Ginecologa lesbi

Escrito en Lesbianas por Relatos Eroticos el Jueves 6 Abril 2006 a las 4:59 pm

Hac�a d�as que sent�a un escozor en mi zona vaginal. Al comienzo no le di importancia, pero poco a poco me preocup� porque en todo momento, incluso dormida, sent�a ese ardor que s�lo calmaba cuando pon�a mi mano sobre mis labios vaginales. Una amiga me recomend� a una ginec�loga a la que ella acud�a. Hice la cita y me present� puntual. Iba bien arreglada, con una falda amplia que dejaba ver mis piernas bien formadas, y una ropa interior nueva, casi transparente, que destacaba mi figura. A la hora indicada me hicieron pasar. El consultorio peque�o, pero acogedor, me hizo olvidar mis temores. La doctora vest�a un mandil m�dico que permit�a adivinar un cuerpo esbelto. Era bonita, no muy alta, sonriente, de cabellos sueltos y claros.

- Pasa - me dijo, d�ndome un beso en la mejilla - �En qu� te puedo servir?

- Hace varios d�as que siento un escozor en mis partes y eso me preocupa.

- �Qu� tipo de escozor?

- Es como un cosquilleo que me hace latir la vagina y s�lo se calma cuando pongo mi mano, fuerte, sobre ella.

- �Es agradable, o mortificante?

- Por momentos me agrada, es como si algo vibrase en mi interior y me hace suspirar.

Ella sonri� y me indic� echarme en la camilla, levantar mi falda y bajar mi truza. As� lo hice y ella se acerc�. La vi inclinarse sobre mi sexo desnudo y observar. Al hacerlo, su cabello cay� sobre mi bajo vientre produci�ndome una sensaci�n agradable. Ella continu� observando mientras sus cabellos me hac�a unas cosquillas deliciosas.

- �Es aqu� donde te late? - me pregunt� mientras tocaba con un dedo mis labios exteriores.

El contacto me hizo dar un peque�o brinco, pero comenc� a sentir algo indescriptible. Un cosquilleo invadi� todo mi sexo y, sin quererlo, comenc� a moverme lentamente. Ella segu�a tocando y preguntando:

- �Es aqu�, o ac�? �Sientes ahora ese escozor?.

- S�, all�, un poco m�s adentro.

- �Te molesta o te gusta?

- Me gusta, me siento en el quinto cielo. Siga, que me parece que su masaje me hace bien.

Ella continu� sus caricias, cada vez m�s intensas, y yo me mov�a cada vez con mayor rapidez. No pod�a evitar juntar mis piernas y aprisionar su mano. Era como si algo nunca vivido hubiese despertado en m�.

- Siga, siga, me calma, creo que eso es lo que necesitaba - le dec�a mientras mi cuerpo se agitaba.

- �Te gusta? �Quieres m�s?

- S�, mucho m�s - le contest� mientras abr�a mis ojos para verla.

Ella estaba sonrosada, los ojos semicerrados, la lengua la ten�a entre sus labios y jadeaba acompasadamente. Ya no pude resistir. Me mov� sin control y ella baj� la cabeza y bes� mi vulva h�meda y palpitante.

- �Te calma?

- S�, sigue, m�s r�pido; qu� rico es esto; mi co�o va a explotar. Mete tu lengua, ch�pame todo, me siento mojada, algo late en mi interior, qu� rica lengua.

Mientras hablaba mi mano derecha se pos� sobre su nalga izquierda; sent� la tela de su mandil m�dico y algo tidio y suave bajo �l. No pude evitarlo y mientras me mov�a y gritaba pidiendo m�s, acarici� su piel, su colita tibia y tersa; ella suspiraba y me dec�a:

- Tranquila, rel�jate y goza, ya s� lo que tienes y lo que necesitas. Yo te voy a curar.

Lanc� una cantidad inmensa de jugos que ella absorbi� complacida. Al finalizar la consulta me cit� para despu�s de dos d�as. All� estuve, puntual, pero eso se los contar� en mi pr�xima.

