenado explícitamente que tendríamos que estar los dos desnudos al abrir la puerta y ella tendría que arrodillarse y lamer la polla de él para darle la bienvenida.
Así lo hizo mi chica que le dio una buena mamada a nuestro amo, mientras mi ama se ponía detrás de mí, me cogía de las pelotas y me decía que mirara bien cómo un macho de verdad se follaba la boca de mi chica, de mi novia, de mi mujer
- ¿Te gusta ver como la polla de un hombre de verdad entra en la boca de tu mujer?
- Sí, respondí, mientras gemía por la apretura de las pelotas que ella me hacía.
- Entonces vas a lamerme el culo para darme las gracias por semejante favor que te hago- me dijo dándose la vuelta, subiéndose la falda y ofreciéndome su hermoso culo para que metiera la lengua en él y lo lamiera y perfilara con la punta de mi lengua mientras ella gemía de placer y mi mujer seguía arrodillada a mi lado lamiéndole la polla a su amo, a nuestro amo.
Casi logré que ella se corriera porque la verdad es que quería comerme su culo y lo lamía y penetraba con afán; aunque ella de pronto se apartó, le hizo gestos a su marido para que dejara de meter la polla en la boca de mi mujer y nos dijeron que los lleváramos a nuestro dormitorio, a nuestra cama de matrimonio. Y allí los llevamos.
Esta será a partir de ahora nuestra cama -dijo ella.
Aquí os someteremos y cada vez que queramos vendremos a follaros y a hacer con vosotros lo que queramos -añadió él
Sí, por supuesto - dijimos los dos al unísono.
Y procedieron a servirse de nosotros follándose mi boca o follándose a mi mujer con mi anuencia y beneplácito, porque además tenía que limpiarlos después de cada servicio, después de follarse a mi novia o que ella los hubiera lamido, mientras me llamaban cornudo.
- Mira tu mujer como folla con un macho de verdad -me decía ella mientras me daba zotes en el culo con una correa.
- Mira tu mujer como lame el coño de su ama - me decía él mientras le lamía la polla y me explica lo que significaba ser cornudo de verdad y gozar con esa humillación.
Y así fue, porque siguieron viniendo a casa y se sirvieron de ella y de mí, pues incluso se trajeron unos cuernos de bronce que yo tenía que limpiar con tesón para sacarles brillo y permanecer con ellos puestos mientras se follaban a mi mujer. También tenía que recibirlos con ellos puestos, arrodillado en la entrada del piso y con mi boca abierta por si él quería meter en ella su polla y darle así la bienvenida.
- Gracias amo por dignarte a venir a casa a ponerme los cuernos - le decía yo mientras le lamía la polla y los huevos son tesón.
- Eres el más cornudo que hemos conocido - me decían los dos mientras se follaban a mi mujer.
Y era verdad, porque incluso me obligaron a acudir a un club de intercambio en el que había un “pasillo francés”; es decir, una pared con agujeros en el que los hombres metían la polla por el otro lado y aparecían por este, sin que tú pudieras ver de quién era la polla porque sólo aparecía la polla y los huevos pues ellos estaban al otro lado del panel en el que tú te arrodillabas y lamías las pollas de una en una, hasta que conseguías que se corrieran. Mi amo se metía entre aquellos tipos desconocidos y mi ama me obligaban a descubrir cuál era su polla, cuál de las que chupaba y lamía era la de mi amo, porque si no acertaba tenía que repetir la operación con otras tantas pollas hasta que acertara. Y así estuvimos algunos meses de mucha sumisión a los dos y a todos los que ellos querían, pues mi ama me explicó que aparte de follar con nosotros, éramos también esclavos de todos los que ellos quisieran. Que todo aquel ellos trajeran y se follara con mi mujer era también automáticamente su amo y mi amo; que pensaban entregarla a sus amigos y compañeros de trabajo y que todos los que se follaran a mi mujer serían también mis amos porque ella les daría un llavero que los identificaría y les habilitaba para ejercer su derecho de amo sobre nosotros. Sólo mostrarte el llavero tendrás que arrodillarte y lamerle la polla, me aclararon ellos. Y así fue porque en más de una ocasión alguno de ellos me paraba por la calle, me enseñaba el llavero, me llevaba a un hotel y allí le lamía la polla y los huevos hasta que se corría mientras yo le daba encarecidamente las gracias por haberme hecho cornudo. Luego llamaban a mis amos y le comunicaban si me había portado bien.
