Desvirgada en el sofa
Les voy a contar la primera vez que tuve sexo. Yo tenÃa 16 años y salÃa con un chico de 24, él siempre tenia ganas de coger, pero yo era virgen y me daba un poco de miedo, asà que siempre le decÃa que estaba menstruando o que no me encontraba bien.
Al final me dio miedo que me pusiera los cuernos, ya que estaba claro que él tenÃa unas necesidades que yo no atendÃa, asà que un dÃa le llamé y quedamos para ir a cenar a su casa.
Yo querÃa que esa noche él me hiciera el amor, asà que me puse un uniforme de colegio que creà que le excitarÃa: llevaba una faldita muy corta con unas braguitas blancas debajo, unos calcetines blancos hasta la rodilla, y una blusita muy fina sin nada debajo. Yo estaba (y estoy) bastante buena y el atuendo era muy provocativo. Para salir a la calle me puse una chaqueta larga.
Cuando llegué a su casa, él me abrió la puerta y me dijo que fuera entrando. Seguramente suponÃa que querÃa hacer el amor con él esa noche, porque vi que estaba excitado.
Él fue entrando a la cocina y yo me quité la chaqueta. Con el uniforme que llevaba fui a la cocina, él estaba de espaldas a mà y cuando se dio cuenta que estaba en la puerta de la cocina, se giró y me vio; no decÃa nada, asà que yo le dije “quiero que seas mi maestro”.
Entonces él se me echó encima y empezó a besarme con más pasión que nunca. Me abrazó y me llevó hasta el sofá sin dejar de besarme.
Una vez en el sofá, me sentó y se arrodilló delante de mÃ, me levanto la faldita, me quitó las bragas blancas y empezó a lamerme la concha. Nunca me habÃan hecho eso antes y yo me estremecÃa, sentÃa su lengua por mi clÃtoris y me encantaba, empecé a mojar todo y él empezó a meterme la lengua por la cocha. Eso me encantó. Mi novio, Juan, me aguantaba las piernas abiertas con las manos, pero no hacÃa falta, porque yo no tenÃa ningunas ganas de cerrar las piernas, el placer que me daba era bestial.
Entonces Juan se empezó a desabrochar el pantalón y sacó se verga. Era enorme, yo nunca habÃa visto nada tan grande hasta entonces y me asusté un poco, aunque estaba tan cachonda que no querÃa echarme atrás.
Juan se desnudó, y yo empecé a hacer lo mismo, pero el me pidió que no me quitara la faldita, que le excitaba mucho.
Entonces Juan me preguntó si querÃa chupársela y yo le dije que sÃ. Él se sentó en el sofá y yo me arrodillé ante él. No estaba muy segura de como hacerlo, pero empecé a lamérsela y me di cuenta que se ponÃa aun más dura y grande, asà que rodeé su cabecita con los labios y empecé a metérmela y a sacármela de la boca, cada vez lo hacÃa más deprisa, pero no me metÃa mucha polla en la boca, asà que de repente Juan me cogió la cabeza por la nuca y empezó a presionar para que me la metiera más adentro. Yo iba metiéndomela y sacándomela sin parar, y cuando me la metÃa, lo hacÃa hasta el fondo, con mis labios rozándole los huevos. Yo le oÃa gemir y eso me ponÃa muy caliente, entonces, oà que me decÃa “para, para, que me voy a correr”, pero yo estaba muy caliente y no le hice caso, asà que su verga explotó en mi boca, yo no me lo esperaba y todo su lÃquido empezó a derramarse y a chorrearme por los pechos.
Entonces Juan me hizo levantar la cabeza y me dijo “lo ves, putita? ahora lo has derramado” Asà que empezó a lamer el lÃquido de mi cuello y mis senos. Yo notaba su lengua por mi pecho y, instintivamente, empecé a masturbarme con los dedos. Juan siguió lamiéndome todo el cuerpo y me empezó a meter los dedos en la vagina, yo me estremecÃa del placer. Su verga ya se estaba poniendo dura otra vez y me dijo:
“quieres que te la meta?”
Estaba muy cachonda “Si, pero no se si me va a caber”
El me dijo que me pusiera a cuatro patas en el sofá, y el se puso de pie detrás mÃo, de manera que su polla estaba a la altura de mi concha. Me agarró de las caderas y noté la punta de su verga en mi concha, yo ya estaba toda mojada y querÃa que me la metiera, él fue metiendo y sacando la verga de dentro de mÃ, y sentir su verga me ponÃa muy caliente, asà que empecé a gemir. Eso debió de excitarle mucho porque noté que empezaba a cogerme más fuerte y que me metÃa la verga más rápido. Instintivamente, movÃa mis caderas para darme más placer todavÃa.
Yo sentÃa tal placer que estaba en otro planeta, y él, de repente, me la metió toda de golpe. Hasta entonces solo me habÃa metido una parte y esa penetración me dolió mucho, asà que solté un grito.
Juan estaba tan caliente que no hizo caso y siguió metiéndomela hasta el fondo, mi dolor en seguida se volvió placer y empecé a gemir muy fuerte. OÃa que Juan también gemÃa y me iba diciendo “mira como te cabe, putita, te la estás comiendo toda entera”.
Yo sentÃa que sus huevos chocaban contra mi culo y me excité aun más. Estaba llegando al orgasmo cuando sentà que Juan explotaba dentro de mÃ, sentà todo su jugo caliente en mi vagina y eso me dio mucho placer, tanto que llegué a mi primer orgasmo.
Juan sacó la verga de dentro de mà y empezó a acariciarme toda. Yo estaba toda sudada y temblorosa del placer que acababa de experimentar y me dormà en el sofá, solo con la faldita puesta.
No se cuanto tiempo dormÃ, pero me despertaron las caricias de Juan en mis pechos, me habÃa llevado a su habitación y estaba tumbada en su cama. Mis pezones se empezaron a poner duros y Juan siguió acariciándome y lamiéndome. Yo notaba que me estaba mojando otra vez, y cuando Juan se dio cuenta, se tumbó encima de mà y empezó a penetrarme. Esta vez querÃa sentirle todo dentro de mà y le pedà que nos diéramos la vuelta. Sin sacarme la verga, rodamos un poco y yo me quedé encima de su verga, por mi propio peso me la metà toda dentro y empecé a mover las caderas a un ritmo delicioso. Le sentÃa dentro de mà y sabÃa que iba a tener otro orgasmo, que no tardó en llegar. Los dos nos corrimos a la vez y fue maravilloso.
Esa fue mi primera vez y no serÃa la última, ni mucho menos. Con Juan descubrà que me gustaba el riesgo y empezamos a hacer el amor en sitios donde podÃan descubrirnos: en los probadores de una tienda, en los lavabos de un bar, en el coche aparcados en la calle… Una vez nos lo montamos en una discoteca, pero esa es otra historia.









que rico, me encanto, a ver cuando me mandas otra historia de estas