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Ana y Sara

Escrito en Lesbianas por Relatos Eroticos el Jueves 23 Marzo 2006 a las 2:13 pm

Sara me llamo al celular pues ya estaba en la calle pero no sabia bien como llegar me puse una bata ya salí a abrirle ella es mas grande de lo que pensé mide como 1.85 y realmente si ella pesaba mucho mas que yo como unos 100 Kg. venia con un vestido de una sola pieza con medias negras y zapatos de tacón, nos saludamos cariñosamente con un beso en la boca y me dijo que le gustaba mi voy y nos dirigimos a mi departamento ella traía consigo una bolsa de la farmacia entramos se sentó en la sala y cuando me iba yo a sentar me dijo no mi niña tu no estas para sentarte sino para calentarme así que paséate frente a mi solo déjame ayudare con esa bata despojándome de ella quede totalmente desnuda frente a ella una vez mas pero ahora frente a frente y solo me dijo tienes un cuerpo muy cachondo y bueno para tu edad, mientras ella estaba sentada viéndome me pedía que caminara frente a ella yo solo la obedecí, acércate me dijo y puso su nariz en mi vello púbico y me dijo hueles rico, pocas son las mujeres que les huele bien y has de saber rico pero estos pelos te loa vamos a arreglar, a ver híncate y así lo hice me beso, un beso muy loco a lengua metida mientras que con su mano tomaba mis nalgas y las abría y las cerraba, se separo y me empezo a besar y acariciar los pechos y dijo a que con la zorrita tiene los pezones duros y de repente puso una mano en mi entrepierna y descubrió que toda estaba mojada así que me dijo párate y voltéate, me pare girando quedando de espalda y me dijo ahora si mami agáchate y abre las piernas y así lo hice mientras sentía como su cabeza entraba por atrás de mí poniendo su lengua en mi labios y dijo estos pelos ya me están cansando empezo a meter sus dedos dentro de mi haciéndome gemir y volvió a decir eso mami tus gemidos me calientan y continuo besándome y lamiendo sin dejar de meter sistemáticamente sus dedos haciéndome boquear se separo un poco de mi y busco la bolsa d la farmacia que traía y saco una pomada se la puso en la otra mano y me la embarro en el trasero y sin dejar de penetrarme con los dedos empezo m a acariciar mi ano con movimientos circulares y de repente empezo a meter la primera falange de su dedo medio provocándome entre dolor y placer algo inexplicable, saco sus dedos de mi vagina y se acerco a mi metiendomelos en la boca y dijo lámelos para que sepas lo rico que sabes saco de repente su dedo de mi ano e hizo que me ardiera y dijo necesito una toalla y una bandeja y unas mascadas la lleve al baño a tomar la bandeja y la toalla y en mi recamara tomo las mascadas y volvió a decirme donde guardas en arnés se lo enseñe y me dijo déjalo en la cama después lo necesitaremos a la bandeja le puso agua y la llevo al comedor y sobre una silla la puso y me pido que me subiera a la mesa, tomo mis manos y las amarro con un mascada y con otras dos las junto y jalo hacia atrás las manos y amarrándolas esta a las patas de la mesa impidiéndome usara las manos me pido que separara las piernas y dijo ahora si Anna despídete de estos pelos tan latosos y se dedico a contarlos y cuando menos me lo espere m mientras me untaba un poco de crema de rasurar que había traído, senti como con mi rastrillo me rasuraba teniendo cuidado de no cortarme, me pidió que me moviera hacia una costado para terminar de cortar los vellos de la parte de mi vagina y ano, así en un momento estaba yo totalmente rasurada y libre de todo vello, esta acción tambien hizo que me excitara u no pude disimilar lo que salir de mi, ella lo noto y dijo hay mami ye estas para mi verdad, ya me estas esperando bueno mami pues prepárate por que no que viene de nuevo no lo vas a olvidar jamás, me unto un poco de crema para suavizar un poco mas la parte rasurada y con sus dedos empezo a meterlos sin olvidar esa parte tan importante como es mi clítoris el cual empezando a lamer sin dejar a un lado esa penetración digital tan ardua que hizo que me mojara mas me dio tres orgasmos muy intensos, nunca me habían hecho sentir algo tan grande fue delicioso saco sus dedos ye se levantó me dijo mami permíteme un momento no te muevas regreso con una sorpresa levante la cabeza y vi cuando regresaba se había quitado el vestido y venia con un precioso coordinado de medias, slip y tanga, se había quitado el brasier y traía puesto el arnés acerco a mi y tomando el pene lo fue introduciendo en mi vagina y con un movimiento me dio una cogida muy buena estuvimos así una rato se salió y me dijo date la vuelta pero como tenia yo amaradas las manos ella no me pudo penetrar en esa posición así que me desato las manos e hizo que me bajara de la mesa, se coloco detrás de mí e hizo que me recargara sobre el respaldo del sillón me abrió las piensas y me empezo de nuevo a meter el penetrándome por las caderas para darme mas duro, a mí me encanta eso así que la deje continuar no son antes gemir como loca y gritando, me pidió en varias ocasiones despacio si no nos van a oír los vecinos, entonces tomo mi tanga que estaba a un costado de l sillón y me dijo muerde esto y no hagas mas escándalo así de esta posición con su mano derecha aparte de tomarme por las nalgas o la cintura empezo a sobar mi culo, cuando de repente senti como algo humedo caía en mi culo, ella puso saliva en el y su dedo pulgar fue introduciéndose muy poco y me dijo mujer que cerrado esta la próxima vez te lo tendremos que ensanchar y después de un gran numero de orgasmo vino el relax y me pido vernos en otra ocasión. Así que se separo se vistió y así como llego se fue, me fui directamente al baño y darme una ducha y verme todo rasurada , me siento rara así me la experiencia fue bárbara, espero volver a tener un free tan rico como este. Relatos Porno

Dama de compañia

Escrito en Lesbianas por Relatos Eroticos el Jueves 23 Marzo 2006 a las 2:10 pm

Me hab�a separado y decid� contratar una mujer para los quehaceres dom�sticos y que adem�s me hiciese compa��a en mi soledad.

Puse un aviso en el diario y recib� a varias postulantes. La quer�a sin compromiso y con cama adentro. La paga era buena y en realidad el trabajo era llevadero. Yo estaba ocho horas en la oficina y dispon�a de todo el tiempo para mantener la casa limpia y cocinar a mi regreso. Dos mujeres solas y ordenada como era yo no le proporcionaba mayor trabajo.

Me decid� por una morocha de pelo renegrido, ojos oscuros de mirada chispeante, y cuerpo armonioso. Me pareci� inteligente y de muy buen humor. Me gust� de entrada y hab�a algo en ella que me atra�a. Ten�a una voz sensual y me insinu� que era experta en masajes de distintos tipos y si quer�a pod�a comprobarlo. Hab�a sido masajista en su ciudad natal en Santiago del Estero, hasta que decidi� trasladarse a Buenos Aires a probar fortuna. Todo su cuerpo irradiaba sensualidad. Me explic� que mi propuesta le conven�a pues tendr�a albergue y si no me opon�a sin descuidar sus obligaciones podr�a tomar algunas clientas para redondear su mensualidad. Me pareci� correcto y acept�, no sin hacerle saber que primero estaban sus obligaciones y mis �rdenes.

Con una sonrisa me dijo que le encantar�a ser sometida a mis deseos por m�s caprichosos que fueran. Sus palabras me intrigaron y sin saber porqu� me excitaron.

