Mi mujer y un pibe

Escrito en Orgias por Relatos Eroticos el Jueves 16 Marzo 2006 a las 5:18 pm

Hola a todos, me llamo Juan, vivo en Buenos Aires, Argentina (tengo 35 años, mido 1.85, tez blanca, ojos marrones) y lo que les voy a contar me ocurrió en febrero de este año. Estoy casado con “Clara” hace 6 años y siempre tuvimos un buen sexo. Ella tiene 34 años y es profesora de Educación Física y profesora en un gym cerca de nuestra casa. Ella tiene un cuerpo fenomenal, por lo que en la calle todos voltean a mirarle la cola (lo cual me excita mucho y una de mis fantasías siempre había sido verla coger con otro hombre). Sus pechos no son ni grandes ni chicos.

El día de nuestro aniversario me propuso que vallamos a algún lado a bailar, lo cual acepte. Mis compañeros de trabajo me recomendaron un boliche que queda a 30 cuadras de mi casa. Al llegar la noche, mi mujer (que estaba hermosa, con un jean apretado y una remera que dejaba ver su ombligo) y yo nos fuimos en mi coche hasta el boliche.

Cuando entramos al boliche, mi mujer se fue a sentar y yo fui a comprar dos vasos de cerveza. Después de tomarnos los dos vasos, fuimos a bailar (yo mucho no sé bailar, pero acepté por ser nuestro aniversario). Después de bailar un tiempo, entre besos, abrazos y risas, Clara fue al baño y yo me fui a sentar. Cuando salió del baño, saludó a un chico de unos 19 años (que pensé que tenía) y se quedó un rato hablando con él. Cuando volvió a la mesa le pregunté quién era y de dónde lo conocía y me dijo que se llamaba Gonzalo y que lo conocía del gym. En ese momento empecé a imaginarme si había pasado algo entre ellos (ya que Clara siempre va al gym con una calza y una tanga bien metida en la raya, sin dejar algo a la imaginación). Una vez le pregunté por qué iba así vestida al gym y me dijo que nunca más le haga una escena de celos, que odiaba que haga eso y que si iba así era porque de esa forme estaba más cómoda. Por eso no quise preguntar nada más sobre ese Gonzalo. Él estaba vestido con un joggin negro y una remera roja ajustada. Volviendo al tema, después de estar un rato sentados se acercó Gonzalo y mi mujer nos presentó:

- Gonzalo, él es mi marido Juan. Juan, él es Gonzalo, un chico del gimnasio.

- Mucho gusto - respondimos los dos.

- ¿Te molesta si saco a bailar a Clara? - me preguntó él.

- No, no - le respondí.

- Clara, ¿Queréis bailar? - le preguntó.

Clara me miró y yo le hice una seña de que fuera. Entonces ella le dijo que sí.

Al principio, empezaron bailando un poco separados. Después de un rato de baile, Gonzalo se le fue acercando poco a poco, la agarró de la cintura y la acercaba más hacia su cuerpo. Yo esperaba una reacción de Clara pero ella no hizo nada. Mientras bailaban, Gonzalo empezó a apoyar a mi mujer con su bulto que comenzaba a crecer. Entonces mi mujer acerca su boca hacia su oído disimuladamente y se fueron más al fondo donde desde yo estaba sentado no los podía ver. Eso me excitó muchísimo. Cuando no los vi más, me levante y los perseguí escondiéndome entre la gente. Una vez que los encontré, me fui a un rincón a sentarme y mirarlos desde ahí. Ella bailaba dándole la espalda y le pasaba la cola por su bulto, que mostraba una gran erección. Después, él le da vuelta y le da un beso muy apasionado, el cual mi mujer lo aceptó. Mientras se besaban, Gonzalo bajó sus manos y empezó a tocar la cola de Clara y ella metió su mano dentro del pantalón de Gonzalo y le agarró su bulto. Estando un rato así, veo que mi mujer le saca la mano del pantalón, entonces yo me fui rápido hacia donde estuve sentado al principio. Cuando llegaron, mi mujer me dijo que valla a comprar unas cervezas. Yo acepte, y al volver ellos estaban sentados y hablando como si no hubiera ocurrido nada.

- ¿Te gusta como baila? - le pregunté a Gonzalo.

- Sí, baila muy bien - me respondió - tenéis mucha suerte de tener una mujer tan linda como Clara.

- Gracias - le dije.

- Voy al baño y ahora vengo - dijo Gonzalo.

Cuando se fue le pregunté a mi mujer:

- ¿Te gusta como baila?.

- Sí, se mueve muy bien.

- ¿Te gustaría seguir el festejo en casa?.

Como no respondía le dije que invitara a Gonzalo. Entonces ella me dijo:

- Si a vos no te molesta, me gustaría - me respondió - Para seguir bailando en casa - me aclaró después.

Entonces yo le dije que mi fantasía era verla con otro tipo teniendo sexo y ella no lo podía creer y me preguntó:

- ¿De en serio?

- Sí, pero nunca me animé a contártelo.

En ese momento llega Gonzalo y me dice:

- ¿Vos no bailas?

- No - le respondí.

- Nosotros nos vamos para mi casa, ¿Queréis venir? - le dijo mi mujer.

- Bueno, si a ustedes no le molesta.

- No, no nos molesta… vamos - dijo mi mujer.

Entonces salimos y nos subimos al auto. Clara se subió con Gonzalo atrás y yo conducía. En la mitad del camino, miro por el retrovisor y veo que mi mujer empieza a pasar su mano por encima del bulto del chico. Él enseguida me miró y yo hice de cuenta que no lo había visto. En ese momento escucho que le dice a Clara:

- Nos va a ver tu marido.

- No importa a él no le molesta - respondió ella.

Cuando llegamos a mi casa, mi mujer puso música y se puso a bailar sola, mientras yo fui a buscar unas cervezas. Cuando volví, ella seguía bailando sola y Gonzalo estaba en el sillón frente a ella.

- Baila con ella - le dije.

Entonces Gonzalo se levantó y empezaron a bailar. Esta vez fue Clara quien lo tomó de la cintura y lo acercó a su cuerpo. Mientras bailaban, él la rozaba constantemente. En un momento, mi mujer bajó su mano y la puso dentro de su pantalón. Gonzalo no sabía que hacer y me miró, entonces, yo le hice una seña como que no me molestaba y él se tranquilizó y empezó a tocar los pechos de Clara. Yo estaba totalmente excitado con lo que estaba viendo. Entonces, me paré y dije:

- Tengo una idea.

- ¿Cuál? - me preguntaron.

- Mi amor, ¿Por qué no le muestras a Gonzalo tu show?

- Bueno - me respondió y se fue a la pieza a ponerse su calza y su remera ajustada que siempre usa cuando me hace su show.

- Ven, sentarte. Vas a disfrutar del mejor show de streepteas de tu vida. Pero tenéis que estar relajado y gozar.

Nos tomamos unas cervezas y vino Clara.

- Prepárense, empieza el show - dijo ella y puso la música.

Empezó a contornear todo su hermoso cuerpo con sus manos dándonos la espalda. Cuando se dio vuelta, se sacó la remera, pero tenía puesto un corpiño rojo, y dándose vuelta nuevamente (moviendo su cola hermosa en forma sensual) se sacó la calza. Tenía puesta una micro tanga roja que me puso a mil. A Gonzalo también (me di cuenta por el tamaño de su bulto). Entonces mi mujer se nos acerca, se arrodilla delante nuestro y nos pasa la mano por el bulto a los dos. Después se paró, se sentó (dándole la espalda) sobre el bulto de Gonzalo y le pidió que le saque el corpiño. Yo pensé que él acababa en ese momento, pero no fue así. Clara empezó a mover su cola a lo largo del bulto de Gonzalo y este empezó a emitir un gemido, lo cual me excitó tremendamente. Ella se paró y dándonos la espalda, se sacó la micro tanga. Se dio vuelta y nos dejó a la vista una concha toda mojada y depilada.

- Ven - le dijo a Gonzalo tomándole de la mano.

Él se paró y empezó a bailar con ella apoyándole su bulto que parecía que iba a reventar. Ella le sacó la remera y le dijo:

- Veo que el gimnasio te está haciendo bien - ya que él tenía los pechos y el abdomen un poco marcados.

- Necesito que me cojas ya. Necesito chuparte la pija - le dijo mi mujer.

Él me miró con cara de asombro y yo le dije:

- Complácela.

Entonces mi mujer le bajó el pantalón, pero no el bóxer blanco que tenía puesto porque a mi mujer le gusta ver los bultos (me di cuenta cuando vimos una película porno) y este era uno grande.

- ¿Qué tenéis acá? - le preguntó Clara masajeándole el bulto.

- Un regalote para vos por tu aniversario - le contestó.

Después de acariciar ese bulto por un rato, le bajó el bóxer y se sorprendió al ver una verga de ese tamaño. Yo tampoco podía creer el tamaño de su verga.

- ¿Te gusta? - preguntó Gonzalo

- Sí, es enorme - respondió mi mujer y se la empezó a chupar desesperadamente.

Él me miró y le dije:

- Quédate tranquilo y disfruta de la puta de mi mujer.

