Sombras del deseo

Escrito en Sexo Anal por Relatos Eroticos el Jueves 23 Marzo 2006 a las 2:40 pm

Yo estaba atónito, por unos momentos tenía una vista maravillosa. La mujer que yo siempre había deseado, por fin estaba frente a mí. Y por si esto fuera poco nada cubría su bello cuerpo, pues lentamente fue despojándose de la ropa que vestía, incluso la excitante ropa interior de color rojo que acostumbraba. Con una mirada intensa me dijo lo que yo quería oír, ante mi vacilante caminar, se abalanzó sobre mí y pasando suavemente su lengua por mi oído y me dijo:

- ¡Es hora!.

- ¿Es hora? - le pregunte.

Antes que pudiera descargar todo mi deseo sobre ella, la persona de la cual habían salido esas palabras, era mi madre, que irrumpía en uno de los momentos más gloriosos de mi vida, pero al escucharla intente concentrarme nuevamente, hasta que un abrupto “¿Qué no me escuchas?.Vas a llegar tarde a la universidad”, acabó con lo que solo era un fugaz sueño. Solo me quedaba volver a la triste realidad, era solo un día más de escuela, aburrida y desesperante como siempre, pero había algo diferente aquel día. El sonido de un automóvil inició lo que sería mi más grande sueño al fin cerca de ser materializado.

Aquella mujer de la que hablaba inicialmente, bajó del automóvil con el típico caminar que exalta, tras unos ajustados pantalones un par de hermosos glúteos, que parecían hechos a mano por un escultor. Con alegría recibía la noticia de que diariamente nos visitaría, ¿la razón?, mi madre cuidaría de sus hijas por las mañanas, ¡Así es… era una mujer casada y con dos hijitas! Lo cual de ninguna manera alejaba mis más recónditos deseos de tenerla.

Al principio solo me conformaba con esperar su llegada y desde un sillón observarla cuando regresaba por sus hijas, era estremecedor verla entrar, su rostro casi desprendía luz, pues tenía unos ojos grandes y color miel, no podía tener una nariz más hermosa pues sería imposible, y esos labios que invitaban a morderlos como a una fresa.

Pero su cuerpo. ¡Que decir de su cuerpo! El delgado cuello terminaba en unos frágiles hombros que solo eran el principio de una obra maestra de mujer, pues un par de adorables pechos resaltaban de ese formidable torso. No eran ni grandes ni pequeños, eran simplemente perfectos, sobre todo cuando los resaltaba con un sostén adecuado. Su formada cintura culminaba en el trasero más proporcionado que haya visto, solo bastaba dirigir la mirada por un momento para perderse en ese sensual y vistoso par de gemelas. Sus delicados pies eran antecedidos por la belleza de sus piernas.

Observarla de pies a cabeza se volvió mi obsesión, más aún cuando en la universidad comenzó a atender el mostrador de la biblioteca, que se convirtió en hogar y recinto de todas mis fantasías. Acostumbraba charlar con ella cuando no tenía alguna clase o en cualquier momento disponible, al parecer todas las demás empleadas sentían la razonable envidia de trabajar con aquella mujer, todos los profesores y personal masculino la trataban con mucha amabilidad esperando el momento en que ella no los viera para comérsela con los ojos, cosa que a mí me disgustaba. Yo quería ser el único en deleitarme observando como trabajaba, y más aun cuando llegaba a mi casa después del trabajo.

En ese tiempo siempre estuve pendiente a casi cada movimiento que hacía, esperando que por algún descuido me dejara ver más allá, por ejemplo, un día en la biblioteca ella estaba como de costumbre atendiendo el mostrador con unos jeans muy ajustados, era difícil no desviar la mirada, pero yo estaba del otro lado del mostrador y veía muy poco, de pronto en un descuido de ella cayeron al piso algunas carpetas con hojas, después de la expresión de enojo se inclinó a recogerlas, ¡Vaya manera de hacerlo! Al principio volví el rostro a una ventana por el miedo a ser sorprendido mirándola, pero no resistí y en ese momento fui testigo de algo maravilloso, era como si sus nalgas fueran a romper ese pantalón, cuando creí que no podía ser mejor, por el borde del pantalón se asomó su divina pantaleta color rojo, como una invitación a desgarrarla, de no ser por el mostrador, no sé si me hubiera contenido de abarcar con mis manos el trasero que más anhelaba. Aquella impresión se quedó grabada en mi mente además de causarme una duradera erección, que oculté con mis libros.