Ya instalada en casa, la relaci�n entre las dos march� sobre rieles. Estaba atenta a todas las cosas de la casa. Me preparaba el ba�o para cuando llegaba del trabajo. La comida estaba lista y cuidaba de mi dieta. No ten�a quejas. Pasamos a ser compinches y confidentes. Ve�a a Luc�a, m�s como una amiga que como a una empleada a pesar de que conservaba su lugar y me esperaba con el uniforme impecable para disponerse a complacerme y atenderme como una geisha.

Me sent�a contenida y sent� que la relaci�n se hac�a cada d�a m�s placentera e intensa, mucho m�s que la que viv� con mi ex esposo. Me comprend�a y me prodigaba ternura en cada uno de sus actos. Me plante� cual era mi sentimiento hacia ella. �Era normal, y echaba por tierra mis prejuicios sobre el amor por una mujer?. No me atrev�a a expres�rselo hasta que Luc�a allan� mis dudas y pensamientos.

Una noche mientras tomaba un ba�o de inmersi�n, y con los ojos cerrados fantaseaba con una relaci�n sexual acarici�ndome la vulva, Luc�a se acerc� por detr�s sin que me percatase de su presencia y sin decir una palabra, comenz� a masajear mi cuello y mis hombros. D� un respingo, y cuando me iba a incorporar, llev� el dedo �ndice a su boca y me pidi� que continuase. �Es normal�. �Disfruta y goza�. �Me deseas igual que yo a ti�.

Me deje llevar por su voz y mis instintos. Estaba hermosa con su lencer�a er�tica que resaltaba sus formas firmes y generosas. Sus manos se posaron en mis senos voluminosos y bes� mis pezones oscuros y l�nguidos que se endurecieron a medida que los lam�a y mordisqueaba. Me incorpor� y en la medida que descubr�a sus t�tas, le susurr� que era la primera vez que amaba a una mujer. La llen� de besos y caricias. Su piel tersa y suave me fascinaba. Le ped� que me ense�ara a darle placer. �Ya me lo est�s dando�. �Marta, yo tambi�n te amo y te deseo�, me dijo en un hilo de voz. �Aprenderemos juntas�.

Me sec� con una delicadeza �nica y luego tomadas de la mano nos dirigimos al dormitorio. Todo era sensualidad y erotismo.

Luc�a se desnud� totalmente mientras yo dej� caer la salida de ba�o al suelo. Nos abrazamos y sent� la calidez de su cuerpo que se apret� al m�o. Jugamos con nuestros senos acarici�ndonos con nuestros pezones que descargaron sobre mi cuerpo oleadas de electricidad que me sumieron en un estado de excitaci�n inimaginable. Nuestras lenguas se fundieron en un intercambio de saliva proponiendo m�s. Nos dejamos caer en la cama y mis manos no dejaron de acariciarla y explorar sus zonas er�genas. Luc�a hizo lo mismo conmigo. Su boca se ocup� de mis senos y mientras yo cerr� mis ojos en un estado de �xtasis y me dej� llevar aflojando mi cuerpo, Luc�a desliz� su boca y su lengua hasta detenerse en mi ombligo. De all� continu� bajando. Abr� mis piernas invit�ndola a ocuparse de mi vulva sedienta de amor. Fue su lengua c�lida que me embriag� e hizo que fluyeran de mi interior oleadas de pringosos jugos que se ocup� de sorber. Mi cl�toris recibi� un sabio tratamiento con las chupadas y mordisco de Luc�a hasta que un espasmo de mi vientre y un endurecimiento de mis piernas preanunciaron un orgasmo maravilloso. Fue fant�stico, hab�a gozado como nunca antes. Una experiencia diferente que me iniciaba en una vida sexual que por lo placentera nunca imagin�.

No me qued� all� y entonces fui yo la que me ocup� de Luc�a. Repet� una a una las caricias y los besos que ella me hab�a proporcionado. Las expresiones de placer, los jadeos y gemidos me demostraron que Luc�a gozaba intensamente y el advenimiento de su orgasmo, al observar fluir sus jugos de su concha abierta y enrojecida por las caricias, me pusieron a mil. Luego nos pusimos en 69 besando nuestras vulvas y sorbiendo nuestros jugos hasta la �ltima gota. Era maravilloso escuchar las expresiones de amor y la entrega total de esa mujer madura sedienta de placer. Yo no quer�a ser menos, me ofrec�a y le daba lo mejor de m�.

Luego nos ingeniamos entrelazando las piernas para poner nuestras vulvas en contacto y comenzar con un juego de vaiv�n que culmin� con un orgasmo conjunto ruidoso entre expresiones de amor y placer. Ten�a a mi alcance sus pies y los dedos y sin saber porque no pude evitar la tentaci�n de besarlos y chuparlos uno por uno. Luc�a se revolvi� de placer al sentir la caricia y con un hilo de voz me expres�. �Como sab�as que me enloquece sentir esta cosquilla, soy tu esclava para siempre�. Terminamos abrazadas prometi�ndonos vivir y gozar juntas ya que ning�n hombre pod�a separarnos ni darnos el placer que hab�amos disfrutado en esa noche inolvidable. Relatos Porno

Amiga y amante

Escrito en Lesbianas por Relatos Eroticos el Jueves 16 Marzo 2006 a las 5:24 pm

Era un viernes por la noche, Anna cumplía años, y todas las amigas de la secundaria le pensamos celebrar, a lo que Anna acepto muy feliz. Todas con 24 años y solteras no tuvimos ningún inconveniente. Primero fuimos al cine, a ver una película porno de mujeres bisexuales, por lo que desde el inicio de la noche nos fuimos calentando, Anna me insinuaba cosas, en el cine se paro por mas palomitas y a propósito, se “tropezó” y para “apoyarse” puso su mano en mi coño, lo toco disimuladamente, yo me calenté y ella dijo:

- Lo siento

Yo le dije que no había problema, que fuera y me dijo:

- Acompáñame.

Yo acepte puesto que era su cumpleaños.

Ya fuera de la sala de nuestra película, fuimos por las palomitas, y ella me dijo:

- Quiero ir al baño, acompáñame.