Gonzalo cerró los ojos y empezó a gozar. Yo no aguanté más, me saqué el pantalón y empecé a hacerme flor de paja. Después de estar 5 minutos así, Clara le dijo a Gonzalo:

- Me gustaría que te pruebes algo, ¿puede ser?

- Sí, como no - le respondió.

Entonces Clara se fue a la pieza y trajo mi slip con trompa de elefante. Como fuimos a un sex shop, lo vimos, pero como no nos animamos a comprarlo, mi mujer me hizo uno a mi medida. Cuando se lo dio a Gonzalo, este se lo puso pero no le entraba en la parte donde se mete la verga y Clara le dijo:

- ¿Y? ¿Te entró?

- No, es muy chico el agujero - respondió él.

Yo no lo podía creer y mi mujer se levantó y fue a buscar una regla y un hilo.

- ¿Qué vas a hacer? - le pregunté.

- Quiero medirles la verga - me respondió.

Entonces se acercó a mí y me la midió. Los resultados fueron: 16 cm. de largo, 4cm. de ancho y 13 cm. de diámetro (alrededor de mi verga). Después se paró y fue a medírsela a Gonzalo y los resultados fueron: 18 cm. de largo, 5 cm. de ancho y 16cm. de circunferencia. Yo estaba sorprendido y le pregunté a Gonzalo:

- ¿Cuántos años tenéis?.

- 18 - me respondió.

Yo lo mire y le dije:

- No puede ser.

- Acá tengo mis documentos - me respondió - ¿Queréis verlo?.

- Bueno - respondí y agarré el D.N.I

Increíblemente era verdad.

- ¿Y? - me preguntó Clara

- Tiene razón - respondí yo sin terminar de entender como él con 18 años podía tenerla más larga y más gruesa que yo que tenía 35 años.

Clara continuó chupándole la verga desesperadamente hasta que dijo:

- No aguanto más, métemela toda en la concha.

Entonces Gonzalo la levantó, la sentó en el sillón y empezó a chuparle la concha y el clítoris. Clara gemía como una puta desesperada por pija y me dijo:

- Ven mi amor métemela en la boca que quiero otra pija.

Me levanté, me acerqué a ella y me la empezó a mamar como nunca. Ver a mi mujer así me puso a mil, por lo que no aguanté más y le llené la boca de leche. Gonzalo siguió chupándole la concha hasta que ella tuvo un orgasmo con el que se retorció toda.

- Ahora métemela, no doy más, quiero que me la metas ahora - le suplicó mi mujer.

Él se sentó en el sillón y ella se agachó apoyando la punta de esa verga en la entrada de su concha. Gonzalo la tomó de la cintura, se la metió de una y mi mujer gritó como yo nunca la pude hacer gritar. Después de estar un rato así le dije a Gonzalo:

- Ahora quiero metérsela yo.

- Bueno - me dijo secándole la verga a mi mujer, y agregó - Vamos a la cama para estar más cómodos.

Nos fuimos al cuarto, con mi mujer agarrándole la verga. Cuando llegamos, Gonzalo me pidió que me acostara boca arriba y le dijo a Clara que se metiera mi verga en su concha mirándome de frente, ella lo hizo y él se arrodilló atrás de ella y le incrusto su gran miembro en el culo. Mi mujer pegó un grito increíble y me agradecía por esta fantasía que le estaba cumpliendo. Como Gonzalo le había dilatado el agujero de la concha, mi miembro le producía menos excitación de lo común a Clara. Después de estar unos 10 minutos así, Clara y yo tuvimos un orgasmo increíble y ella le pedía a Gonzalo que no parara que estaba gozando como nunca la habían hecho gozar. Yo a todo esto estaba sentado en un sillón al lado de la cama mirando el gran espectáculo que me estaba dando mi mujer.

Él siguió agrandándole el agujero del culo hasta que tuvo un orgasmo que le llenó el culo de leche. Clara se sacó la verga del culo y la empezó a chupar limpiándola de arriba a bajo. Cuando terminó de limpiarla, esa terrible verga estaba nuevamente al palo, por lo que Gonzalo la acostó sobre la cama (boca arriba), le abrió las piernas y le volvió a introducir ese enorme miembro. Siguieron cogiendo así por unos 10 minutos, hasta que mi mujer tuvo otro orgasmo, después de esto, Gonzalo le dijo:

- Voy a acabar.

- Lléname la concha de tu leche papi - le respondió Clara.

Entonces Gonzalo tuvo un orgasmo largándole toda la leche adentro. Ella ya tenía tanto líquido dentro que le chorreaba por las piernas.

- Muchas gracias por haber venido - le dijo mi mujer muy agitada.

- ¿Cómo? ¿Ya está? - preguntó Gonzalo.

- ¿Queréis seguir? - preguntamos Clara y yo.

- Que, ¿Ustedes no?

- Yo no puedo más, estoy re agotado - contesté.

- Yo también estoy agotada, pero quiero que me dejes agotada del todo - dijo Clara.

- Bueno, entonces arrodíllate y empieza a sobarme este vergón que tanto te gusta - dijo sacudiéndose ese terrible miembro.

Él se acostó boca arriba en la cama y le dijo:

- Empezar a cabalgar este caballo puta mía.

Clara agarró ese vergón y apoyó la punta en la entrada de su concha y él la tomó de la cintura y se la metió de una. Ella empezó a cabalgar como una loca sobre esa verga. Estuvieron 5 minutos así y los dos acabaron juntos. Gonzalo le sacó la verga del culo y le dijo que se la limpiara con la boca. Ella se metió hasta donde pudo en la boca y se la chupo con lo último que le quedaba de energía.

- ¿Listo? ¿Estás agotada del todo? - le preguntó Gonzalo.

- Sí, no doy más, me sacaste hasta la fuerza para pararme - le respondió Clara muy agotada y chorreando leche de su concha.

Después de cambiarnos, Gonzalo me dijo que lo que nos había sucedido esa noche lo publique en esta página y a mi mujer y a mi nos pareció buena idea.

Mi transexual favorito

Escrito en Transexuales por Relatos Eroticos el Jueves 16 Marzo 2006 a las 5:13 pm

Esta experiencia que os cuento la viví gracias a un anuncio que me contestaron, en la Revista Gente Libre. Era una carta que me la enviaba un transexual de Barcelona, que quería que nos conociéramos. Pensé que de un lugar tan lejano a donde yo vivo me resultaría prácticamente imposible que nos llegásemos a encontrar, a no ser que fuera en vacaciones. Pero casualmente pude ir a Barcelona con motivo de un encuentro de Rugby de mi equipo. Llamé a Candela que así se llama ella.

Por la foto que me había enviado en Top Less, se veía que poseía un cuerpo muy exuberante, dos pechos grandes y duros, gracias a la silicona. Unos ojos azules preciosos y una tez morena cautivadora. De cintura para abajo un minúsculo tanga que no dejaba adivinar nada. Tenía 25 años y era bastante alta, además de muy femenina. Cuando hablé con ella y le dije que en una semana podríamos conocernos noté como la embargaba la alegría. Estuve haciéndome pajas toda la semana pensando en el encuentro con ella.

El partido lo jugaríamos el sábado al medio día, y el autobús saldría de vuelta el domingo muy temprano. Por lo que quedé con ella para comer. Quedamos en un restaurante. Llegué cinco minutos antes de la hora a la que habíamos quedado. No tuve que esperar mucho, ya que casi al momento de llegar yo se presentó ella.

Venía con unos vaqueros muy ceñidos, que marcaban una estupenda y femenina figura y una ancha camisa que ocultaban sus grandes pechos. Nos besamos como si nos conociéramos de toda la vida y nos sentamos a comer. La velada fue muy divertida, pues parecía que fuésemos dos amigos que llevaban mucho tiempo juntos y salían a comer. Le hablé de mis experiencias y ella me contó que trabajaba en una farmacia de una farmacéutica separada que había conocido antes de transformarse. La señora le había ayudado, eso sí se lo había cobrado follando con ella.

De todas formas me dijo que le estaba tan agradecida que hacerlo con ella le daba bastante placer. Pero que lo que en realidad buscaba era un hombre con el que hacerlo. Que estuviera seguro de lo que se hacía. Me dijo que había tenido varias experiencias con hombres. La primera fue con un chico al que no le comentó nada de su sexo, y que cuando estaban a punto de hacerlo, él chico al darse cuenta, le golpeó y casi la mata. Esta primera experiencia le hizo que se lo pensara bastante. La siguiente fue al contestar a un anuncio de un periódico de relaciones que hay en Barcelona. Fue con un hombre mayor y sólo sirvió para masturbarlo, ya que el tipo quería ser follado, y ella me comentó que follar follaba a chicas. Pero a los hombres no, que ellos la follaran era lo que le gustaba. Por último desistió de encontrar algún chico al que gustarle, así que mantenía relaciones con algún que otro transexual e incluso con alguna chica, ya que estas eran más comprensivas. Hasta que contestó a mi anuncio, en el que había puesto muchas esperanzas. La animé, diciéndole que lo que le había ocurrido no era para desesperarse, que quizás si se anunciara, poniendo su foto le lloverían cantidad de cartas de las que elegir la que quisiera para lo que quisiera.

Como se dio cuenta de que había surgido un brote de amistad entre nosotros, bastante profundo decidimos irnos a su casa. Por el camino nos fuimos besando, acariciándonos y mordisqueándonos.