Realmente mi deseo por ella era mucho, pero había demasiado en juego si me atrevía a insinuarle mis intenciones, por lo que siempre fui un observador pasivo. Para calmar esas tremendas ganas acostumbraba ver pornografía por televisión, pero solo lograba encender más mi vehemencia por aquella diosa. La pornografía me ocasionaba muchos sueños, pero todos con ella, disfrutaba hasta el límite aquellas ilusiones. Como una vez que me vi dentro de aquella biblioteca rodeado de estantes y libros, sabía que buscaba algo pero todo perdió sentido cuando la vi, sentada en su silla de trabajo y entre lágrimas y sollozos repetía la frase -¿Por qué a mí?-. Conmovido me acerqué e hincándome abracé con fuerza su cintura descansando mi cabeza sobre su vientre. Entonces tomándome del cabello me arrojó al piso y se tendió sobre mí con un deseo ardiente escapando por sus ojos, intenté besarla pero de alejó, enderezándose comenzó a desabotonar la blusa color verde que traía, extendí los brazos y apreté sus senos aún cubiertos con el sostén, apoyándose en sus rodillas levantó su trasero de mis piernas con lo que supuse que deseaba que la despojará de su falda, y así lo hice, con las manos extendidas recorrí su figura mientras bajaba aquella prenda, su sudor fragante me excitaba demasiado, por lo que sin más demora la tomé entre mis brazos para sellar aquel momento y de nuevo se acercó a mi oído diciendo -¡Este es el día!-. Pero en ese momento despertaba, estaba solo en mi cama abrazando mi sábana.

No puedo ni imaginar por que en los sueños no podía ir más allá, cosa que pasaba a menudo en la vida real. Pero un día tuve una maravillosa idea, surgió mientras contemplaba vídeos en una página web, eran cámaras ocultas en baños y lugares públicos, pero la idea se consolidó un día, pues yo me preparaba en mi cuarto para un examen, tan inmerso estaba en el estudio que olvidé tomar mi lugar para cuando ella llegara, solo la vi pasar su silueta por la puerta de mi cuarto dirigiéndose para el cuarto de baño, gracias a un espejo que esta fuera de mi cuarto podía ver todo lo que acontecía en ese lugar, ¡Claro! Cuando la puerta del baño estaba abierta. Pero al no verme en la sala, tal vez pensó que ese día no estaba en casa y que al estar solo mi madre no habría problema si no cerraba la puerta del cuarto de baño. No era muy excitante el pensar que solo entraba para orinar, pero el pensar en ver sus divinos glúteos y un poco más, me dejó inmóvil mirando al espejo, ella desabrochó su cinturón, abrió su pantalón y comenzó el descenso de aquella prenda, cuando observé maravillado el límite superior de sus nalgas, la entrada al paraíso, calló de mi cama un libro, y ella sin voltear (para fortuna mía) al sentir la advertencia de mi presencia cerró de un golpe la puerta, yo estaba al borde del shock, y solo un suspiro salió de mi llevándose toda aquella calentura que me causó la impresión.

El deseo tan intenso de verla desnuda me llevó a planear algo cuidadosamente. Por la confianza que tenía ella con mi madre, ciertos días después del trabajo se daba una ducha en nuestra casa, eran muy escasos pero se daban de vez en cuando. Así que busqué entre mis cosas aquella videocámara que me habían regalado hace tiempo, y esperé alerta cualquier indicio que me permitiera deducir cuando sería uno de esos días. Y ese día llegó, las manos me temblaban mientras trataba de colocar discretamente aquella cámara en la cómoda donde mi madre acostumbraba guardar las toallas, eran unos nervios desesperantes los que sentía, pues si era descubierto no me esperaba nada bueno. El corazón me latió con fuerza por cada segundo que duró en la ducha, pero sentí un gran alivio al verla salir sin preocupación alguna. Al parecer la operación tuvo éxito y solo tuve que esperar a quedarme solo para contemplar el resultado de mi valeroso plan.

Reproduje ansioso el vídeo, me di cuenta que la cámara no podía tener mejor ubicación pues cuando ella entró, el lente abarcó todo su cuerpo, recuerdo que vestía una playera amarilla, de la cual se despojó con facilidad, ¡waaaaaaaaaw! difícilmente podría describir la sensación que sentí al ver ese sostén rojo salvaguardando esos firmes pechos, esto me excitaba más que toda la pornografía que había visto en mi vida, jamás olvidaré como sujetó por el borde su pantalón y comenzó a bajarlo en un recorrido de armonía y gloria, pero vendría lo mejor, para sacarlo de entre sus pies se inclinó dando a la cámara la vista de ese resaltado trasero, el televisor mismo se llenó con esas nalgas, no cabía nada más ahí, casi podía ver como si derramaran néctar en ese paralizador momento, sentí incomparables ganas de abalanzarme sobre el televisor, pero me contuve pensando en lo estúpido que me vería. El espectáculo terminó por un momento pues atravesó la cortina de baño aún con la ropa íntima puesta. Decepcionado, solo me quedaba esperar a que saliera, pues probablemente sería testigo de lo que mis fantasías me hablaban, su cuerpo totalmente sin cobertura. Pero casi me doy contra la pared cuando la veo extender la mano desde atrás de la cortina de baño y alcanzar su cambio de ropa interior, lo demás ni merece contarse, ¡Qué decepción!.