Y partir de entonces mi amo también venía más asiduamente a follarse a mi mujer y a que yo les diera las gracias por el favor de hacerme cornudo. Entraba con la llave que mi mujer le había dado, se la follaba sobre mi cama de matrimonio y cuando había terminado salía al salón, se sentaba en el sofá y me obligaba a arrodillarme ante él y a chuparle la polla para darle las gracias por hacerme cornudo.
- Gracias, amo, por hacerme cornudo -le farfullaba con su polla entre mis labios.
- De nada, pero lámeme también los huevos porque a lo mejor te preño a tu mujer
- Sí, amo, lo que usted quiera.
- Y reconocerás a mi hijo como tuyo.
- Sí amo, lo que usted quiera.
- Entonces suplícame que te preñe a tu mujer.
- Sí, amo, le suplico que me preñe a mi mujer.
Y así, un día tras otro, hasta que mi novia se fue con él porque decía que estaba enamorada y que no soportaba vivir tan alejada de su amo. Se fue a vivir con ellos que la tienen de criada y puta, pues he sabido que la prostituyen por pisos de la capital y que ella les lleva el dinero al final de la jornada. Yo no la he vuelto a ver. Ahora busco una pareja de ama y amo que me junten con alguna de sus esclavas y me hagan cornudo de nuevo, porque ser cornudo en mi vocación. Cornudo y sumiso a mis amos.
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Mis dos amigos negros

Escrito en Gays por Relatos Eroticos el Jueves 16 Noviembre 2006 a las 6:49 pm

Me llamo Lina y tengo veinticuatro años. No había pensado nunca en contar esta aventura, sobre todo porque mis amigas siempre se creen que estoy contando una película, pero a mi me da igual. Yo sé lo que pasó con Toni y Fabián. Esos no son sus nombres auténticos, ya que son nigerianos, pero aquí les llamamos así. Son una pareja gay, pero de vez en cuando…
Yo había quedado con ellos para ir de fiesta, como muchas otras veces. Aquella noche era jueves, y no había demasiado ambiente. Así que después de un par de copas, decidimos irnos a su apartamento para seguir bebiendo y jugar unas partidas de cartas. Estuvimos jugando durante un buen rato, y vi que a ellos les había entrado un poco de calentura. No quería irme tan pronto a casa, así que les propuse jugar un streap poker. Les pareció bien.
Poco a poco íbamos perdiendo ropa. Hubo un momento en que yo estaba sólo con el sostén y el tanga, y ellos sólo en calzoncillos. La verdad es que me pareció una situación de lo más excitante, aunque sabía que ellos eran gay y que no pasaría nada, o eso pensaba yo…
A los pocos minutos perdí dos veces, por lo que me tuve que quitar el sostén y el tanga, con lo que me quedé con mis tetas y mi coñito al aire. Me fijé en sus calzoncillos y vi que estos crecían, así que pensé que la noche podría resultar bien al final. Eso también me excitó un poco a mi, pensar que podría pasar la noche con dos negros, que podría meterme en la boca sus vergas…. Me puse cachonda.
Después perdieron ellos, primero uno y después el otro. Quedé boquiabierta al ver aquellas descomunales vergas. Era verdad que la tenían grande, y tanto. Estaban a media erección, pero ya se podía distinguir un considerable tamaño. Fabián la tenía un poco más pequeña que Toni, pero aún así le colgaba casi hasta medio muslo. Los testículos eran muy oscuros, totalmente depilados. El pene era enorme, con una cabeza gorda, un tronco lleno de venas gruesas, y oscura como ellos. Se dieron cuenta de que les miraba, porque su erección empezaba a ser considerable.
La siguiente mano se la perdió Toni a Fabián.
-¿Y ahora con qué jugamos? Ya no nos queda ropa -dijo Toni.
-A mi me encantaría ver con qué le pagas a Fabián -dije intentando pincharle.
-¿Tú qué sugieres, Lina? -preguntó Fabián.
-Quiero ver cómo te la chupa.