Así que cuando llegamos a su casa yo estaba empalmado y creo que ella también. Nos desnudamos, quedándose ella sólo con un minúsculo tanga, donde se notaba el bulto de una polla, que precisamente no era pequeña. Nos fuimos al dormitorio y una vez ya desnudos se puso a chuparme la polla, con verdadera pasión. Disfrutaba ella más con la mamada que me estaba haciendo que yo mismo. Tuve que apartarla, ya que de la forma que me estaba chupando la polla me la iba a consumir sin piedad, y lo que yo quería era resistir para no decepcionarla, pero a ella no parecía importarle, se abalanzó de nuevo sobre mi polla y hasta que no me corrí no paró de chuparla, y una vez eyaculé, continuó haciéndolo. Tragó todo mi semen con voracidad. Tuve que apartarla casi de un empujón.

Pero ella estaba encendida y no había forma de pararla. Su polla ya estaba empalmada y era bastante grande. La tumbé sobre la cama y me puse a chuparle la polla, a la vez que le pellizcaba sus gordos pezones. Ella gemía ahora y temblaba de placer. Se tocaba las tetas con fuerza y me decía todo tipo de cosas. Con tanto meneo mi polla estaba otra vez dura, así que tal y como estaba, tras calzarme un condón, levantándole las piernas se las separé y dirigí mi polla hacia su culo. Ella me lo pedía sin parar de decir:

- Fóllame, fóllame, haz que me sienta una hembra.

- Métemela por el culo.

- Así, así, fóllame hasta dentro, méteme hasta los huevos.

Con todo este parlamento me apasioné aún más y tras colocar la punta en su ano, comencé a metérsela poco a poco, ella la sentía entrar, y me apretaba con sus manos tirando de mi culo hacia ella, obligándome a dejar de actuar con suavidad para metérsela de un solo golpe hasta que mis cojones chocaron con su culo. Su polla chocaba con mi barriga sentía yo la dureza de su polla, ella dejó de apretarme el culo para comenzar a masturbarse. Lo hacía, mientras yo la besaba y mordisqueaba sus pechos y pezones.

No pudo resistir más y se corrió salpicándome su esperma, que casi me llega a la cara de la fuerza con que fue expulsado. Yo seguí follándola, ella sentía las embestidas de mi polla penetrándola hasta lo más profundo de ella y me suplicaba que no parase:

- Sigue así, cabrón, clávamela hasta el fondo de mi culo.

Resistí cuanto pude, hasta que acabé corriéndome y llenando el condón con una buena dosis de semen. Saqué mi polla aún dura del preservativo y empezó de nuevo a comérsela con una fuerza bestial, nos pusimos a besarnos y magrearnos de nuevo. Disfruté de sus duras tetas y acabamos los dos haciendo un 69. Pero a ella le costaba empalmarse, mientras que yo estaba dispuesto a follarla de nuevo. En esta ocasión aguanté hasta que su polla volvió a endurecerse. La puse a cuatro patas y la ensarté de nuevo por su cálido y acogedor culo. Mientras la follaba le mordía su cuello, magreaba sus pechos y por último le masturbaba, ella gritaba de gusto diciéndome:

- Fóllame mas, fóllameeee… cabrón, métemela.

Me costó mucho trabajo correrme en esta ocasión, de hecho lo conseguí gracias a una paja que me hizo ella con sus tetas. Fue fabuloso, pero me dejó agotado durante unos minutos, pero como vi que ella estaba empalmada seguí haciéndole una paja bestial a dos manos hasta que se corrió como una loca. Tras esta última corrida, nos quedamos abrazados y besándonos con un apasionamiento renovado, la estuve besando y masajeando con mucha ternura, haciéndola sentir muy bien, le masajeaba las tetas, el agujero de su culo y su polla., le chupaba el culo y acto seguido la polla, entonces ella se coloco detrás de mi y a la vez que me hacia una paja alucinante y brutal me masajeaba muy despacio el agujero del culo con sus dedos, era alucinante me susurraba al oído:

- Veras que gusto, te vas a volver loco.

- Me vas a suplicar que no pare.

La verdad es que yo no podía más, entonces mientras me seguía pajeando de una manera experta, se agacho y empezó a lamerme el culo con su lengua, intentando con esta penetrar mi agujero y recorriendo de arriba abajo mi culo llegando hasta mis huevos, a la vez que con su otra mano me masajeaba los huevos sin parar. Fue de locura, me corrí como una bestia derramando litros de esperma, ella en un giro rápido se coloco delante de mí, se metió mi polla dentro y se trago todo lo que pudo, lo que no podía tragar se le derramaba por su boca hacia sus pechos, la imagen era maravillosa.

Fue una experiencia enriquecedora para ambos. Estuvimos toda la tarde y toda la noche juntos. Nos encontrábamos muy a gusto los dos, hasta que llegó el momento de la despedida. Fue muy triste, pero seguimos escribiéndonos bastante a menudo. Ella acabó conociendo a un chico y acabaron viviendo juntos. Hoy en día vive en París con él y siempre me manda una felicitación por Navidades. Son muy felices.

Fiesta de placer con mi mujer

Escrito en Orgias por Relatos Eroticos el Jueves 16 Marzo 2006 a las 5:08 pm

Por el cumpleaños de mi esposa la invite a salir a una discoteca sin saber que ahí íbamos a encontrar tremenda experiencia con unos desconocidos que cogieron a mi mujer por todos sus huecos bañándola con su semen.

Era el 1 de Agosto del año en curso día en el cual mi esposa cumple años, quería hacer algo especial para ella, entonces se me ocurrió invitarla a cenar y luego a bailar en una discoteca del lugar, cuando le dije sobre lo que había planeado para su cumple se emociono tanto que me abrazo y beso de tal manera que los dos nos excitamos mucho, y como ya se darán cuenta terminamos cogiendonos y culeando como locos, yo chupaba sus grandes y ricas tetas intentaba meterlas totalmente en mi boca pero era imposible ya que las tiene grandes y duras, ella abría las piernas como si fuera a dar a luz y yo metía mi verga muy dura y parada un su chucha rica y totalmente sin un solo pelito en ella, gemía de placer y su hueco es tan grande que mi verga se perdía dentro entonces empezó a terminar y yo dentro de ella, le encantaba que le llene con mi leche hirviente su chucha y luego le encanta llevarla a su boca y mamarla como no tienen idea, es una experta mamando vergas ay veces que me hace terminar nuevamente en su boca luego de haberlo echo dentro de su concha enorme y rica.

Llego la noche y nos disponíamos ya salir a cenar y luego ir a bailar, ella estaba vestida con un vestido negro muy chiquito, mostraba mas de lo debido, tenia un escote que casi dejaba a la vista sus pezones, y era muy corta que de igual manera dejaba ver parte de su culo cuando caminaba, estaba muy provocativa, no llevaba ropa interior porque cuando usaba ese vestido le gustaba estar solo con el mismo y con nada mas, ya luego de cenar fuimos a una discoteca, entramos y la discoteca estaba casi repleta y cuando íbamos caminando entre la gente a mi mujer le comenzaban a tocar intencionalmente su culito redondo y paradito, tomamos unas cuantas copas y ya estábamos un poco tomaditos, entonces mientras bailábamos yo la acariciaba de forma provocativa para excitarla y excitar a los hombres que no le quitaban la mirada de encima.

Entonces de repente se acerco un hombre por detrás de ella y empezó también a bailar pegado con ella y yo bailaba por adelante, ella estaba en medio de los dos y al sentir que otro hombre estaba detrás de ella y rozando su culo se excito mas y empezó a moverse de tal manera que su culo se pegaba fuerte contra su verga, ella al sentir que la verga del tipo empezaba a pararse la empezó a coger con su mano haciendo que el tipo le empiece a coger su culo, el tipo se dio cuenta que no usaba ropa interior y al darse cuenta de eso bajo el cierre de su pantalón dejando salir su verga y con disimulo para que nadie se de cuenta con excepción mía levanto muy poco del vestido de mi mujer e intentaba penetrar a mi mujer, entonces ella me dijo: “El tipo que esta detrás mi me quiere meter su verga y yo quiero que me la meta”, entonces yo la mire y le dije: “Entonces que esperas deja que te meta su verga y luego le dices que vamos para la casa y que ahí puede hacerte lo que el quiera”, entonces ella dejo que al fin el meta su gran verga en su chucha, ella estaba empapada y deseosa de esa verga grande y rica pero quería que el tipo la coja totalmente desnuda, entonces ella saco esa verga de su chucha se dio la vuelta y le dijo: “Vamos hasta mi casa ahí vamos estar muchos mas cómodos”, a lo cual el no se negó, y quien negarse a semejante propuesta.