Ese día recuerdo lo que vi al caer la noche sobre mi cama, era viernes, el día que coincidimos al salir de la universidad, me apresuré a alcanzarla y pedirle que me llevara con ella, pues sabía que se dirigía a mi casa por sus hijas. No cruzamos palabra en el camino, pero pronto nos encontramos en medio de todos esos automóviles comunes en un embotellamiento vehicular, con la mirada llena de tensión me volvió a mirar con aquellas palabras - ¿Por qué a mí? - Yo solo pude acercarme y darle un tierno beso en la mejilla, ella puso su mano derecha sobre mi rodilla, fue subiendo sobre mi costado, llegó a mi rostro, pasó por mi cuello y tomando mi mano izquierda la precipitó hacia uno de sus senos por encima de una blusa de encaje. Mi reacción fue inmediata dirigí frenético de pasión mi rostro contra el de ella en un salvaje beso que fue más allá de unir nuestros labios, pues el sensitivo roce de su lengua sobre la mía me sobresaltó, he hizo que apretará aún más el pecho que acariciaba con mi mano. De nuevo sentí aquel sudor aromático que salía de su cuello, y siguiendo el mismo camino que aquel introduje mi mano dentro de la blusa y el sujetador, en un desplante flexionó su espalda hacia adelante y dejó salir un instantáneo gemido.

Cuando cobré conciencia de las miradas que había alrededor intenté retirarme de ella, pero salvajemente se arrancó la blusa y se acomodó sobre mis piernas en aquel reducido espacio, descansó sus brazos sobre mis hombros. Yo solo podía mirar aquellos suculentos pechos, ignorando las miradas curiosas de la gente, me deleité en finas caricias, pues ella misma desabrochó su sostén y yo solo tuve que alejarlo lo más lejos posible, el calor era tan excitante, que únicamente podía pensar en besar sus senos desnudos, fue entonces cuando los recorrí con mis labios y pude probar ese sudor del que hablaba, repentinamente se dio la vuelta dándome una vista de su espalda descubierta, y dirigiendo su trasero hacia mi rostro comenzó a quitarse una bella falda rosa, sentí como mis manos se dirigieron contra sus prominentes nalgas de las que emanaban miel y fragancias de flores, justo cuando estaba a punto de descubrirlas de aquella pantaleta roja, me miró lujuriosamente y dijo -¡Es el momento!- ¡noooo! Todo se desvaneció. Volvía a ser presa de la desesperación.

Pensé que el no poder contemplarla totalmente desnuda, era la causa de aquellos sueños interrumpidos. Por esa razón me propuse consumar el plan hasta que tuviera lo que deseaba, pues para mí esos sueños eran cada vez más reales. La espera duró 5 meses, justo mi último día de clases y su último día de trabajo. Desesperado por llegar a casa aquel día me importó poco no realizar mi examen final del semestre, pero mis esperanzas se desmoronaron cuando al llegar a casa, contemplé que estaba el auto de su esposo, quien había ido a recoger a sus hijas. Totalmente exasperado me encerré en mi cuarto, oyendo a lo lejos el sonido de aquel auto que ahora se llevaba mi sueño.

Mi madre solo me preparó comida y se fue al supermercado, dejándome en la fría soledad. Pero antes de que me quedara dormido, resonó en mis oídos el sonido de otro auto.

¡Era ella!

No podía esconder la cara de idiota que tenía al saludarla. -Oye Lalo- me dijo-, sabes que tengo una reunión por el fin de cursos pero necesitaba darme un baño-. ¡Lotería! Solo debía entretenerla mientras colocaba la cámara en el baño, -¿No prefiere comer primero?- comenté suspicazmente -¡La comida de hoy estuvo de agasajo-. -¡No! -respondió-Tengo mucha prisa, mejor a lo que vengo-.

¡Demonios! Había fallado la artimaña, aún me quedaba confiar en entrar mientras estaba dentro de la ducha para dejar la cámara. Así que esperé el momento oportuno, pero me temblaban las piernas y sentí mucho temor, aun cuando escuché el sonido del agua dentro del cuarto de baño.

Entonces como voz del cielo me dijo desde la ducha- ¡Lalo! Necesito una toalla, ¿Podrías pasarme una?- ¡Era lo que necesitaba¡ Nervioso abrí la puerta y tomé la toalla, colocando rápidamente el aparato dentro de la cómoda, un chispazo de inteligencia me dijo que debía poner fuera de su alcance la ropa interior que se iba a poner, para que, al momento de salir por ella tuviera la toma del año. Pero sus prendas descansaban sobre el tubo que sostenía la cortina, el haberlas quitado, hubiera provocado su reclamo, sin embargo aproveché una única oportunidad, pues arrojé la toalla por encima del tubo sobre su ropa interior.-¡¡Gracias!!- se reservó a contestarme-.