Toni empezó a hacerle a Fabián una mamada alucinante. Me senté a su lado observando cómo se movía su lengua sobre el glande de Fabián, cómo recorría sus testículos, duros, que debían estar cargados de leche, mmmm…. Sin darme cuenta fui abriendo mis piernas y empecé a acariciarme mientras observaba. Estaba muy excitada y mojaba la silla. Sólo pensaba en ser yo quien tuviera aquel tremendo aparato dentro de la boca. Y como leyendo mis pensamientos, Toni me preguntó:
-¿Quieres probar la poya de Fabián? Está muy buena.
No me lo pensé dos veces. Me aferré a ella, intentando que cupiera entera en la boca, pero eso era imposible. Mientras tanto Toni lamía sus huevos llegando de vez en cuando al aro anal, que también tenía depilado. Fabián empezó a arquear el cuerpo.
-¿Queréis leche? -preguntó.
-Sí -contesté-, toda la que tengas.
-No seas avariciosa -dijo Toni-, yo también quiero de su leche. Pero puedo conformarme si me dejas penetrarte.
No sabía si me cabría aquella verga, y me dio un poco de miedo.
-Tranquila, no te haré daño.
Se puso bocarriba y me senté encima. Con la cantidad de flujo que había estado soltando, no tuve problema en metérmela. La cogí desde la base, mirándole a él, en el suelo, y me fui empalando lentamente. Sentí su calor y sólo quería ser follada por aquel aparato.
De repente sentí la lengua de Fabián en mi culo. Lamía los huevos de Toni y se paseaba por mi culo mientras yo cabalgaba a Toni. Sentí primero un dedo, luego dos, luego tres…, pensé que su falo no entraría en mi agujerito, pero lo había dilatado muy bien. Apoyó el glande en mi agujerito y empezó a empujar despacio. Fue entrando poco a poco, me sentía llena, mis dos agujeros llenos con aquellos pedazos de carne dura y venosa. No podía más del gusto y me corrí. Empezaron a follarme los dos como locos, sentía las embestidas de aquellos dos negrazos que me estaban follando como a la putita en la que me había convertido. Noté que Fabián aumentaba el ritmo dentro de mi culo y me pegué a él.
Noté un trallazo fuerte dentro del recto, y muy caliente, y su poya resbalando más suave. La sacó de mi culo de inmediato, muy rápidamente, sintiendo mis buslos leche resbalando. Inmediatamente se puso delante de mi y casi no me da tiempo a abrir la boca para recibir un segundo trallazo de leche caliente. Me metió la poya bien adentro, así que me tragué toda aquella leche, que noté cómo bajaba caliente por mi garganta. Toni le lamía los huevos.
-Me corro -empezó a decir Toni-, me corrrrrroooooo.
Me quité de encima rápidamente, no quería desperdiciar ni una sola gota de aquella leche que estaba a punto de tragarme, ya loca de lujuria. Me aferré a su poya con la boca mientras aferraba sus huevos con fuerza para que no se escapara nada. Casi no podía tragármelo todo, de la cantidad de leche caliente que manaba de aquella verga negra y venosa que parecía una fuente. Lo tragué todo, sin parar, dejándola limpia como la patena. Entonces vi que Toni le estaba haciendo a su vez otra mamada a Fabián.
Fabián tenía de nuevo la poya lista. Qué gran imagen me pareció. Toni se levantó, se puso a cuatro patas dándole el culo a Fabián, y este no tardó en enterrar su poderoso miembro dentro del esfinter de Toni. Yo no podía más, me puse bien abierta de patas, como una perra en celo, ofreciéndole mi coño a Toni, que con las embestidas de Fabián y su lengua golpeando contra mi clítoris hizo que me corriera de nuevo.
Fabián se estaba corriendo otra vez en el culo de Toni, y yo que seguía hambrienta de leche, rápidamente la saqué del culo de Toni y chupé la verga de Fabián hasta dejarla reluciente. Luego empecé a lamer el culo de Toni hasta sacarle toda la leche que le salía de aquel ano enorme, imaginándome que el mío debía estar en condiciones parecidas.
Al final descansamos los tres. Me quedé a dormir esa noche en su casa, con ellos, en la misma cama.

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