Salimos de ahí y el nos dijo: “Yo los sigo por mi auto esta acá”, le dijimos ok que nos siga, pero no sabíamos que el al ir en su auto iba llevando un amigo mas completamente escondido, cuando llegamos a la casa vimos que del auto de el se bajo el con su amigo, entonces nos miramos con mi esposa y le dije mira vas a tener la oportunidad de coger con otro mas no solo con aquel desconocido, y mi mujer estaba tan excitada que dijo: “Si eso quiero… quiero que me culeen muchos hombres y me hagan sentir toda una puta”. Entramos a la casa pusimos música estábamos en la sala sentados en la alfombra y de pronto el hombre que estaba metiendo su verga a mi esposa en el bar la empezó acariciar totalmente sacándole el vestido y dejándola completamente desnuda, ella quería que el meta ya su verga entonces todos nos sacamos la ropa y mientras nos daba una mamada a mi verga y a la verga del tipo el otro tenia sus patas muy abiertas y metía su verga con fuerza y le decía: “Esto te gusta no puta”, y mi mujer gemía y le decía: “Si esto me gusta me encanta que me metan la verga es tan delicioso dame tu verga y tu leche dentro de mi”, entonces yo me acosté y ella empezó a montarme mientras chupaba la verga de uno de ellos el otro mientras empezó a meterle la verga por el culo y le metíamos luego los dos la verga por su vagina haciéndola gritar de placer, entonces empezamos a rotar todos y la penetrábamos los tres por la boca el culo y su chucha, ella terminaba una y otra ve una y otra ve, hasta que uno de ellos se vino en su boca bañando su cara con leche al ver eso el otro tipo se vino dentro de su chucha junto con mi verga a dentro y yo sentía como salía su leche hirviente y eso me hizo a mí poner tan excitado que también termine en ese momento y la leche de los dos salía a chorros de su concha súper abierta.

Luego de haber estado así por mas de dos horas los tipos se vistieron y se fueron felicitándome por tener tan buena puta como mujer y me dijeron que si íbamos con mi mujer otra vez por esa disco no dudemos en buscarlo ya que el siempre pasa ahí, y nos dijo también que para otro iba a traer todos los amigos y hombres que mi esposa quiera cogerse, ella le dijo: “¿En verdad soy una buena puta? y el le dijo: “De las mejores que he probado”, entonces mi mujer le dijo: “La próxima vez quiero hacerlo con muchos hombres mas y que me abran las piernas y me culeen”.

Vaya fiestita y vaya puta que tengo por mujer.

Yo la inicie

Escrito en Lesbianas por Relatos Eroticos el Jueves 16 Marzo 2006 a las 5:05 pm

Aunque hace años no lo hacía, mi lujuria me llevó a tener una aventura con una venezolana llamada Carol, 25 años pelo lacio negro, senos no muy grandes pero bonitos, no muy alta pero con un cuerpo excitante, me encantó su culo muy redondo y apetecible. Nos conocimos por email y nos comunicamos con bastante frecuencia viviendo nuestra pasión solamente con el messanger, hasta que llegó el momento de encontrarnos.

Por el messanger ya sabía de sus deseos y ella de los míos, éramos dos hembras sedientas de encontrarnos por que ya nos deseábamos. Carol, no había tenido ninguna relación lésbica hasta el momento, por lo que me excitó más, yo iba a ser su primera hembra y eso me encantaba, yo la iba a iniciar.

Nos reunimos en un bar muy discreto y luego de los saludos formales, vi en sus ojos el deseo, la curiosidad y la intimidad que deseaba, igual yo al verla me puse muy caliente y deseaba lo mismo; nos sentamos en un apartado del bar lejos de las miradas, charlamos y tomamos varios tragos para animarnos, luego la arrinconé y la empecé a besar muy suavemente a lo que ella respondió con timidez al principio.

Con mis labios y mi lengua la empecé a besar con mayor firmeza y penetré mi lengua en su boca, ohhh que delicia, nuestras lenguas se movían presas de deseo y observé que Carol besaba divinamente, luego le toque las piernas, su piel era suave, sus muslos firmes y bellos; ella, al sentir mi mano abrió las piernas como invitándome a conocer su intimidad, yo aproveché la invitación y empecé a masturbarla, su tanga estaba húmeda por los chorros de su vagina, una maravilla de hembra, gemía suavemente y me apretaba hacia ella besándome con furor, le introduje dos dedos en su conchita que los recibió con delirio pues convulsionaba y no dejaba de gemir moviendo sus caderas de atrás hacia delante con mayor rapidez hasta que se corrió, me mordió los labios gimiendo y chorreando en mi mano sus jugos, jugos de hembra satisfecha con su primer orgasmo con una mujer, yo.

Terminamos nuestros tragos y como si fuéramos amantes de siempre (ya lo éramos por messanger), nos dirigimos a un hotel muy discreto y pedimos una habitación.

Al llegar a ella, cerramos la puerta y no perdimos tiempo y con delirio nos abrazamos, nos besamos apasionadamente, nuestras lenguas se buscaron ávidas de encontrarse, nos quitamos rápidamente la ropa que estorbaba y la vi., me embelesó su cuerpo, pechos no muy grandes pero firmes, pezones duros y grandes, una cintura de la cual salían las caderas anchas voluptuosas que terminaban en un par de piernas de ensueño mi vista corrió hacia su concha, tenía una vulva grande jugosa y adornada con una pequeña mata de pelos que resaltaba su sexo, una diosa de mujer.

Al echarnos en la cama, la puse en posición de perrito y pude ver el culo que tenía: grande, dos nalgas provocativas las cuales cogí inmediatamente, me apoderé de ellas y las empecé a morder y a chupar, lamía, mordía con desesperación mientras ella gemía de placer y las movía hacia mi boca. Abrió sus piernas mostrándome su conchita jugosa, no espere más y me lance a comérsela, la succione con mi boca, tomándome los jugos que brotaban sin perder una sola gota.

- Así mámame, mámame Lessie - le escuchaba decir y yo la embestía muy fuerte hasta que se vino en mi boca, que deliciosa era, gemía, y gritaba sin parar, lo cual me enervaba más, terminando con un orgasmo maravilloso, según me comentó después al momento de descansar.

Después de un ligero descanso, abrazadas como estábamos, fue Carol la que inicio sus caricias a mi cuerpo que necesitaba guerra. Mi hembra me estaba comiendo a morir y tuve por lo menos dos orgasmos luego de lo cual, nos servimos otro buen par de tragos y como la música era muy sensual, nos pusimos a bailar desnudas y bien juntitas, besándonos, acariciándonos, chupándonos, pajeándonos; en eso le digo a mi amor, en mi cartera tengo una sorpresa para ti, y saqué una lata de duraznos al jugo.

- Carol, quiero enseñarte un juego con estos duraznos ok?

- Lo que quieras mi amor - contesto.

Sin pensarlo dos veces abrí la lata y coloque los duraznos y el jugo en un plato y corrimos a la cama.

- Ahora vas a sentir algo rico, déjate hacer.

- A ver - me contesto y se tendió en la enorme cama y abrió las piernas.

- Aún no, primero cierra los ojos - ella obedeció.

Vertí el jugo en sus tetas y me apresure a mamarlas y chuparle los pezones grandes y duros, una delicia, mordiéndolos a mi gusto. Oh, eran una delicia, mi hembra se contorsionaba de placer y repetía…

- Que rico, que rico Lessie, cómeme, cómeme más - decía, luego tome uno de las mitades del durazno y empecé a frotarlo muy suavemente en sus tetas y pezones.

- Ohhh amor, que rico, sigue, no te detengas dulzura, nunca me han hecho esto, aayyyyy, - luego tome otra mitad y con cada una de ellas le sobaba cada una de las tetas, mi hembra se retorcía y con las piernas juntas se las frotaba pajeándose mientras que con sus manos me agarraba las tetas.

- Espera, espera - le dije.

- Yo te voy a hacer gozar, cierra los ojos y concéntrate en lo que sientes, nada más - le dije, ella ya no me escuchaba parecía que estaba poseída por que sus convulsiones aumentaron y se tiro sobre mi comiéndome los pezones, me mordía y me metió dos dedos con fuerza (eso me gusta) en mi concha que me hizo saltar y con la otra mano se pajeaba también con fuerza hasta corredse a chorros.

Se tendió nuevamente con los ojos cerrados, le abrí las piernas y empecé a llenarle su agujero del jugo de duraznos, le levante las piernas y me lance sobre esa cueva caliente que palpitaba todavía de placer y la mezcla de ambos jugos los tomaba, era un sabor agradable, rico, con un olor de maravilla, ella gemía y gritaba de gusto.

- Cómeme, cómeme, así - repetía.

Luego con una mitad del durazno le frote el ombligo para luego continuar bajando hasta su cueva refrescando los labios y clítoris que en ese momento quemaban, continuo retorciéndose y prefería palabras que no encendía pero que denotaban el placer en su máxima expresión, después de unos minutos de frotarle el durazno, le abrí más las piernas y le dije:

- Ahora si cómetelo todo.

Y se lo empujaba muy despacio viendo que el durazno iba desapareciendo en su cavidad y ella bufaba de placer.

- No, no, que me haces, que delicia amor.

Tomé otra mitad y también se la introduje suavemente hasta que desapareció luego le metí dos dedos a su vagina y a destrozarla por dentro conjuntamente con los duraznos, ella saltaba, movía su cabeza a todos lados, chillaba y se movía toda por lo que tuve que sujetarla muy fuerte, al calmarse algo, aproveché para comerle la concha y meterle la lengua comiéndome además los pedazos de durazno caliente que salían por los chorros de los jugos de mi hembra, que rico, se vino una y otra y otra vez, me cogió la cabeza y no dejó que le quite la boca hasta que terminó en un orgasmo bárbaro cayendo extenuada.