En una hora, ella ya había salido y yo preparándome para ver ese vídeo, con cierto miedo a que las cosas no hubieran salido bien, todo había funcionado, pues al bajar la toalla, su pantaleta y sostén cayeron, al parecer atrapó en el aire la pantaleta, pero el sujetador calló en el agua. La salida de la ducha fue espectacular, por fin contemple sus tetas, tan delineadas como siempre las había imaginado, sus lindos pezones color café claro sobresalían de esas joyas que tenía por pechos, mientras ella los secaba con la toalla, yo estaba totalmente excitado viéndola rozar esos senos con la toalla, metiéndolos de un lado para el otro. Solo podía revolcarme de placer mientras me masturbaba al ver semejante espectáculo.

Pero… pronto esa dicha se convirtió en espanto, vi como después de vestirse se acercaba hacia la cámara y la tomaba, pues por ese momento se enfocó el suelo del cuarto de baño, aquellos azulejos verde oscuro señalaban, a mi aparente ruina. ¿Que pensaría?¿Por que no comento nada?¿Que consecuencias me traería haberme dejado llevar por aquel deseo vehemente? La respuesta estaba en mis sueños. Relatos Porno

Sexo anal con mi cuñado

Escrito en Sexo Anal por Relatos Eroticos el Jueves 23 Marzo 2006 a las 2:35 pm

La historia que estoy por contar es algo que me da verg�enza pero que a su vez es el momento que m�s goc� en mi vida. Me llamo Marcela, tengo 38 a�os y vivo en Buenos Aires, estoy casada desde hace 15 a�os y tengo 2 hijos.

Un d�a, alrededor de las 2 de la tarde, mis hijos estaban durmiendo y mi marido trabajando (�l trabaja hasta las 7 de la noche) yo estaba haciendo gimnasia en casa, ten�a puesto una remera celeste y un pantal�n de color blanco, de repente todo se apag�, se hab�a cortado la electricidad. Entonces lo llam� por tel�fono a mi cu�ado (el marido de la hermana de mi marido) que se llama Jorge y tiene 33 a�os, �l sab�a de electricidad, enseguida vino a casa y en 10 minutos ten�a energ�a nuevamente. Yo mido 1,58 y peso unos 49 Kilogramos y mi cu�ado (Jorge) es alto, mide 1,79 y pesa unos 80 Kilogramos, estas diferencias entre �l y yo son importantes por lo que hicimos juntos.

Luego que �l guardara sus herramientas, nos quedamos parados charlando, de repente se me qued� mirando directo a los ojos y luego se me acerc� hasta quedar a muy pocos cent�metros sus labios de los m�os, de repente sus manos comenzaron a rodearme la cintura hasta llegar a mi espalda y luego bajaron hasta mi cola acarici�ndola toda. Yo me qued� helada, quer�a detenerlo pero mi cuerpo no me respond�a, sab�a que si no lo deten�a me iba a coger, no s� como pero lo sab�a. Entonces cerr� los ojos y �l me bes�, de repente no sent� m�s sus manos ni sus besos pero no me atrev� a ver que pasaba, unos segundos despu�s lo volv� a sentir pero esta vez sus manos me acariciaban mis peque�as tetas, una de sus manos baj�, se meti� dentro de mi pantal�n, luego dentro de mi bombacha y no par� hasta que un dedo se hundi� en mi concha, entonces comprend� que �l estaba detr�s de m�.

Yo sab�a que ten�a que parar con esto, que yo estaba casada y �l tambi�n y sobre todo que �ramos cu�ados pero el placer que sent�a me lo impidi�, no lo pude resistir m�s, no pude ocultar lo que sent�a y comenc� a gemir, me inclin� hacia delante y sent� algo enorme que choc� contra mi cola, era su pene, un enorme bulto, tir� una mano hacia atr�s, la puse entre �l y yo y tom� ese enorme bulto en mi mano. Mientras me apoyaba por atr�s Jorge comenz� a decirme cosas al o�do, me dec�a que me quer�a coger, que hac�a tiempo que me miraba y le gustaba mi cuerpo por ser chiquita y delgada, que le encantaba mi peque�a cola, dec�a que ten�a el culito paradito y redondito como a �l le gustaba y que siempre se preguntaba como ser�a penetrarme.

Sus manos comenzaron a bajarme el pantal�n, yo me di la vuelta y tambi�n comenc� a bajarle el pantal�n, y luego, al bajarle el calzoncillo, algo duro largo y grueso apareci� entre mis manos, �que pija m�s enorme� pensaba yo. Si hab�a llegado hasta ah� ya no pod�a detenerme, ahora estaba dispuesta a todo, sin pensarlo mucho me agach� delante de �l, tome su pija con mi mano y me la hund� en la boca, casi no me entraba, Jorge me tomaba de la cabeza y me la empujaba hacia �l. Luego los dos nos miramos y fuimos hasta una mesa, me sent� sobre ella, abr� las piernas y Jorge se coloc� delante, tom� su pija con la mano y me la puse entre las piernas, inmediatamente �l empuj� y comenz� a met�rmela lentamente, al principio me doli� pero luego el placer me ceg� y s�lo ve�a placer y placer. Enseguida todo su pedazo entr� dentro de m�. Jorge me besaba la boca y las tetas mientras toda su pija entraba y sal�a una y otra vez rozando mi cl�toris y poni�ndome cada vez m�s loca. Poco tiempo despu�s tuve un orgasmo con unos gemidos tan fuertes que casi grito de placer.