Yo accedí y entramos al baño antes de comprar las palomitas, ya dentro ella cerro la puerta con llave y me dijo:

- Ya salgo.

Yo espere un minuto y ella salió rápido.

- Hay que llevar palomitas - me dijo.

- Cierto - respondí.

Luego salimos del baño y compramos las palomitas, al llegar, nuestras otras dos amigas estaban masajeándose los coños, nosotras solo nos sentamos y les recordamos que era un cine, ellas se soltaron y pusieron caras de niñas regañadas lo que nos causo gracia. Cuando termino la película, Flop, una amiga nuestra nos propuso ir a un bar, el bar era de gente “sucia” pero a nosotras nos agrado, luego una pareja de mujeres se paro y se empezaron a besar, nosotras solo veíamos y Anna dijo:

- Ya me calenté, vamonos a mi casa, ahí pasen la noche si?.

Todas accedimos y al llegar a su casa nos dijo:

- Veamos otra película, al fin y al cabo la noche es joven - mientras nos guiñaba un ojo.

La película era porno, y yo tenia dolor de espalda, le pedí un masaje a Anna, ella accedió y como estábamos en su cuarto viendo la película, me recosté de espaldas, me quite la camisa y el sostén y ella se monto sobre mí, me comenzó a masajear los hombros, mientras veíamos la película, las cuatro estábamos muy calientes, Anna dejo de masajear mis hombros y me masajeo la espalda, y luego paso a sobarme la cintura, yo pensaba en sus intenciones pero estaba muy concentrada en la película, discretamente paso de mi cintura a mi coño, me lo masajeo tan rico, que solo me quedo la opción de dejarla actuar, luego Flop apago la película y dijo:

- No puedo mas estoy muy cachonda.

- Uuufff yo también - dijo Mapy, otra amiga.

- Bien chicas, a quitarnos la calentura - dijo Anna.

Yo solo disfrutaba el masaje, luego quería ponerme mi camisa pero no la encontré y era porque Anna la tenia.

- No te la pondrás -me dijo Anna

- A si? - respondí - A ver, que tengo que hacer para que me la devuelvas.

- No sé - dijo sarcásticamente.

- Ah! ya se la peleare.

Nuestras dos amigas, nos miraban con unos ojos llenos de deseo, yo me tiré encima de Anna y empecé a tratar de quitarle la camisa, no pude hasta que le hice cosquillas, ella reía y cuando me levante me vio todas las tetas, yo la vi y ella con tanto deseo me las comenzó a besar, yo me dejaba mientras ella lanzo por los aires mi camisa, luego, las otras dos chicas no se quedaron atrás y se lanzaron al suelo, se besaban con lujuria y pasión, mientras Anna me besaba las tetas, yo me apretaba a su cuerpo, luego como ambas vestíamos falda, formamos un perfecto 69, le quite la falda y la ropa interior, y descubrí ese coñito, depiladito como me gusta, le empecé a lamer suavemente mientras veía como cerraba los ojos y disfrutaba, mientras que ella, me había quitado mi poca ropa y me lamía con deseo, casi metía su cabeza en mi coño, yo cerraba mis piernas y le decía:

- Sigue, sigue mami aaahhh que rico uuuhhh no me sueltes, sigue.

Y ella me decía:

- Mamasita! uuhh que coño más rico, así me gustan.

Yo le lamía cada vez más rápido, hasta que le embestía, casi la penetraba con mi lengua mientras metía uno o dos dedos en su culito respingadito, ella cerraba sus piernas como evitando que escapara hasta que le logre un orgasmo, y poco después ella me logro uno a mí. Después nos pusimos frente a frente y nos besamos con pasión y lujuria, luego yo baje besando su cuello hasta que llegue a sus tetas, las lamí y sus pezones bien duritos me pedían mas, le lamía los pezones con unas ganas de comerlos, los mordisqueaba y los mamaba, ella gemía y gemía, hasta que paramos, ella regreso a mi coño y me metía los dedos, me lamía hasta que me vine otra vez, ella trago mis jugos y limpio otros con sus dedos, y me puso los dedos en la cara como pidiéndome que los chupara, los chupe y me dijo:

- Que rico saben tus jugos mami.

- Si me doy cuenta.

Nos recostamos a los lados del cansancio y nos besamos, como para despedir esa noche, luego amanecimos, y Flop estaba sobre mí, pero eso ya será otra historia.

Yo la inicie

Escrito en Lesbianas por Relatos Eroticos el Jueves 16 Marzo 2006 a las 5:05 pm

Aunque hace años no lo hacía, mi lujuria me llevó a tener una aventura con una venezolana llamada Carol, 25 años pelo lacio negro, senos no muy grandes pero bonitos, no muy alta pero con un cuerpo excitante, me encantó su culo muy redondo y apetecible. Nos conocimos por email y nos comunicamos con bastante frecuencia viviendo nuestra pasión solamente con el messanger, hasta que llegó el momento de encontrarnos.

Por el messanger ya sabía de sus deseos y ella de los míos, éramos dos hembras sedientas de encontrarnos por que ya nos deseábamos. Carol, no había tenido ninguna relación lésbica hasta el momento, por lo que me excitó más, yo iba a ser su primera hembra y eso me encantaba, yo la iba a iniciar.

Nos reunimos en un bar muy discreto y luego de los saludos formales, vi en sus ojos el deseo, la curiosidad y la intimidad que deseaba, igual yo al verla me puse muy caliente y deseaba lo mismo; nos sentamos en un apartado del bar lejos de las miradas, charlamos y tomamos varios tragos para animarnos, luego la arrinconé y la empecé a besar muy suavemente a lo que ella respondió con timidez al principio.