- Gracias dulzura, nunca he gozado tanto - me decía y nos besamos de despedida.

Nos hemos hecho amantes y prometido vernos seguido.

La diosa del placer infinito y los ojos de miel

Escrito en Infidelidad por Relatos Eroticos el Jueves 16 Marzo 2006 a las 5:01 pm

¿Qué es lo mejor que un amigo te puede regalar? aquí te propongo una alternativa… Edelmira vio como se habría la puerta de improviso y su cara mostró toda su sorpresa y temor por lo que veía: su marido estaba allí parado mirándola, a solo unos pocos metros, y ella allí, desnuda, en posición de hembra en celo. Pero esos ojos bellos color miel cambiaron de súbito a una expresión de incredulidad e incertidumbre, puesto que contrariamente a lo que ella esperaba, el hombre que la amaba la miraba con una cara lasciva y calentona. Nada de rabia, nada de despecho. Sin embargo, lo que más le desconcertó fue que marco seguía bombeándole el culo como un salvaje, impávido, sin siquiera inmutarse ante la presencia del recién llegado, meciéndole la verga hasta lugares en donde ella jamás se había imaginado que un macho la pudiese coger por allí, por esa entrada que tan poca resistencia opuso al recibir las primeras embestidas de ese falo duro y grueso.

Tampoco se habría imaginado que ese esfínter anal suyo fuera un arma de poder tan deliciosa, porque a pesar de estar en cuatro patas, con la cabeza enterrada en la almohada, el culo levantado y firmemente tomado por esas manos grandes de macho, había descubierto que de tanto en tanto podía apretar el culo y darle aún mayor resistencia a esa verga que furiosa le abría las entrañas por detrás, teniendo como respuesta un bramido de placer de ese macho que detenía su embestida y le prodigaba una frase obscena y lujuriosa, que daba cuenta de su pericia de puta con el culo. Esa sensación inicial de dolor mezclado con placer pronto se fue convirtiendo en una de sumisión y control deliciosos, y le estaba gustando mucho el juego, al punto que de su boca se escuchaban frases del tenor: “¡¡Así mi amor, no pares, rómpeme así de rico el culo, sigue…!!”.

¡¡Cómo lo estaba gozando!!, cómo la había hecho gozar ese hombre que en cada entrada de su cuerpo, había aplicado la misma fórmula de sutil seducción y obsceno desenfreno. Había terminado por vencer sus resistencias de dama, había descubierto a la caliente puta. Ante esa irresistible combinación de piel, besos, caricias y humedad, de uno en uno fueron cayendo su boca, su concha, su culo, entregándose por entero a los deseos lujuriosos de ese amante ocasional. Por esto no le sorprendió que la presencia de su marido no fuera impedimento para que ella sintiera nuevamente cómo las contracciones de su concha comenzaban a fusionarse en un mar de húmedos espasmos, y que el rictus inconfundible en su rostro fuera la señal de que ese inmenso placer la iba a envolver nuevamente.

El sudor de su cuerpo después de tan extensa sesión de sexo le había dado a ese cuerpo de hembra un brillo hermoso y sensual en la penumbra de aquella habitación, y los movimientos de su pelvis y los gemidos de su boca le entregaban una belleza única, aquella que las mujeres manifiestan solamente cuando un macho de verdad las ha sabido coger como toda dama con alma de puta sueña. Y de verdad que bella se veía cuando ese orgasmo arrebatador nuevamente la invadía en esa situación tan morbosa.

En medio de ese orgasmo salvaje que le hacía sentir la sangre palpitando en sus sienes, de ese gemido de perra cogida que se ahogaba en su garganta, de esas ganas de gritarle a todo el mundo que estaba siendo cogida como ella se merecía, de los dedos enterrados en las sábanas y los ojos color miel entrecerrados, su cara cubierta por sus bellos cabellos oscuros, inundada de semen y lujuria…. en medio de todo aquello comprendió finalmente lo que sucedía… en ese momento entendió que no era casualidad que su marido, le hubiese casi obligado a que hoy se pusiera ese pantalón blanco y tan ajustado, que caminando por la calle y escuchando toda clase de obscenidades referidas a su culo, le hacía sentirse casi como una puta.

Tampoco era casualidad la cadena de sucesos novedosos vividos hoy. Recordó la llegada a su trabajo de ese hombre que la fue a visitar por temas laborales sin importancia, y que en medio del típico café de oficina le dejo la sensación de conocerla tan bien, aún más con un par de copas que no sabe como se atrevió a aceptar después de las 6. Entendió que no era casualidad que en medio de ese baile que aceptó gustosa con el alcohol en su cabeza y un calor intenso en la entrepierna, ese hasta algunas horas extraño supiera susurrarle al oído justo lo que le encantaba oír, y la guiara en ese baile seductor, con la cadencia que toda mujer agradece, desde la pista de baile hasta una suave, prohibida y pecaminosa cama de hotel. Desde el último paso de baile hasta la alfombra de aquel cuarto no era mucho lo que recordaba, solamente sabía que estaba tan excitada y fuera de control que mucho antes de bajarse del auto ya no tenía puesta la tanga, y que su boca antes de retocar sus labios sentada al borde de la cama y su amante succionándole los jugos de su sexo, ya había gozado con intensidad el sabor a verga de macho en el camino.

No le había importado ser por una noche una puta, pero una de lujo, de aquellas que tienen la voluntad de decidir cual será el macho que la podrá gozar, fantasía que solo hoy se había atrevido a cumplir. Pero en ese instante la gloria estaba siendo completa, al mismo tiempo que sentía los ríos de placer recorriendo su cuerpo con inicio en su concha y un final quien sabe donde, aquel macho comenzaba a soltarle su néctar en chorros de placer infinitos e interminables, bufando como un macho salvaje poseyendo a la más deliciosa y prohibida hembra, en una conjunción de lujuriosos ritmos en que ambos gemían como dos animales en época de celo. El objetivo aquí no era la especie, era simple placer, de ese al que tantas veces Edelmira de había negado.

La miel de sus ojos apenas podía distinguirse en medio de esos cabellos enmarañados sobre su rostro, por la locura y el desenfreno de aquella sesión de sexo, a lo que sería necesario agregar la posición de esos amantes que aun después de ese orgasmo simultaneo e intenso, se negaban a abandonar. En los ojos de su marido esa imagen será imborrable, su mujer en cuatro patas de la misma forma como él la había tenido tantas y tantas veces, pero ahora clavada por la pija de otro macho, y nada más ni nada menos que por el culo, precisamente en ese culo con el que fantaseó tantas veces viendo como su mujercita volvía locos a los hombres, pensando en si ya otros habían tenido el placer infiel de probarlo. Tampoco es probable que pueda olvidar el rugido de ese macho cachondo cuando se estaba corriendo, ni el sonido de su pelvis chocando con fuerzas con las nalgas de Edelmira que lo recibían gustosas y abiertas, tampoco el gemido inconfundible de su mujer, señal que se estaba corriendo como poseída con ese falo clavado en sus entrañas.

Edelmira en cambio, sólo después de unos segundos interminables y exquisitos disfrutando el post orgasmo, en que le habían cogido por el culo soltándole un interminable y suculento néctar que podía sentir ahora hasta lo más profundo del ano, al mismo tiempo en que se corría con el deseo incontenible e irrefrenable de la novata y la experticia y sabiduría de la más grande y lujuriosa puta, solo después de gozar todo eso atinó a levantar la cabeza de la almohada y mirar nuevamente a su caliente y fantasioso marido. Con su voz aún entrecortada y la garganta afectada por los gritos, que le fue imposible ahogar en las sábanas en sus sucesivos orgasmos, le dijo a su marido con una mirada cómplice y morbosa:

“Eres un cabrón, tú lo preparaste todo, así me querías ver, pues aquí me tienes, mírame bien, pero déjame decirte que lo gocé, y mucho, pero aún no he terminado, acércate que es mi turno de la fantasía…”

Una sonrisa se dibujó en sus labios hinchados por el roce de esos besos tan intensos, apasionados e interminables de su amante casual. En su lengua aún sentía el sabor y la sensación de aquella exquisita presión del miembro erecto y duro pujando por llenar su boca. Jamás se imaginó antes de aceptar esa mamada que iba a ser así de larga y deliciosa, y que iba a dejar que Marco la metiera toda hasta casi no poder respirar, por tener la garganta llena de verga. Pero Edelmira aún quería más, si esta noche iba a ser una puta, quería serlo completa. Separó su culo de la verga ahora ya en reposo de marco y con una mano la comenzó a masturbar rogando por una reacción rápida, haciendo un ademán a su marido para que se acercase, a lo que este obedeció sumiso. Bajó la cremallera de su pantalón y aquella mujer tan formal en apariencia que sólo gozaba con calentar a los hombres meneando sutilmente su exquisito culo, hormado por sus pantalones tan ajustados que enloquecían a su marido, estaba a punto de cumplir la fantasía de muchas, sentir lo que dos vergas pueden hacer por el placer de un cuerpo deseoso y receptivo de una hembra como ella.