Fue entonces que de la boca de Jorge salieron las palabras que toda la vida recordar� �Date vuelta� me dijo cuando termin� de acabar, yo sab�a lo que eso significaba y sus consecuencias, entonces le expliqu� que de atr�s era virgen y que ni siquiera a mi marido le hab�a dado la cola por miedo a que me lastimara y eso que mi marido no tiene la pija tan grande como �l, en ese momento fue cuando pens� en sus 80 kilos y en su enorme pija dentro de la peque�a cola de una mujer de 48 kilos, solo pensaba en si resistir�a esa penetraci�n, adem�s siempre pens� que el sexo anal era algo sucio y doloroso.

Pero luego, quise ser penetrada, en ese momento no pens� en lo sucio ni en el dolor, s�lo quer�a gozar m�s y m�s y por primera vez en la vida quer�a que una enorme pija entrara hasta el fondo de mi cola sin importar lo que yo sufriera si me part�a en dos, entonces s�lo le dije �Soy toda tuya Jorge… incluyendo la cola� �l me tomo de la mano y me llev� al sill�n donde me pidi� que me acostara boca abajo, luego me coloc� un almohad�n debajo de la cintura y qued� con la cola levantada, �l se puso crema en la pija y se coloc� detr�s de m�, me pasaba la pija por la cola, sobre los cachetes, por la vulva, sobre el ano, lentamente introdujo un dedo en mi ano y luego dos, mientras me dec�a que abriera las piernas, que me relajara, y… de repente vi las estrellas, sent� un dolor tan fuerte que se me escap� un peque�o grito, algo duro y grande me estaba desvirgando el ano.

Los segundos de penetraci�n parec�an minutos, al rato pens� que ya me la hab�a metido toda, pero cuando me dijo que solo hab�a entrado la punta, pens� �Por Dios… me va a desgarrar el culo… y bueno de algo hay que morir�, estaba tan caliente que no me importaba desmayarme de dolor, s�lo quer�a que �l, mi cu�ado, me partiera el culo y para demostr�rselo le dije �Dale Jorge… deja a tu cu�adita bien� y empuj� la cola hacia arriba, el continu� empujando muy lentamente, a veces me la sacaba toda y me la volv�a a meter pero cada vez un poco m�s adentro, me penetraba con mucho cuidado, sent�a como mi cola se abr�a y su pija entraba cent�metro a cent�metro mientras un par de l�grimas brotaron de mis ojos, Jorge me pregunt� si me dol�a mucho, le ment�, le dije que estaba bien y que me la metiera toda, porqu� eso era lo que quer�a.

Luego de un rato de culiarme me dijo que ya la ten�a toda adentro, me hab�a penetrado completamente, yo no pod�a creer lo que estaba haciendo, mi cu�ado me estaba penetrando por el culo, tampoco pod�a creer que toda su enorme pija haya entrado en mi cola, sent�a la punta de su pija en mi est�mago y mi cola desgarrada y partida en dos. Una vez penetrada por completo gem�amos los dos, nos mov�amos los dos juntos, culiando y culiando, gozamos del sexo anal un largo rato hasta que tuve mi segundo orgasmo, tampoco sab�a que el sexo anal pod�a provocar un orgasmo, seguro que lo est�bamos disfrutando, luego Jorge comenz� a temblar y gritaba mientras yo sent�a como su pija se sacud�a cada vez que eyaculaba dentro de mi culo. Nunca lo hab�a imaginado a mi cu�ado gozando de esa forma y menos cogi�ndome como lo hizo. Cuando Jorge me sac� la pija me dijo que un hilo de sangre chorreaba de mi ano, eso no me sorprendi�, me hab�a imaginado que me desgarrar�a el ano con semejante pene.

Hoy, un tiempo despu�s de esa movida tarde, me sigo preguntando como fui capaz de hacer lo que hice, y de c�mo pude resistir esa penetraci�n anal con un dolor que nunca olvidar� pero tambi�n una experiencia y un placer que tampoco nunca olvidar�, tampoco olvidar� a mi cu�adito que hasta ahora fue el �nico due�o de mi trasero. Relatos Porno

Lo que me paso con mi novio

Escrito en Sexo Anal por Relatos Eroticos el Jueves 16 Marzo 2006 a las 5:11 pm

Hacía tiempo que no le iba a visitar a su casa, él vive con sus padres y pasa la mayor parte del tiempo por no decir todo en su habitación con el ordenador conectado a la red. Para darle una sorpresa entré a su cuarto sin llamar, como venía siendo habitual estaba viendo fotos porno, al oírme se dio la vuelta y observé que estaba algo avergonzado, pensé un momento y acto seguido miré la pantalla, ahora lo entendía, estaba viendo fotos de gente cagándose!, me dijo:

“Hola, mira lo que he encontrado, es asqueroso, verdad?”.