Con mis labios y mi lengua la empecé a besar con mayor firmeza y penetré mi lengua en su boca, ohhh que delicia, nuestras lenguas se movían presas de deseo y observé que Carol besaba divinamente, luego le toque las piernas, su piel era suave, sus muslos firmes y bellos; ella, al sentir mi mano abrió las piernas como invitándome a conocer su intimidad, yo aproveché la invitación y empecé a masturbarla, su tanga estaba húmeda por los chorros de su vagina, una maravilla de hembra, gemía suavemente y me apretaba hacia ella besándome con furor, le introduje dos dedos en su conchita que los recibió con delirio pues convulsionaba y no dejaba de gemir moviendo sus caderas de atrás hacia delante con mayor rapidez hasta que se corrió, me mordió los labios gimiendo y chorreando en mi mano sus jugos, jugos de hembra satisfecha con su primer orgasmo con una mujer, yo.

Terminamos nuestros tragos y como si fuéramos amantes de siempre (ya lo éramos por messanger), nos dirigimos a un hotel muy discreto y pedimos una habitación.

Al llegar a ella, cerramos la puerta y no perdimos tiempo y con delirio nos abrazamos, nos besamos apasionadamente, nuestras lenguas se buscaron ávidas de encontrarse, nos quitamos rápidamente la ropa que estorbaba y la vi., me embelesó su cuerpo, pechos no muy grandes pero firmes, pezones duros y grandes, una cintura de la cual salían las caderas anchas voluptuosas que terminaban en un par de piernas de ensueño mi vista corrió hacia su concha, tenía una vulva grande jugosa y adornada con una pequeña mata de pelos que resaltaba su sexo, una diosa de mujer.

Al echarnos en la cama, la puse en posición de perrito y pude ver el culo que tenía: grande, dos nalgas provocativas las cuales cogí inmediatamente, me apoderé de ellas y las empecé a morder y a chupar, lamía, mordía con desesperación mientras ella gemía de placer y las movía hacia mi boca. Abrió sus piernas mostrándome su conchita jugosa, no espere más y me lance a comérsela, la succione con mi boca, tomándome los jugos que brotaban sin perder una sola gota.

- Así mámame, mámame Lessie - le escuchaba decir y yo la embestía muy fuerte hasta que se vino en mi boca, que deliciosa era, gemía, y gritaba sin parar, lo cual me enervaba más, terminando con un orgasmo maravilloso, según me comentó después al momento de descansar.

Después de un ligero descanso, abrazadas como estábamos, fue Carol la que inicio sus caricias a mi cuerpo que necesitaba guerra. Mi hembra me estaba comiendo a morir y tuve por lo menos dos orgasmos luego de lo cual, nos servimos otro buen par de tragos y como la música era muy sensual, nos pusimos a bailar desnudas y bien juntitas, besándonos, acariciándonos, chupándonos, pajeándonos; en eso le digo a mi amor, en mi cartera tengo una sorpresa para ti, y saqué una lata de duraznos al jugo.

- Carol, quiero enseñarte un juego con estos duraznos ok?

- Lo que quieras mi amor - contesto.

Sin pensarlo dos veces abrí la lata y coloque los duraznos y el jugo en un plato y corrimos a la cama.

- Ahora vas a sentir algo rico, déjate hacer.

- A ver - me contesto y se tendió en la enorme cama y abrió las piernas.

- Aún no, primero cierra los ojos - ella obedeció.

Vertí el jugo en sus tetas y me apresure a mamarlas y chuparle los pezones grandes y duros, una delicia, mordiéndolos a mi gusto. Oh, eran una delicia, mi hembra se contorsionaba de placer y repetía…

- Que rico, que rico Lessie, cómeme, cómeme más - decía, luego tome uno de las mitades del durazno y empecé a frotarlo muy suavemente en sus tetas y pezones.

- Ohhh amor, que rico, sigue, no te detengas dulzura, nunca me han hecho esto, aayyyyy, - luego tome otra mitad y con cada una de ellas le sobaba cada una de las tetas, mi hembra se retorcía y con las piernas juntas se las frotaba pajeándose mientras que con sus manos me agarraba las tetas.

- Espera, espera - le dije.

- Yo te voy a hacer gozar, cierra los ojos y concéntrate en lo que sientes, nada más - le dije, ella ya no me escuchaba parecía que estaba poseída por que sus convulsiones aumentaron y se tiro sobre mi comiéndome los pezones, me mordía y me metió dos dedos con fuerza (eso me gusta) en mi concha que me hizo saltar y con la otra mano se pajeaba también con fuerza hasta corredse a chorros.

Se tendió nuevamente con los ojos cerrados, le abrí las piernas y empecé a llenarle su agujero del jugo de duraznos, le levante las piernas y me lance sobre esa cueva caliente que palpitaba todavía de placer y la mezcla de ambos jugos los tomaba, era un sabor agradable, rico, con un olor de maravilla, ella gemía y gritaba de gusto.

- Cómeme, cómeme, así - repetía.

Luego con una mitad del durazno le frote el ombligo para luego continuar bajando hasta su cueva refrescando los labios y clítoris que en ese momento quemaban, continuo retorciéndose y prefería palabras que no encendía pero que denotaban el placer en su máxima expresión, después de unos minutos de frotarle el durazno, le abrí más las piernas y le dije:

- Ahora si cómetelo todo.

Y se lo empujaba muy despacio viendo que el durazno iba desapareciendo en su cavidad y ella bufaba de placer.

- No, no, que me haces, que delicia amor.

Tomé otra mitad y también se la introduje suavemente hasta que desapareció luego le metí dos dedos a su vagina y a destrozarla por dentro conjuntamente con los duraznos, ella saltaba, movía su cabeza a todos lados, chillaba y se movía toda por lo que tuve que sujetarla muy fuerte, al calmarse algo, aproveché para comerle la concha y meterle la lengua comiéndome además los pedazos de durazno caliente que salían por los chorros de los jugos de mi hembra, que rico, se vino una y otra y otra vez, me cogió la cabeza y no dejó que le quite la boca hasta que terminó en un orgasmo bárbaro cayendo extenuada.

