Mis sueños realizados
Comenzaré diciéndote que siempre habÃa soñado con hacer travesurillas en el cine pero a mi esposo nunca le ha gustado el cine (ni las travesurillas) y otra cosa que me pasaba es que no dejaba de pensar y a veces hasta soñar con una persona que conocà en el mismo gimnasio donde yo asistÃa hasta hace algunos meses.
Como ya te dije estoy casada, con un hombre bastante celoso y también mal amante, bueno, no nos hemos comprendido en esto del sexo, ya no discutimos sobre el tema, pero antes solÃamos hacerlo, cuando yo le explicaba como me sentÃa después de haber hecho el amor (mal) y claro, según él, la culpa de que no disfrutara la tenÃa yo.
Bien, otros datos sobre mà es que tengo 35 años y trabajo en una empresa donde hace poco me enviaron a otra ciudad a tomar un curso de capacitación. Mi marido estaba muy ocupado en esas fechas por lo que no podÃa acompañarme, y después de darme mil recomendaciones, permitió que me fuera sola.
El primer dÃa lo pasé en ese tedioso curso-taller, y ya por la noche bajé a cenar al mismo restaurante del hotel donde me hospedaba. Y cuál es mi sorpresa al ver que entraba también esa persona con la que tantas veces habÃa platicado en el gym, de cosas triviales, sobre el trabajo, el clima, en fin; recordando también que cuando platicábamos yo lo notaba nervioso, sentÃa que le gustaba y pues él no me era indiferente; algunas veces nos cachamos viéndonos por el espejo mientras realizábamos los ejercicios de rutina.
Se acercó a mà sonriente y sorprendido de encontrarme ahÃ, al saber que yo iba sola me pidió autorización para compartir la mesa, a lo que encantada le dije que sÃ; bueno, además de que me agrada, ya no seguirÃa sola, ahora estarÃa muy bien acompañada.
Estuvimos platicando de varias cosas, del motivo de nuestros respectivos viajes, de que ya no me habÃa vuelto a ver en el gym, y asà hasta que llegamos al tema de nuestros gustos, coincidiendo ambos entre otras, en nuestro gusto por el cine. Entonces él me dijo que si que me parecÃa si Ãbamos al cine al dÃa siguiente, antes de que me regresara a mi ciudad, ya que el curso habÃa sido solo ese dÃa y ya por la mañana solo pasarÃa a recoger unos papeles para llevar a mi trabajo. Me puse algo nerviosa y dudosa cuando me hizo la invitación, él lo notó pero me animó diciendo que si era por mi esposo, que no tuviera miedo, pues estábamos en un lugar donde nadie nos conocÃa y no podrÃa llegarle el chisme. Además pensé que en realidad no pasaba nada, irÃa con un amigo. (amigo?).
El dÃa de nuestra cita, ni para qué decirte, ya te imaginarás que estuve súper nerviosa, pensando qué ropa usarÃa, que me quedaba mejor, temblaba de emoción, qué iba a hacer? yo sola con alguien que no es mi esposo? mil cosas pasaban por mi mente. El caso es que finalmente escogà una falda muy bonita blanca con flores azules y rosas, una blusa con botones por enfrente y de ropa interior llevaba una tanguita azul con encaje, igual era el sostén; mis piernas lucÃan bastante bien desnuditas y con tacones altos. La verdad es que Iván me miró con admiración, por lo que consideré que habÃa quedado guapa para la ocasión.
Quiero que sepas que en ningún momento dejé de temblar de emoción. Llegamos al cine y yo todavÃa no podÃa creerlo. Ocupamos unos lugares muy discretos y ya la oscuridad se hizo nuestra cómplice. Comenzó la pelÃcula y al principio tuvimos roces con nuestros rostros, porque pasaba algo en la pantalla y nos acercábamos a comentarlo; mi respiración tenÃa que haberse escuchado en toda la sala, era agitada y llegó un momento en que nos quedamos muy serios; de pronto él recargó su mano en mi muslo al sentarme habÃa quedado descubierto. Yo boquiabierta, precisamente no quise poner mi mano en el brazo del asiento, para que no tuviera el pretexto de tomarla y resulta que tomó mi muslo.
Ni hablar de lo nerviosÃsima que estaba y excitada además. Al ver que no dije nada, siguió acariciando mi muslo y con su otro brazo rodeó mi espalda, me acercó hacia él y me dio un profundo beso. Mi corazón no podÃa más, latÃa con fuerza, jugó con mi lengua, mordisqueó mis labios. Mientras su otra mano ocupada con mi pierna, que subÃa cada vez más atrevidamente, hasta tocar mi parte, notando que se excitó demasiado cuando se dio cuenta de que estaba húmeda y además que se sentÃa depilada, suave. Siguió con su caricia yo no podÃa resistirme, estaba más que excitada, fue bajando poco a poco la tanga, y me hizo levantar para bajarla hasta quedarme sin ella. Con esto ya pudo acariciar más y más, de pronto se inclinó y abriéndome las piernas lo más que pudo empezó a lamer… era sensacional, esa emoción, esa excitación, ese sentir. Sin importar nada, sin pensar en la posibilidad de alguien observando, me acomodó mis piernas una en cada brazo del asiento, pasando asà a lamer con mas comodidad, admirando mi vagina, diciendo cuanto le gustaba, que se veÃa bien y que sabÃa deliciosa. Yo desesperada tomaba mis pechos estrujándolos y tomaba de vez en vez sus cabellos en señal de lo excitada que estaba y de lo que me encontraba disfrutando.
Dejó de lamer para chupar mi vagina, llegando a mi clÃtoris, sintiendo desfallecer cada vez, recorrÃa con su lengua magistralmente todo, alrededor de los labios vaginales, el clÃtoris, bajaba y subÃa hacia mis pompis, querÃa abarcar todo. Yo me contraÃa, subÃa mis nalgas hacia él, querÃa que todo estuviera en su rostro. Era increÃble lo que estaba pasando, sentÃa que tocaba el cielo, hubiera querido gritar de placer, más solo emitÃa unos débiles gemidos por la ocasión, por el lugar. Fueron los momentos de más excitación y gozo, una experiencia maravillosa.
Siguió en esa posición hasta que no aguantando más me vine en su boca, me miraba con ternura, con satisfacción. Decidimos salir de ahÃ, y nos fuimos al hotel donde ambos nos hospedábamos, tenÃamos que concluir con eso fenomenal que habÃamos empezado. Al llegar a su habitación nos metimos a la regadera donde nos limpiábamos uno al otro y… bueno, lo que sigue es motivo de otro relato, el cual les platicaré muy pronto. Gracias.









me hicistes recordar un episodio similar ocurrida en la salita de cine del barco que atravesaba el Báltico.Era un tonto film y no quedó nadie en la sala, salvo la chica finlandesa y yo