Me hizo gracia su reacción, como si fuera la primera vez que visitaba ese tipo de páginas aunque no se lo transmití, y con voz seca le pregunté que porque lo miraba si tan asqueroso le resultaba, a lo que me contestó que no sabía.

Últimamente nuestra relación se había deteriorado, yo ya no estaba dispuesta todos los días por lo que él estaba encabronado, así que tranquilamente sin levantarse de la silla se subió la camiseta descaradamente para que yo pudiera ver que tenía la polla al descubierto completamente erecta. Se giró hacia el ordenador de nuevo y como si yo no estuviera allí, siguió con su tarea, con una mano sobre el ratón pinchando fotos y con la otra frotándose la polla. Me quedé detrás observando, el jadeaba y yo notaba que me estaba calentando como una guarra ya que lo que estaba viendo era realmente cerdo. De repente hizo una parada en su masturbación, y me dijo como si estuviese tratando con una puta:

“Ven aquí cerda que te voy a lamer el culo”.

Yo ya estaba muy excitada pues la situación me parecía muy viciosa además de que su polla es tremendamente grande y gruesa, así que me acerqué lentamente como si no quisiera hacerlo, entonces me sujetó de un brazo al tiempo que se ponía de pie, pudiendo contemplar su enorme polla dura como una piedra.

Yo llevaba una blusa sin nada debajo ya que hacía mucho calor y el sujetador me agobiaba y unos pantalones de tela fina. Me acercó a él y comenzó a rozarse contra mí con movimientos enérgicos, él estaba muy caliente porque se estaba dando cuenta de que lo que yo estaba presenciando me estaba excitando realmente aunque fingiese no estarlo, lo cual le ponía aún más. Me metió una mano por debajo de la blusa y me agarró una teta, tirándome del pezón, le encantaban mis tetas grandes y pendulonas, no pudo aguantar mucho para comenzar a chuparme ansiosamente y a ordenarme que le diera de mamar, yo notaba como me mojaba cada vez mas y como me gustaba hacerme la que no quiere la cosa, como si me obligara… Pero en seguida noté que ese no era el jueguecito que ese día el buscaba, pocos segundos tardó en arrodillarse y buscar mi ano, tapado por un tanga y a lamérmelo como un perro, me colocó a cuatro patas, con las manos me separó las nalgas y siguió con su hazaña mientras no paraba de decirme:

“Como te gusta eh puta, ábrete mas”.

Yo sin decir nada hacía lo que me ordenaba, mientras seguía cada vez poniéndome más cachonda. Me decía que estaba haciendo lo que estaba viendo en fotos pero que faltaba un pequeño detalle, se calló esperando a que yo preguntara cual, no le fallé y le pregunté para que él pudiera continuar con su fantasía para ver hasta donde llegaba. Me dijo:

“Quiero que te tires pedos en mi cara puta”.

Le dije que no, que no podía, su reacción fue agarrarme de mis tetonas tirando de ellas y decirme:

“Hazlo ahora mismo, so guarra, mira como tienes el coño de empapado”.

Tímidamente hice fuerza hasta que me tiré uno, se volvió loco y metió otra vez la lengua en mi ano como un poseso, me calentó tanto que intenté de nuevo tirarme otro pedo, me salió y ya no paré, cada vez que esto sucedía él me estiraba y retorcía mis pezones, (sabe que me encanta). Entonces empecé a tener ganas de hacer caca y un pequeño chorro de meada me salió inconscientemente, él lo notó en seguida, dejó mi culo y metió su lengua en mi coño y me ordenó que le meara, eso ya lo habíamos practicado anteriormente, ya que a él le gustaba bebérselo.

Estaba algo cansada de la postura ya que no podía ver su polla, la cual me apetecía un montón comer, así que me giré hacia ella y la empecé a lamer a la vez que le ponía el coño en su boca, me volvió a insistir:

“Méate puta”

Dejé de oponerme y relajé los músculos para darle gusto pero me di cuenta de que si lo hacía me cagaba, así que volví a contraerme, me dijo:

“¿No me has oído?, haz lo que te he dicho”.

Yo le dije:

“Tengo ganas de hacer caca, no puedo mear, si lo hago no voy a aguantar”.

Y el me contesto:

“Si tienes ganas de cagar suelta la mierda zorra, no ves que es lo que estas deseando”.

Le contesté:

“Me voy a cagar en tu cara, sabes que no quiero sexo contigo porque eres un cerdo que se te pone dura cada vez que ves a una tetona como yo, así que te vas a enterar”.