- Gracias dulzura, nunca he gozado tanto - me decía y nos besamos de despedida.

Nos hemos hecho amantes y prometido vernos seguido.

Compañera de Universidad

Escrito en Lesbianas por Relatos Eroticos el Jueves 16 Marzo 2006 a las 4:41 pm

Es verdad que yo la miro de una forma bien particular. La m�a es una mirada perseguidora. Me gusta seguir el color rojo de su blusa proyectada por la forma insolente de sus pechos o el perfil maravilloso de su trasero que ondula entre otros traseros menos atractivos. Eso yo lo s�, pues podr�a reconocer su trasero entre muchos, por ese contoneo que describe un imperceptible c�rculo en el espacio y que me amarra a ella como una cadena invisible tensada por mis deseos ocultos.

Y eso es as� porque desde que identifiqu� a Susana entre mis muchas compa�eras de universidad, estoy llena de deseos, ocultos, que primero me causaron verg�enza, que luego fui aceptando como un hecho indesmentible, para terminar, como es ahora, disfrutando de ellos, analiz�ndolos, seccion�ndolos para vivirlos mejor y entreg�ndome a impetuosos juegos sexuales de autosatisfac�an mientras repito su nombre bajo mis sabanas. Me gusta evocarla sobre todo en las ma�anas de los d�as domingo, cuando s� que estoy sola en la casa y entonces puedo repetir su nombre en voz alta acompa�ando a los movimientos promiscuos de mi mano que me busca y engrosar mi voz al nombrarla como en un quejido profundo mientras se derrama el orgasmo que me acerca mas a ella y me hace tremendamente feliz.

El d�a lunes, de nuevo en clases, Susana suele saludarme con una sonrisa. Su alegr�a despreocupada y su conversaci�n intrascendente me da a entender que en ning�n lugar, ni de su mente y menos aun en su cuerpo, guarda alg�n sentimiento o sensaci�n que tenga ni remotamente, que ver con lo que a m� me pasa con ella. Luego se aleja de m� con su caminar, que yo encuentro descaradamente provocativo, dej�ndome sumida en esa especie de sufrimiento corporal que se ha convertido en una especie de dependencia er�tica que no s� ni quiero contrarrestar. As�, yo me encamino hacia una depresi�n manifiesta en medio de la cual seguramente me espera un caso cl�nico de dif�cil curaci�n y hasta estoy dispuesta a aceptar mi condici�n de paria sexual si no fuera porque Susana apareci� en la pensi�n donde yo rento mi cuarto.

Cuando la tuve frente a m�, las piernas me temblaban y ella se dio cuenta. Le dije que cre�a estar incubando una gripe y ella acept� mi burda explicaci�n con una sonrisa. El hecho que ambas estuvi�ramos all� solas me llenaba de inquietud. Me parec�a que Susana pod�a percibir en el ambiente de mi cuarto, las evocaciones de mis noches de masturbaci�n unida al recuerdo de ese cuerpo endiablado que ahora ten�a frente a m�. Mis manos hip�critas, que no anhelaban otra cosa que acariciarla entera por todos su rincones, solo atinaban a dar vuelta unos papeles en mi mesa, como buscando algo que no estaba all�.

Susana se sent� al borde de mi cama y con mucha calma me dijo que quer�a proponerme compartir mi cuarto, que era bastante amplio, y de ese modo ambas ahorr�ramos dinero y como el m�o estaba mas cerca de la universidad a ella le parec�a lo mas adecuado, si yo lo aceptaba. La posibilidad de tener a la deseada mujer todas las noches acostada desnuda all� a cuatro pasos de mi cama donde yo estar�a igualmente desnuda, fue una idea que se instal� en mi mente como una perfecta bomba de tiempo preparada para explotar en un futuro muy pr�ximo. Pod�a ser que la proposici�n de Susana no tuviese ning�n significado intimo ni sexual, pero yo ya hab�a dado riendas sueltas a mis deseos, que salieron en tropel desde las cavernas donde los hab�a sepultado y que ahora corr�an como potros salvajes por mis pechos, por mis pezones, por mis nalgas por todos mis labios externos e internos y que me transformaba, ah� delante suyo, en una hoguera que ella podr�a hacer estallar solo con tomarme una mano. Nunca hab�a estado mas caliente que esa tarde luego que Susana se march� y no pude dejar de pensar en ella en el resto del d�a ni de la noche.

Al d�a siguiente Susana llego en un taxi a dejar parte de sus cosas en dos maletas grandes. Me dijo que estaba apurada y que volver�a al d�a siguiente con el resto para instalarse definitivamente en mi cuarto. Cuando ella se march� yo segu� trabajando en la redacci�n de mi trabajo que deb�a entregar al d�a siguiente, pero la verdad es que por sobre el perfil de la pantalla del ordenador pod�a ver las dos maletas rojas que reposaban sobre mi cama. Poco a poco la imagen de las maletas se fue apoderando por completo de mi mente y me di cuenta que en los �ltimos veinte minutos no hab�a avanzado una l�nea en mi trabajo. Esos objetos perturbadores eran un avance de la intimidad de Susana que anunciaba su pr�xima presencia. Conten�an seguramente sus cosas personales sus utensilios, sus libros y seguramente su ropa impregnada de su perfume, ese que yo percibo emanando de su cuerpo en los cortos momentos en que ella esta cerca de m� en la Universidad.

Ya completamente fugada de mi trabajo, me encontr� de pronto junto a la cama acariciando una de las maletas con mi mano sudorosa, y mi coraz�n dio un golpe al darme cuenta que no estaban con llave y entonces una premura loca e irracional me llevo a abrirlas. All� aparecieron en completo desorden libros, cuadernos calendarios y ropa. Comenc� a revolver todo como buscando algo que no sabia que era. En el fondo hab�a algunos zapatos, un buzo deportivo y ropa intima de Susana que me lleno de ideas descabelladas. Eran prendas como las m�as y en medio de las cu�les hab�a algunos discos de m�sica en boga y de pronto en medio de ese caos un su�ter enrollado bien al fondo que al extenderlo dejo rodar sobre la cama el objeto cil�ndrico de color blanco que yo solamente hab�a visto en las revistas.