Cuando su marido sintió que su mujer comenzaba a mamársela con fuerza, como con furia, no pudo dejar de pensar en que sólo algunos minutos atrás era la verga de marco la que llenaba esa boca, que era muy probable que aún quedasen restos de semen en su lengua y que la ahora muy puta de su esposa podía sentir esa mezcla de sabores que sólo las hembras muy conocedoras de los placeres del sexo eran capaces de gozar.

Marco, al ver tal espectáculo, ya había reaccionado. Empalmado como estaba, pensó que era tiempo de devolver placer con placer… Ubicó a Edelmira cruzada en la cama para que en un extremo de ésta ella pudiese seguir con su trabajo de chuparle el tronco y lamerle los testículos a su complacido marido. El en cambio, se ubicó estratégicamente en el otro extremo abriéndole de par en par las piernas. Que vista aquella, esa concha depilada y suave, con los labios aún húmedos y enrojecidos por la cogida que él le acababa de dar, pero aún así deseosa de más. Pero lo que más le calentó fue ese hilo de leche que comenzaba a brotarle del culo a Edelmira mojando copiosamente las sábanas. Con dos de sus dedos tomó desde la fuente misma ese néctar, introduciéndolos lo más que pudo en esa vertiente de placer, y con ellos untados de ese blanco y espeso jugo la tomó de los cabellos obligándola a parar un momento con su mamada, y metiéndolos de una en su boca le dijo con voz morbosa: ¡cómelo para que tu boca sienta el placer que tu culo gozó al recibir mis chorros!. Ella, al oír esa frase que sólo a una puta un hombre sería capaz de decir, lamió esos dedos devorando con fruición ese lujurioso manjar hasta no dejar resto, y solo después de estar segura que no quedaba rastro, siguió con su mamada. Su marido ahora ya no tenía su duda inicial, ahora estaba seguro que el paladar de su mujer podía dar fe de la delicia de la mixtura de sabores de macho en la boca de una hembra así de puta.

Marco pagó su deuda devolviendo la mamada que le había prodigado rato atrás Edelmira, con la mejor comida de coño que le habían dado a esa mujer en mucho tiempo. Edelmira se volvió loca sintiendo la lengua intrusa de marco separándole los labios de la chocha, entrando con fuerza a la fuente misma de sus jugos vaginales, y ni hablar de esos labios de macho jugando con una presión exquisita en su clítoris que sentía iba a reventar de placer. Luego de unos minutos eternos no aguantó más, comenzó a gemir con la verga de su marido en su boca y sintió que un volcán de placer le iba a hacer erupción en su sexo, lo que efectivamente ocurrió, y su boca sin control fue tal la presión que ejerció en la verga de su marido que éste no pudo aguantar mas y comenzó a derramarse a borbotones en su boca. Pero Edelmira estaba fuera de control gozando ese orgasmo, sin querer separó aquella pija de sus labios y ésta estando libre comenzó a rociarle con leche el cabellos, la cara, las tetas, en lo que para ella fue una verdadera tortura de placer, porque marco en vez de detener su ritmo comenzó a comerle la chocha como si en eso se le fuera la vida, presionando su clítoris con su lengua furiosa y metiendo y sacando tres de sus dedos de su sexo en forma frenética, rozando con pericia lo que algunos llamarían su punto G.

Si el lector me permite, pasaré a continuar el relato en primera persona, en honor a aquella pareja morbosa y esa noche feliz.

Después de mi tercera corrida en esa hembra deliciosa e irresistible, supe que era el momento de partir. Si bien la ocasión ameritaba más lujuria, hay momentos en que el deseo tiene que dejar paso a la cordura y el reposo. Edelmira y su esposo yacían allí en ese lecho de hotel como dos amantes esposos después de su primera noche de luna de miel, abrazados y exhaustos. Esa diosa de culo perfecto y ojos hermosos, había tenido aquello que tanto había resistido, solo ayudada por un par de copas y la complicidad de su marido. Este en cambio, había por fin visto lo que sólo en sus fantasías más afiebradas había soñado, a su mujer convertida en la más ardiente y desenfrenada puta.

En mi caso, no olvidaré lo que un buen culo enfundado en un ajustado pantalón blanco puede provocar en un hombre como yo, aunque para serles franco, lo que espero que la vida me permita repetir, es la exquisita e irrefrenable sensación de sentir la presión del culo dilatado de una hembra como aquella, cerrándose firme de vez en cuando y a voluntad, recordándome que en el sexo, aun una hembra entregada así a mis deseos, sigue siendo una reina del placer y debe ser tratada como tal.

Mañana llamaré a mi amigo, no antes del medio día puesto que esos dos tendrán mucho placer que darse recordando lo vivido, y le agradeceré por compartir conmigo a esa diosa de mujer que tiene. Y si Edelmira aún quiere hablar conmigo, esa será la indicación de que esta historia aún no ha llegado a su fin.

Parqueadero (II)

Escrito en Gays por Relatos Eroticos el Jueves 16 Marzo 2006 a las 5:00 pm

Guillermo se quedó quieto entonces. Pensé que se iba a dar vuelta y a pegarme en la cara con todas sus fuerzas. Pero estuvo quieto, tal vez por diez segundos, para mí fueron como diez años llenos de suspenso por saber que iba a hacer. Vi entonces que agachó un poco su cabeza y respiró profundamente como quien piensa detenidamente en algo. Se dio entonces la vuelta, inclinó su cabeza para poder verme dentro del carro y dijo:

- Cuanto pagas

Mi corazón empezó a latir más fuerte. Tomé mi billetera tan rápido como pude, saqué un billete de la más alta denominación y lo puse sobre la silla que él acababa de dejar. Guillermo miró el billete sin tomarlo y se dio la vuelta para empezar a alejarse. Acto seguido, como en un reflejo nervioso regresó a la ventanilla del carro y me dijo:

- Pon dos billetes más de esos

Abrí nuevamente mi billetera y puse otros dos billetes (que suerte que llevaba suficiente efectivo). Guillermo los miró pensativo y me dijo:

- Y donde sería la cosa, aquí?.

- Si, subirte, yo se que aquí no pasa nada.

Guillermo tomó el dinero y lo guardó en su maletín, miró a su alrededor como confirmando que no hubiese nadie cerca y se subió mientras me decía:

- Mira, si vos le llegáis a contar a alguien sobre esto, te metéis en problemas serios conmigo.

- Fresco, ya te dije que soy muy serio.

- Eso espero… y una cosa mas… cuidado con intentar hacer algo mas porque primero te agarro a golpes y además llamo a un vigilante.

- Fresco yo solo te la voy a mamar.

- Pues vas a intentar porque a mi con manes no se me para entendéis.

- Fresco, eso déjamelo a mi

Mi corazón estaba a mil, no veía la hora de entrar en acción. Guillermo volvió a mirar a su alrededor vigilando que nadie estuviera cerca. Se incorporó un poco en el asiento y se bajó los pantalones de su sudadera hasta los pies. No se quitó los boxers.

- Quítate los boxers pues

Guillermo me miró una vez mas con una cara que mezclaba muchas emociones: Indecisión, temor, ira…Finalmente, tomo sus boxers y levantándose un poco de la silla los deslizó por sus musculosas piernas, pasando por su rodillas y siguiendo por sus pantorrillas. Se recostó nuevamente en el espaldar del asiento y levantó su camiseta.

El espectáculo no podría ser mejor. Su cuadriculado abdomen, atravesado por la hilera de pelos, se mantenía plano y firme hasta sus abdominales mas bajas. La hilera de pelos parecía un pequeño rió que desembocaba en un mar de pelos cortos y no muy oscuros que rodeaban lo mejor de Guillermo: un pene largo y ancho. Estaba totalmente relajado, sin embargo, su tamaño era bastante apreciable. Su forma, esa deliciosa forma, hacía que mi boca se hiciera agua. Sus huevos eran dos adornos que colgaban desprevenidamente de su pene, con una soltura y una suavidad que provocaba comer todo al mismo tiempo. Sin haberme acercado aun, sentía ya el olor a sudor, el olor a macho, a hombre. Como me gustaba sentir así a un hombre de verdad, a un hombre que se encontraría por primera vez con el sexo prohibido: el sexo con alguien de su mismo género. Que aroma tan delicioso, que excitación tan intensa.

No esperé mucho tiempo, sabía que tenía que actuar rápido. Llevé mi cara hacia el conjunto de su pene y empecé a lamerlo. Primero solo lamía y lamía su pene desde la base hasta la punta. Guillermo no reaccionaba, solamente trató de reacomodarse cuando sintió mi lengua en su pene, pero volvió a quedarse quieto. Llevé mis manos para ayudar en mi labor. Tomé con una mano sus largos huevos y con la otra empecé a acariciar alrededor de su pene, abajo del ombligo, mientras mi lengua seguía lamiendo.

- No sentís nada? - susurré

- Te dije que no se iba a parar.

Decidí entonces empezar a trabajar en serio. Tomé su suave pene con una mano y lo dirigí a mi boca. La abrí tanto como pude para tragármelo completo y eso hice. Por fin tenía ese pedazo de carne hundido en mi boca. No tenía sabor alguno, sin embargo, era delicioso. A mi nariz llegaba el intenso olor a macho y una de mis manos seguía trabajando en sus huevos mientras la otra se posó en su pierna izquierda. Empecé a chupar sin mover su pene de mi boca. Empecé a succionar fuertemente. No pasaría mucho tiempo antes de que Guillermo respirara de una forma un poco mas agitada y yo empezara a sentir que su pene crecía dentro de mi boca.