Entonces comencé a jugar, tenía la caca al borde del ano al igual que mi pis deseosos de salir de mi, así que alternativamente contraía y relajaba para darme gusto a mi también, estaba sofocada a la vez sentía como si estuviese bajo los efectos de alguna droga y estuviese en un sueño, el me lamía la caca que me asomaba y tragaba mis chorros, ya no podía aguantar mas y deje de oponer resistencia a la salida de mis necesidades, me sujetó bien el culo y abrió la boca, yo paré de comer su polla, se la agarré con una mano con fuerza, como a el le gusta, y con la otra me cogí una de mis tetas para chupármela como una autentica putona, y le dije:

“Ahora voy a soltar la mierda en tu cara cerdo, quédate quieto, ¿Me has oído?”.

Asintió encantado, lo notaba en las palpitaciones de la polla, así que me dejé, meé durante toda la cagada entre pedos, el suspiraba de gusto al mismo tiempo que con una de sus manos empezó a frotar mi clítoris, jadeábamos los dos y tuvimos un orgasmo simultaneo, mientras yo restregaba el culo en su boca para que me limpiara los restos. Tras la corrida fuimos al baño, primero él y luego yo, nos lavamos, volvimos al cuarto, apagó el ordenador, y sin mediar palabra bajamos como era habitual a tomar una copa al bar de siempre.

Quiero que te corras en mi culo

Escrito en Sexo Anal por Relatos Eroticos el Jueves 16 Marzo 2006 a las 4:47 pm

El sol le dio de lleno en la cara y Aline abrió los ojos, parpadeando. Sintió entonces el exquisito olor del desayuno que Nox le servía y se sentó en la cama. El hermoso mulato estaba desnudo y no parecía avergonzarse lo más mínimo. A su pesar, Aline contrastó su propia actitud con la de él. No lograba acostumbrarse aún a estar desnuda en la presencia de un hombre, aunque la noche anterior se hubiera entregado a él, rogándole, como una guarra, que la sodomizara. Se ruborizó al recordar esto y él lo notó. Acarició la mejilla y le dio un beso.

Mientras ella comía con mucho apetito, Nox le preparó el baño y buscó algunas prendas de lo más provocativas. Al verlas, ella dijo: “No esperarás que me ponga eso”. “¿Por qué no?”, preguntó él. “Ya te consideran una puta… pues bien: tienes que ser una muy lasciva. Provócalos. Su deseo es un homenaje a tu belleza y a tu lujuria. Creen que eres ahora eres una dulce niña, atormentada y medio vencida. No te rindas. Tu orgullo es lo único que tienes. Pase lo que pase, no te sometas con facilidad…”. Al oírlo decir esto, Aline bajó los ojos. Eso era precisamente lo que ella había hecho la noche anterior con Nox: entregarse. Él adivinó la causa de su pesadumbre. “Anoche fue distinto…” dijo. Aline se abismó en sus pupilas verdes. Era tan apuesto… besó su mano y Nox sonrió, turbado. “Entre nosotros podemos ayudarnos y darnos placer, pero ellos son distintos… te usarán, te humillarán… o al menos, van a intentarlo. No les importas. Bueno, pues entonces no pienses en ellos. Goza y cúbrete de indiferencia. Es lo peor que puedes hacerles. No los mires, actúa como si no tuvieran importancia”. Aline asintió. No quería salir de aquella habitación. No quería que sus atormentadores volvieran y la arrancaran de aquella isla de paz. Nox intentó animarla. Se sumergió en la enorme tina que se abría bajo el nivel del suelo en el cuarto de baño cubierto de mármol rosa y se dedicó a darle placer. La envolvió en la nube perfumada del baño y le lavó el cabello.

Después la envolvió en una toalla cálida, curó sus heridas y le dio un masaje relajante. La ayudó a levantarse y la cabellera rubia y lacia la cubrió como un manto, que él recogió en un complicado peinado hecho con muchas trenzas delgadas. La maravilló la rapidez con que podía trenzar su pelo. Luego la maquilló con sabiduría y le puso un apretado corsé de látex que levantó su culo y tetas, afinando su cintura. Le ayudó a colocarse las medias de seda, los guantes de satén, largos hasta los codos, y los altos tacones, todo de color negro. Al verla ante el espejo, Nox sonrió, y Aline se contempló con asombro. Su belleza, a la par inocente y lasciva, se había hecho aún más perturbadora con aquel atuendo. “Estás preciosa”, ponderó. Ella se ruborizó y bajó la vista, pero él le alzó el mentón y la besó. “Ámame”, pidió Aline, pero Nox negó con la cabeza. “No hay tiempo. Vendrán por ti de un momento a otro…”, y al decirlo, su rostro se ensombreció. “Déjame al menos estimularte”, dijo entonces, y se inclinó ante él. Nox cerró los ojos, estremecido de placer cuando ella estrechó entre sus labios la polla flácida. No duró así. Poco después se alzaba desafiante.