Susana tenia ese vibrador que yo jam�s me hab�a atrevido a comprar. En ese mismo momento mi mente se pobl� de im�genes perturbadoras, calientes y obscenas en las cuales aparec�a Susana en medi� de actitudes promiscuas y diab�licas en juegos grotescos o sublimes en los que ella encontraba niveles de placer desconocidos para m�. Pero lo que m�s me conmov�a era la certeza de saber que ese instrumento si hab�a estado muy dentro de ella, all� donde ni en mis fantas�as m�s audaces yo me hab�a atrevido imaginar. Mi sexo hab�a cobrado vida propia y lat�a con desesperaci�n bajo el llamado del deseo que ahora impulsaba a mi mano en un recorrido sin regreso hacia el placer supremo.

De rodillas junto a mi cama me fui reclinando lentamente, mientras separaba mis muslos y mis pechos inflamados de deseo tocaban los bordes de la maleta. Con los ojos cerrados produje la oscuridad para sentirla mas cerca y fui busc�ndome y busc�ndola mientras mis paredes se contra�an contra la tibia dureza del vibrador, primero con delicada prudencia y luego con la energ�a de la hembra madura que se entrega y fui entrando ahora con sabidur�a y ritmo mientras hund�a mi rostro entre sus ropas impregnadas de su aroma.

Toda mi posici�n en ese momento, ensartada en mi misma con los muslos abiertos, agitando mis nalgas, para acercar mi fondo y mi rostro hundido entre sus bragas dispersas, eran la imagen misma de una entrega total al placer del m�s desesperado y completo de mis orgasmos.

Susana no lo sabe aun, pero ya es inevitablemente m�a.

Fantasías de mujer

Escrito en Lesbianas por Relatos Eroticos el Sábado 7 Enero 2006 a las 7:38 pm

Lisa se sentó en la mesa del bar, un poco nerviosa. Había demorado bastante en decidir qué estilo de ropa debía ponerse para esa ocasión, ya que éste no era un encuentro cualquiera. Por fin, eligió una blusa roja que dejaba ver sus hombros y resaltaba su elegante y largo cuello, y la combinó con una pollera negra, corta y ajustada, que había comprado para lucir sólo en la cómoda intimidad de su dormitorio, con su fantasioso marido. Unos zapatos rojos de tacones altos, maquillaje y perfume, resaltaban la sensualidad de esta mujer que por fin se había decidido a cumplir sus fantasías más ocultas.

De tanto en tanto, miraba disimuladamente la puerta principal de aquel bar, mientras revolvía monótonamente y por enésima vez su taza de café. A pesar de sus 36 años le había costado tanto decidirse, había postergado tanto esta cita (ni ella entendía por qué secreta razón) que no podía concebir la idea de que su amiga le fallara, después de haber invertido tantas horas y días y meses en el chat.

Su amiga, Luzmar, era una joven ingenua como su nombre, pero audaz y quizás un poco inconsciente, tal vez por sus cortos 18 años y por su falta de experiencia en el amor y el sexo; y estaba decidida a probar de todo y a disfrutar de cuanto la vida le presente enfrente. Transitaba sus días sin prejuicios ni tabúes, pero no se daba cuenta de que ciertos juegos, a esa edad, podrían llegar a tornarse peligrosos.

Cuando Lisa vio a la joven atravesar la puerta como un huracán y dirigirse directamente hacia ella, el corazón parecía salírsele del pecho; tal vez de alegría, o tal vez de excitación. Por primera vez vio el cuerpo atlético de esa pendeja atrevida con la que se había ratoneado tantas veces… y le gustó lo que vio. Luzmar había llegado apurada porque se había retrasado por su clase de gimnasia, y todavía llevaba puesta su ropa deportiva: su diminuto short de lycra color verde parecía adherirse gustoso a ese pubis y a esas nalgas fibrosas y redondeadas. La remera blanca, húmeda todavía por la transpiración, dejaba traslucir un corpiño de encaje también verde sobre unos pechos deliciosamente contorneados. Todavía llevaba su mochila al hombro, tal vez por venir directamente del gimnasio.

- Hola, Lisa. ¿Cómo estás?.

Le dio un beso en la mejilla y se dejó caer en la silla, mientras acomodaba su mochila en el espaldar con una mano y, con la otra, tomaba un sorbo de la soda que Lisa había dejado sin probar. Luego, respiró profundamente para calmar su agitación, esperó unos segundos, y mirando a Lisa a los ojos, le dijo:

- Eres una mujer muy interesante, quisiera que me enseñes lo que sabes… y ya tengo el lugar adecuado para eso.

Lisa no lo podía creer. Se sentía excitada y desconcertada al mismo tiempo. Tal vez las fantasías con su marido habían llegado demasiado lejos, y la inhibía el hecho que él las estuviera mirando desde una de las mesas de al lado, mientras saboreaba lentamente su cigarrillo y su café cargado con los codos apoyados en la mesa. Él las veía mirarse y desearse secretamente mientras dejaban rozar sus manos accidentalmente. Observaba con detalle cada movimiento, cada gesto, cada mirada con la lascividad de un animal en celo. Luzmar no lo sabía. Mientras ambas mantenían una conversación sin trascendencia, (quizás por miedo o por pudor) Lisa comenzaba a sentir que toda su vagina se convertía en un nido esponjoso, húmedo y tibio, deseoso de ser mimado por esa joven ardiente e inexperta. No pudo soportar la tentación y con disimulo, acarició su pierna por debajo de la mesa subiendo hasta su vulva y le dijo:

- Vamos, acuérdate que tienes que regresar en tres horas.