Poco a poco las cosas fueron sucediendo. Hubo un momento en que sentí que su pene ya no cabía en mi boca y lo saqué para apreciarlo en todo se esplendor. Efectivamente, Guillermo tenía un pene bastante grande. Ahora estaba duro, firme, el pene de todo un hombre excitado con mi boca. Sus huevos se habían contraído un poco y el conjunto no podría ser más erótico. Miré hacia arriba y vi que Guillermo había cerrado sus ojos, tal vez estaba imaginando que la mamada se la daba su novia o se la daba una top model, no lo se, ni me importaba. La realidad es que se la estaba dando yo, un hombre que gozaba al hacer sentir placer a otros hombres con su boca.

Rápidamente volví a mi labor. Ya quería llegar mas lejos, quería empezar a sentir el sabor de su presemen, quería excitar a Guillermo, quería que le gustara de tal forma que lo volviéramos a hacer una y mil veces mas. Abrí mi boca tanto como pude y volví a tragar su miembro succionando con todas mis fuerzas. Los sonidos del aire entrando por las pequeñas ranuras entre mis labios y su pene me excitaban aun mas, eran los sonidos del sexo oral. Guillermo respiraba más agitadamente. Empecé una rutina de meter y sacar su pene de mi boca y después jugar con mi lengua en su glande mientras lo masturbaba con mi mano derecha. Mi mano izquierda se ocupaba de sus huevos. Llegó entonces a mi boca un sabor salado. Era el presemen de Guillermo, por fin mi hombre deseado estaba excitándose de verdad. Estaba disfrutando en mi boca.

Dediqué un momento de esa mamada al resto de la zona. Saqué su pene y, sin dejar de apretarlo con mi mano, empecé a lamer todos los pelos que lo rodeaban. Después me concentré en meter cada uno de sus huevos en mi boca y tenerlos allí por un momento mientras mi lengua jugueteaba con ellos. Posteriormente avancé lo más que pude por debajo de su escroto, tratando de llegar a su culo pero era imposible. Por más que trataba de darle señales para que levantara un poco su cuerpo y lamerle el culo, Guillermo se rehusaba.

Decidí que era el momento de concentrarme nuevamente en su pene. Por fin llegó la hora de mostrarle que era sentir un orgasmo en la boca de un hombre. Abrí mi mano soltando su pene y mirándolo por última vez antes de llevármelo a la boca. A continuación saqué mi lengua, jugué un poco con ella en su cabeza y después empecé a metérmelo a la boca, poco a poco, quería tenerlo todo adentro, sabía que no sería posible pero quería intentar. De vez en cuando retrocedía un poco y volvía a tragarlo. La respiración de Guillermo estaba más agitada, sus manos se empuñaban, yo las podía ver. Todo eso me indicaba que el momento estaba por llegar. Renuncié a mi idea de tragármelo todo pues era imposible dado su tamaño y empecé a meter y sacar tanto como me fuera posible para mantener un buen ritmo. Mi excitación no podría ser mayor, yo también estaba a punto de un orgasmo sin siquiera tocarme. Incrementé el ritmo de mi mamada mientras Guillermo respiraba aun más fuerte y su piel empezaba a humedecerse por el sudor.

Su pene estaba ya mas grande que nunca. De pronto, súbitamente, Guillermo tomó mi cabeza con sus dos manos y la oprimió haciendo que yo tragara un gran trozo de su pene. Fue entonces cuando su respiración se hizo menos acelerada pero mas profunda y empecé a sentir como su delicioso y calientito semen inundaba mi boca. Uno, dos, tres, cuatro disparos llenos de semen alcancé a sentir mientras mi joven atleta se retorcía de placer en la silla y gemía por lo intenso de esa experiencia. Siguieron unos disparos más leves de su delicioso néctar, ya no pude retenerlo más en mi boca y empecé a tragar. Todo lo que recibía me lo tragaba mientras seguía succionando su pene para exprimirlo completamente. Finalmente, el cuerpo de Guillermo se relajó, sus músculos se suavizaron y retiró sus manos de mi cabeza. Pude ver que su orgasmo había terminado. Su pene empezó a decrecer y a palpitar con el pulso de su corazón. Lo saqué de mi boca y empecé a lamerlo para limpiarlo bien, no quería dejar ni una gota de semen.

- Ya levántate - me dijo Guillermo con una voz poco enérgica, de cansancio.

- Espérate, lo dejo limpio, quiero tu semen.

- No, párate. Ya me quiero ir

- Bueno, bueno, pero no te vayas que yo te llevo a tu casa.

- No, no, déjame ir ya.

Me incorporé y me recosté en mi asiento mientras Guillermo rápidamente subió sus boxers acomodando con su mano su pene que aun estaba un poco duro. Subió sus pantalones. Tomó su maletín y revisó que tuviera el dinero.

- Que estás haciendo? Espérate yo te llevo.

- No, no, chao, me quiero ir ya - dijo Guillermo.

Se bajó del carro y empezó a caminar rápido. Tal vez estaría confundido un poco asustado. Es lo que se siente una vez se llega al orgasmo. Pero lo había disfrutado, de eso estaba seguro. Guillermo no solamente se había llevado un buen dinero sino una buena dosis de relajación y placer sexual.

Ahora me tocaba a mí. No tuve más que cerrar mis ojos, recordar cada momento y hacerme una paja. Recordar que en un instante del orgasmo de mi hombre, abrí los ojos y miré hacia arriba para poder ver sus gestos. En un momento en él que inclinó su cabeza, pude comprobar que apretaba sus dientes y fruncía su linda cara, tal como lo hacía al levantar pesas, tal como lo imaginaba yo. Tuve una paja como nunca antes la había tenido, liberando toda la tensión de aquella noche. Me vine en medio de un orgasmo sin precedentes. Definitivamente disfruté cada momento de ese encuentro con Guillermo. Limpié mi semen en mi pantaloneta y empecé a conducir a casa.

Adorable Ceci

Escrito en Confesiones por Relatos Eroticos el Jueves 16 Marzo 2006 a las 4:58 pm

Soy un tipo serio, poco Don Juan. En una ocasión conocí una chica que trabajaba como empleada en la casa de mis padres y de pronto se me hizo atractiva. Quise trabar algo con ella, pero me ganó y me llevó la delantera en todo, hasta el momento de penetrarla. No soy de muchas experiencias en sexo, ni presumo de algo en particular. A pesar de que no estoy mal físicamente, jamás he tenido aventuras ni conquistas espectaculares como muchos de mis amigos y otros de quienes leo con avidez sus experiencias que, lo reconozco, me dan envidia. Pero bueno, tengo que compartir una anécdota que, si bien para algunos puede ser poca cosa, para mí es lo más inverosímil y agradable en la materia que me ha ocurrido.

Hay una chica que trabaja con mis padres como asistente de la casa que se llama Cecilia. Cuando la conocí la vi como una mujer más, joven (22 años) y medianamente atractiva. Lo que más me llamaba la atención de ella era su agradable sonrisa y su magnífico trato. Tanto a mí como a mis hermanos (los cuatro ya somos casados y vivimos en nuestras respectivas casas) nos saludaba con seriedad y respeto.

Una mañana que mis padres estaban de viaje pasé por casa de ellos para cumplir ciertos pendientes que me dejaron. Cecilia me recibió y, luego del coloquial saludo, me entregó los documentos y papeles necesarios para las diligencias. Fui amable e hice lo necesario para transmitirle confianza, de tal forma que eventualmente se apoyara en mí ante la ausencia de mis papás. Al despedirme quince minutos después la noté muy tranquila, contenta, en confianza y percibí cierta picardía en su mirada. Hasta luego.

En algún momento de ese día vino a mi mente la mirada de “Ceci” y su sonrisa discreta pero expresiva. Eso me llevó a representármela mentalmente y deducir que físicamente “no está mal”: cara de facciones delicadas y agradables, y un cuerpo estándar muy aceptable. Nunca la había visto bien vestida, ni bien peinada ni arreglada con maquillaje ni nada de eso. Por el contrario, siempre con ropa de trabajo y la cara muy al natural. Eso sí, pensé, sería fabuloso ver lo que esconde tras esas blusas holgadas y esos pantalones y faldas serias y formales.

Al día siguiente regresé temprano a la casa de mis padres para entregar los recibos de las diligencias realizadas. Por supuesto, sabía que mis papás regresarían una semana después y que sería Ceci quien me recibiría. Iba dispuesto a verla con otros ojos, a fijarme qué tan bien estaba la chica e imaginarme lo mejor que podría quedar.

Cumplimos con los saludos de rigor y entregué la tarea. Con toda la discreción que me fue posible llevé al cabo mi trabajo de “inspección”. Nada mal, pensé. Pero lo curioso es que yo también me sentí “inspeccionado”. Ante mi notable carencia de imaginación, pretextos y espíritu donjuanesco, procedí a despedirme no sin antes correr la cortesía de preguntarle si todo estaba bien y si se le ofrecía algo. La respuesta fue un “sí” y me pidió una cosa para la casa; me dijo que “como no urge, me la puede traer hasta mañana temprano”.