A Aline le fascinó sentir cómo su manera de chuparla y lamerla iba endureciendo el capullo hasta convertirlo en el firme garrote que la había taladrado. La mano de Nox buscó su entrepierna y comenzó a sobarla por encima del cinturón de castidad, frotándolo rítmicamente. Aquella caricia fue excitándola paulatinamente y Aline abandonó la polla para buscar su boca. Nox la besó apasionadamente y ella le correspondió. “Quiero satisfacerte”, dijo él. “No”, rehusó ella.

“Debo estar insatisfecha: Sólo así podré soportar lo que venga… después, si nos dejan dormir juntos, me entregaré a ti y podrás llevarme al orgasmo…”, a él lo admiraron estas palabras. Aprendía rápido. “En cambio, quiero que hagas otra cosa…”, pidió, y al decirlo, bajó la vista. “¿Qué quieres?”, preguntó. Ella lo miró muy seria y dijo: “Sodomízame. Quiero que te corras en mi culo”. La miró asombrado. “¿Por qué?”, inquirió sorprendido. “Porque de ese modo, tu leche me lubricará y eso de seguro me será útil cuando me follen… y porque en la medida en que mi culo se vaya abriendo, cada vez será menos dolorosa…”. A Nox lo sorprendió aquella sabiduría y accedió.

Ella se colocó de lado, sobre la cama, y él se inclinó, de pie, de tal modo que la penetración fue más fácil. La penetró muy despacio, hasta que cupo toda la verga. Cuando la llenó por completo, se quedó inmóvil. Ella intentó acostumbrarse a la sensación de estar atravesada por aquel ariete firme y cálido. Luego, muy lentamente, empezó a moverse hacia fuera y hacia dentro. La oscilación se fue haciendo rítmica, y lo urgió a acelerarla. “¿Te duele?”, preguntó él. Ella asintió y Nox se detuvo.

“No pares”, pidió, “debo acostumbrarme a la sensación…”, y él asintió. Siguió penetrándola, hasta que no pudo más y el oleaje intenso de aquella corriente que se agitaba debajo de su piel lo alcanzó y lo derribó. Se derramó por completo dentro de Aline y dejó su estrecho canal lleno de semen. Agotado, Nox se tendió y reposó hasta que su respiración se hizo apacible. Entonces acarició los senos y la entrepierna de Aline, llevándola al borde de su orgasmo, pero ella lo detuvo. Se calmaron y luego volvió a repetir la operación. Cuando estaba a punto de culminar, escucharon pasos en el corredor e instintivamente se pusieron de pie.

La puerta se abrió y apareció Adrien de Valcour. “He venido a usarte, puta…”, rugió. Aline evitó mirarlo a los ojos, pero no bajó la vista. Adoptó en cambio un aire ausente. “Ven aquí”, dijo. Aline se acercó y él le sujetó las manos con unos grilletes. “De rodillas”, ordenó. Ella obedeció sin replicar. Adrien metió la polla entre sus labios. Empezó a felarlo sin emoción y él le propinó una sonora bofetada. Nox bajó la vista y dominó a duras penas su deseo de intervenir. Ella se limitó a mamarlo un poco más rápido, pero sin demostrar interés en lo que hacía. Entonces el príncipe se enfureció, la asió por el cabello y se masturbó contra su boca. Cuando tuvo la verga enhiesta, Aline pensó que iba a empalarla de inmediato, pero se equivocó. “Sujétala”, ordenó a Nox. Entonces Aline comprendió para qué servía una cadena que pendía del techo. Nox cumplió la orden y ella quedó con los brazos extendidos por encima de su cabeza. Adrien le separó las piernas y tomó el látigo. No demostró ninguna emoción. Comenzó a sobar sus nalgas con él, y a Aline le comenzó a dar mucho miedo. Sabía el efecto que aquella arma podía tener sobre la delicada piel de sus tetas y no quería experimentarlo. “¿Tienes miedo, verdad, putita?”.

Ella no respondió, pero cerró los ojos y Adrien sonrió, satisfecho. “Debes temer. Es saludable”, y diciendo esto, insertó profundamente el mango del látigo en el culo. Al sentir cómo aquel objeto duro se abría paso entre sus nalgas, Aline gritó, pero Adrien no se detuvo y siguió violándola durante largo rato. Por fin, a una señal de su amo, Nox la desató y la ayudó a sostenerse en pie. “Trae aquí a esa puta… está lista para que atienda a mis invitados. Si me hace quedar mal, esta noche se arrepentirá de haber nacido…”, y diciendo esto, el príncipe le colocó un collar de perra y una traílla y la obligó a caminar detrás. Nox la vio dirigirse a la puerta con el ánimo apesadumbrado. Caminando con toda la dignidad de que era capaz, Aline no volvió a mirarlo ni una sola vez.

« Entradas anteriores

Powered by Relatos Porno