Luzmar fingió acomodarle la blusa para acariciar por unos segundos esos pezones que ya comenzaban a asomar tímidamente a través de la tela.

- Sí, vamos - dijo ella, mientras Lisa pagaba la cuenta apresuradamente.

La habitación que Luzmar había reservado en el hotel estaba finamente decorada, y las tenues luces y la música funcional daban el marco perfecto para esta ocasión tan especial.

- Estar con un hombre al menos me sirvió para conocer este lugar - dijo Luzmar

- Me doy una ducha y enseguida estoy con vos.

Comenzó a desnudarse desprejuiciadamente mientras dejaba caer el agua caliente para acumular un poco de vapor. Pronto el agua comenzó a correr por sus curvas, sometiéndose a cada rincón de su sudoroso cuerpo, mientras ella lo jabonaba meticulosamente imaginándose quién sabe qué audacias. Lisa ya estaba demasiado caliente como para esperar pasivamente, y miraba extasiada cómo ese cuerpo pulposo se dejaba abrazar por el calor de la lluvia; mientras tanto, jugueteaba con sus pezones como una púber, y frotaba su vulva contra el borde de la puerta entreabierta. De lo único que tenía conciencia en esos momentos era de que deseaba esos pechos… esa piel… esa boca… esa concha… la deseaba toda con la desesperación de un sediento en el desierto. Sin pensarlo siquiera, y sin dejar de mirarla, comenzó a desnudarse apresuradamente para poder unirse a ese cuerpo que tantas noches había imaginado y que ahora podía poseer.

Al correr la cortina, Luzmar no se asombró, como si la hubiera estado esperando. Lisa se tomó tiempo para acariciar suavemente con las yemas de sus dedos cada rincón de su piel: rostro, cuello, hombros, brazos, espalda, nalgas, muslos, vientre, pechos. Jugó con ellos insistentemente sin tocar siquiera sus pezones, y fue Luzmar la que le llevó su boca hacia ellos, y le suplicó que se los lamiera y mordiera y chupara, ordeñándola y comiéndoselos con hambrienta desesperación. En un arrebato de locura, Lisa la tiró contra los azulejos, abriéndole las piernas con ambas manos, como buscando ese dulce néctar que ya a esta altura corría y se confundía con el agua. Al tiempo que Luzmar la miraba y gemía de placer, Lisa le abrió con suavidad la vulva delicadamente depilada, y recorrió toda esa concha ardiente con la punta de su lengua, deteniéndose finalmente en el pimpollo de su clítoris, que frotó empecinadamente hasta que pudo sentir cómo la pendeja se quejaba como una ramera y le rogaba que le metiese sus dedos en la concha dilatada y jugosa. Para acceder a su pedido, la sacó del baño mientras la besaba y así, mojadas, se tiraron sobre la cama para comenzar a revolcarse y refregarse y tocarse y lamerse y babearse y morderse y chuparse todos los rincones de sus cuerpos. El juego erótico las había desbordado y la conciencia fue totalmente desplazada por el instinto y el placer.

Luzmar abrió sus piernas y no hicieron falta las palabras: Lisa ya sabía lo que tenía que hacer; con suavidad metió sus dedos hasta el fondo en esa hermosa concha, y disfrutaba de ver cómo esa pendeja inocente se convertía de pronto en la puta más grande que había conocido, retorciéndose como una víbora y lamiéndose las tetas y los labios de placer.

En ese punto estaban cuando alguien tocó a la puerta, pero Lisa no se sobresaltó. Luzmar no lo sabía, pero todo era parte del juego que alguna vez Lisa y su esposo desearon vivir. Sin dudar giró el picaporte y dejó pasar a su marido, que las había seguido y aguardaba, esperando el momento oportuno. Sin perder tiempo, Luis se sentó a mirar y a disfrutar de la escena, mientras se desnudaba casi como al descuido. Lisa retornó con su amante y a Luzmar, quizás por haberse convertido ya en una perra en celo, ni siquiera le importó. La treintañera se puso a cuatro pies encima de la nena y le ofreció generosa su concha viciosa y sedienta de lenguas femeninas, al tiempo que volvía a meter sus cuatro dedos friccionándolos hacia fuera y adentro cada vez más enérgicamente. Anhelaba sentir en sus dedos los espasmos de esa concha joven. Y después meter su lengua para extraer la leche de su interior, como las abejas liban el néctar de las flores. Luzmar también comenzó a cogerla con los dedos, y comenzaron a jadear y a gemir chupándose las conchas y cogiéndose hasta que se estremecieron en dos salvajes orgasmos, dignos de las hembras más latinas y calientes.

Sin pedir permiso, al instante Luis se acercó a las dos enarbolando su bien dotada verga, las puso a cuatro patas, y antes de que terminen de gozar, comenzó a cogerlas sobre la cama golpeando su pubis contra sus nalgas abiertas con la fuerza de un toro. Y las putas pedían más. Como lobas comenzaron a lamerlo, a chuparle, una los testículos, otra las tetillas. Lo pajeaban con las manos y con la boca, hasta que le hicieron saltar la leche que cayó sobre sus caras, que lamían con avidez.

Después de la pasión y por unos segundos, todo fue silencio, placer y lasitud, hasta que indiscretamente comenzó a escucharse, como perdida, la alarma de un reloj. Era el de Luzmar, que había quedado traspapelado entre las ropas y que le anunciaba que era tiempo de volver a la realidad; debía regresar a casa, y mentir que había estado estudiando en la casa de una amiga. Aunque esto, en realidad, no era del todo mentira: estuvo con una amiga, y si es por aprender… aprendió muchas cosas. Y mientras tanto, la ducha seguía cayendo insistentemente, arrullando con su sonido las fantasías ahora adormecidas de estas dos mujeres que se aventuraron a vivir sus sueños y seguramente… van por más.

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