La despedida fue igual de formal y breve, pero especial en mi interior, como sintiendo cierta picazón y calentura por una chica que no estaba nada mal. Estaba dispuesto a dar un paso más. No sabía hacia dónde ni hacia qué, pero lo que sentía era tan raro como placentero. Casi de inmediato compré lo que necesitaba y a lo largo del día pensé en mi contacto del día siguiente con Ceci.

La mañana siguiente llegué dispuesto a aparentar indiferencia y ver si así lograba algo más. No pude. Tan pronto abrió la puerta se acabaron mis intenciones. Cecilia tenía unos pantaloncillos y una blusa ceñida, y llevaba el cabello suelto, cepillado y la cara con un toque de maquillaje. Su sonrisa era un poco más radiante y sus ojos, vivarachos. Así, ya no la veía “nada mal”, sino “bastante bien”. Me puse nervioso desde el primer momento, como auténtico adolescente en sus primeras andanzas. Le entregué el encargo y no pude decir algo más. Por supuesto, ella se dio cuenta y pasó a dominar la situación.

- Gracias, Guillermo, qué amable… ¿Lo encontró fácil?, ¿le doy el dinero? - me dijo.

- No, no hay problema, hombre, es cualquier cosa - le contesté con bastante torpeza - Si quieres algo más pídemelo, con eso de que no están mis papás, pues cuenta conmigo. Lo que se te ofrezca, de verdad.

- Vale, gracias. No recuerdo algo en especial, pero tengo su teléfono y lo tendré muy pendiente - me contestó, con una sonrisa ladeada, ensayada, que se me hizo el mar de sexy y sólo consiguió ponerme más inquieto - Bueno, sí hay algo pero sé que no va a poder.

Se reía, me retaba. Sabía que me tenía en sus manos.

- ¿Qué es?, ¿por qué no me lo dices?, ¿por qué no voy a poder? - respondí con torpeza, extrañado y engallado.

- Es que… no es algo de aquí. Este fin de semana voy a una fiesta pero no tengo con quien ir. Y se lo digo de broma, porque sé que no podrá acompañarme.

Por supuesto que no sabía que contestar. Un remolino se desató en mi mente y me dejó justamente como me sentía: un estúpido. Era una insinuación, una invitación y sobre todo una provocación; pero también un juego que me dejaba mudo. Cecilia no se contuvo y se soltó a reír.

- No se preocupe, gracias por todo. ¿Puedo pedirle otro favor?

- Claro - le contesté, recuperando el color y el habla.

- Es algo chiquito. Cierre los ojos… Ciérrelos - me pidió al ver que me quedaba notoriamente abobado.

Obedecí, derrotado y desconcertado. A los dos segundos recibí un beso en la mejilla que me dejó perplejo.

- ¿Y eso? - comenté, cuando alcancé a reaccionar.

- Es que es usted muy atento. Y está muy atractivo. ¿Por qué?, ¿Le molestó?.

- No, no, no, para nada - le respondí y solté una risita torpe.

- A ver - continuó ella -, ciérrelos otra vez.

Obedecí de inmediato, pues ahora sí adivinaba que vendría otro premio a mis “atenciones”.

Y sí, recibí un nuevo beso, pero esta vez en los labios. Al sentir la invitación de su lengua para penetrar en mi boca, accedí de inmediato y disfruté el momento. Increíble. Y pasó el tiempo normal de un beso. Y se alargó más y más. Y rodeó con sus brazos mi cintura. Y me apretó contra su cuerpo. Y, claro, caí entero y me esclavicé de sus deseos, que también eran los míos.

Lo que ocurrió después fue inolvidable, la razón por la cual estoy escribiendo esta historia. Los que no hayan abandonado la lectura en el largo preámbulo, dispóngase a enterarse lo que Cecilia hizo conmigo.

De pronto me separó y me llevó cogido de la mano hasta la cocina. Allí ya sin mediar palabras me abrazó fuerte y me besó con pasión, como si fuera la última vez que besaba. Yo era una marioneta y me movía y hacía lo que quería ella. Pronto me desabotonó la camisa y me acarició el pecho y la espalda. Luego me la quitó y la arrojó al piso. Entendí que yo debería hacer lo mismo con su blusa. Se la quité y acariciaba su espalda tanto como podía, hasta que me animé y toqué sus pechos primero sobre el corpiño y luego metiendo la mano.

Comprendí que debería quitar el sujetador y lo hice para acariciar esos senos que por lo que sentía no eran tan pequeños como pensaba. Ella gemía con discreción y me besaba y chupaba la boca con frenesí. Por fin logré bajar la cabeza y llevarme una gran sorpresa: era dueña de unas tetas preciosas, medianas, redonditas, firmes y con pequeños pezones color café con leche. “¿Y esto?”, pensé, “vaya con Ceci y estas tetas tan lindas que se carga”. De inmediato las besé primero con mucho cuidado y luego… como para acabármelas. Estaban riquísimas y al parecer a ella le gustó mi sesión mamatoria, pues me acariciaba el cabello y murmuraba frases que no entendía pero que parecían de aprobación.

De regreso a las bocas y de inmediato ella hizo por mi cinturón y los botones de mi pantalón; lo bajó tanto como pudo mientras yo, con habilidad felina, me quitaba los zapatos y pisaba las puntas de mi pantalón subiendo alternadamente las piernas hasta zafármelo por completo. Mientras ella acariciaba por encima del bóxer yo procedía a deslizar hacia abajo los pantaloncillos cortos que ella llevaba puestos, pues eran de elástico en la cintura. Pronto la dejé en las mismas circunstancias y noté que tenía un bikini blanco impecable de licra, sin adornos ni lacitos ni encajes ni nada.

Cristi tenía un abdomen bastante plano, bonita cintura y un paquete de nalgas que se adivinaba espléndido. Así, tras los 40 ó 50 segundos de rigor y de tratar de aparentar que las cosas nos las llevábamos con calma, ella tiró hacia debajo de mis calzoncillos y me acarició primero el trasero y luego la polla.

No quiero hablar de mí, porque sería subjetivo. Lo único que revelaré es que tengo una pija mediana que no ganaría un concurso de nada (ni la más grande ni la más gruesa ni la más bonita), y que a esas alturas estaba bien tiesa y a toda vela. Ella la acarició y me dio la impresión que si bien no era la primera que tocaba, tampoco sería más allá de la tercera o cuarta. Lo hacía con cierta torpeza, con cierto disimulo, pero era la gloria.

Hice lo mismo con sus panties, las bajé rápido y confirmé que esta chica poseía un par de nalgas preciosas, no muy grandes pero sí paraditas. Al frente, ¡qué cosa¡ un monte de Venus muy negro y regularmente tupido. El triángulo que dibujaban sus pelos era fabuloso. Me apoderé de la rajita por lo menos los cinco minutos siguientes. De la misma forma como yo expulsaba flujo, ella tenía mojada la caverna, la cual con un ligero movimiento de piernas dejó de fácil acceso a mi mano derecha.

No tengo la menor duda de que disfrutó tanto como yo. Las caricias y los frotones fueron recíprocos y los gemidos de uno y otro se confundían. A punto estaba de correrme cuando le pedí que parara y nos dirigiéramos a la habitación de visitas. Fueron las primeras palabras que pronunció cualquiera de los dos en 15 ó 20 minutos previos.

Ya en la pieza, nos tendimos en la cama y continuamos el jugueteo. Entonces me puse sobre ella, le separé las piernas y apunté. Tenía los ojos cerrados, la boca ligeramente abierta y una expresión de ternura como nunca había visto en ella. La penetré suave, disfrutando el roce de mi virilidad con su feminidad. Estaba tan caliente que la polla me latía y su raja se ajustaba como guante estrecho.

Ceci estaba más buena que el vino. Se entregó por completo, actuando con delicadeza y cierta timidez. No cambiamos de posición en todo el acto. Me parece que ella llegó al orgasmo por una serie de movimientos y gemidos que hizo, al apretarme las manos sobre mi espalda y al ver cómo apretaba los labios y fruncía el ceño. Menos de un minuto después me vine yo, creo que como medio litro, sobre su vientre.

En seguida me derrumbé encima suyo y después me hice a un lado. Pasaron uno o dos minutos hasta que ella me dijo que lo había disfrutado. Había serenidad en su rostro, ya no la chispa y la coquetería con la que había actuado antes. Le dije cosas tiernas, que estaba muy bella y que tenía un cuerpazo de miedo. Entonces nos fuimos al servicio y nos lavamos. En el espejo me vi abrazando a Cecilia por la espalda y ella se reía. “Mira nada más qué cuerpazo, quién se imaginaría que debajo de esa ropa de trabajo escondes formas tan proporcionadas y lindas”, le dije.

Nos vestimos y fuimos hacia la puerta de entrada. Me despedí con un beso cariñoso como si se tratara de mi novia o esposa. Les aseguro que así me nació, no fue planeado ni fingido. Entonces me dijo que le gustaría verme otra vez, si yo lo deseaba.

Me retiré de la casa totalmente satisfecho. Lo que me acababa de ocurrir era como un sueño, una fantasía y para mí muy en particular un imposible, pues nunca lo había buscado.

¿Qué sucedió después con Ceci? Creo que eso ya a nadie le interesa.

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